Se grabó en
1997 en la Cava del Agujetas de Madrid. La guitarra es de
Curro de Jerez. 13 cantes. 3 noches de grabación
en un entorno flamenco, en una reunión flamenca.
Soleá, Bulerías por Soleá, Seguiriyas
y Fandangos, que son los palos en los que este cantaor ha
desarrollado su carrera. La grabación tiene que ser
así con un personaje como éste, prescindiendo
de estudio, para conseguir lo mejor del Agujetas cantaor.
Y es evidente que han acertado.
La voz de Agujetas es sin duda única.
Independientemente de lo que pueda abusar de la nasalización,
que a veces lo hace de forma desmesurada, Manuel de los
Santos tiene un registro singular e incomparable y una particularidad,
y es que cuando se rompe incluso perdiendo la compostura,
no suena desagradable ni estridente. Esto mismo le pasaba
a Fernanda de Utrera, por ejemplo. Suena rancio, como el
Agujetas de siempre. Quizá un poco más mermado
de facultades, pero también eso lo hace ser más
reposado. Es increíble cómo se va pareciendo
la voz de Agujetas a la del Tío Chozas de Jerez,
sobre todo en la soleares del corte 10.
La primera soleá es prácticamente
perfecta, al igual que las primeras seguiriyas, aunque estas
son una tanda de letras cantadas con el mismo estilo. El
segundo corte, pese a decir en los créditos que es
una Bulería por soleá, el toque si es de soleá
por medio, pero las tres primeras letras son un híbrido
entre la soleá y la alegría. Un planteamiento
musical interesante, que remata con una soleá trabajosa.
Curro de Jerez es un guitarrista clásico,
como no puede ser de otra forma. Una forma clásica
de tocar siempre sujeta y expectante al grito de Agujetas,
que es un grito de tierra, “des-alado”, que
surge de la raíz, que te zarandea, que te imbuye.
Una llamada como la del corte 6, por seguiriyas, donde este
cantaor entrega su alma a girones.
Este disco es lo más parecido a un recital de Agujetas,
en los que canta 3 o 4 veces por el mismo palo, y en cada
cante va mejorando considerablemente. La diferencia es que
en este disco canta bien desde el principio hasta el final.
Lo mejor de tres noches seguidas.
Podríamos preguntarnos cómo
se puede hacer un disco incluyendo 5 seguiriyas 3 soleares,
2 bulerías por soleá y 3 fandangos, sin aportar
nada nuevo, y con un limitado número de estilos en
cada palo, y que encima no canse. La respuesta es sencilla,
cantando flamenco, cantando bien y con una voz rica en matices.
Atrapándote en el lamento visceral y primario, desprovisto
de ornamenta. No perdamos de vista que en esos cantes, Agujetas
es un maestro y sus formas cantaoras, sobre todo, las del
último corte por seguiriyas, siempre tendrán
vigencia, porque representan el flamenco sin ningún
tipo de aditivo, es lo más cercano a la expresión
de dolor que tanto se ha mitificado al hablar de este arte.
Así que, esto es lo que hay...
Un disco grabado en directo, en un cuarto, un formato tradicional
para un flamenco tradicional. Si a esto le sumamos una buena
y cuidada presentación, lo que obtenemos es un disco
para el disfrute...