Cuando hace un año escribí
la introducción de la primera edición de Plaza
Abierta, me invadía la incertidumbre y el desconocimiento
de lo que acabaría siendo este proyecto. Ahora, un
año después, vuelvo a escribir la introducción
de Plaza Abierta con el conocimiento, la certeza y el honor
de estar ante un gran proyecto, y que me atrevo a definir
como la guía de medios más completa que se
ha hecho en la historia del flamenco.
Fue el azar el que hizo que Alberto Berti,
editor de esta obra, y yo nos encontráramos en un
cruce de caminos, y el mismo azar hizo que de una u otra
forma se iniciara un camino de colaboración, interesante
cuando menos, con mucha más ilusión que medios.
Un camino que siempre desemboca en una preciosa plaza con
mirador, que te invita a sentarte en uno de sus bancos,
a la sombra de un frondoso árbol, contemplando un
horizonte limpio y profundo. Una plaza que agradecida, acaricia
a sus visitantes con una brisa refrescante y leve, brisa
impregnada de olor a pino y a romero, brisa y olor de infancia.
Plaza para todos, abierta, pues, donde es fácil instalarse.
Pero esta plaza tiene un reloj que
periódica e inexorablemente nos recuerda nuestro
compromiso con la vida, nuestra responsabilidad con el espacio,
nuestra necesidad vital y nuestras pasiones. Esta plaza
reclama más bancos de madera, más árboles,
más espacio… reclama, en definitiva, crecer
con su entorno y para su entorno. Ese es el verdadero reto
que Alberto y Roberta han sabido vislumbrar, y han materializado
impulsando esta nueva entrega de Plaza Abierta.
Un proyecto viejo porque ya cuenta con la experiencia y
con la sabiduría que otorga un trabajo bien hecho,
que inicia su andadura para crear más movimiento,
que nace subyugado al flamenco y posteriormente le otorga
vida, sin emanciparse, pero adquiriendo la independencia
del que se sabe vivo y se sabe útil. Un proyecto
infante y febril que sabe madurar creando conciencia colectiva
desde la diversidad. Un rinconcito al que todos los aficionados
recurriremos cuando necesitemos perder la mirada en la profundidad
de un horizonte limpio, y sentir aquella caricia de infancia
con olor a romero.
El actual universo comercial del flamenco
empieza a incorporar a sus modos el concepto más
amplio de la palabra marketing. Todos somos testigos del
uso de las distintas técnicas a muy distinto nivel.
Los protagonistas del flamenco se empiezan a preocupar por
cuestiones de esta índole, aunque no se utilice aún
la terminología técnica porque se hace de
manera inconsciente. Y el reloj de esta Plaza Abierta, que
nunca se ha parado, avanza de la mano de este proceso evolutivo.
Así nos encontramos esta Plaza como
la plataforma ideal de exposición. En ella se congregan
el artista, el promotor, el manager, el espacio escénico,
el vendedor, el anunciador, el grabador, el escritor, el
investigador y el aficionado. “Ahí es ná…”,
porque cada sección de esta guía no es un
apartado más de un libro, sino una dimensión
específica y diferenciada del flamenco. Como el pequeño
planeta de un sistema que tiene vida propia, que gira en
su órbita y sobre su propio eje, y que mantiene su
propio hábitat biológico.
Ya con la anterior edición, esta
Plaza se convirtió en un cruce de infinitos caminos,
en una invitación al diálogo, en un zarandeo
al inmovilismo, en un empujón al movimiento…
Esta Plaza fue un punto de partida inevitable para quien
quiso dar sus primeros pasos, anhelada y visitada por todos
los que han querido iniciar su camino y un bastón
cómplice para quienes ya lo habían emprendido
y creían conocerlo.
Ahora, con esta nueva edición, el
camino se ha circunscrito a la misma Plaza. Lo que fue un
apunte a la universalidad, se ha convertido en universo.
Esta plaza donde todos caben, donde se resume el universo
flamenco, es un caldo de cultivo formidable para la comunicación,
para el desarrollo y para el crecimiento.
Usted, cómplice lector, entenderá
la importancia de este libro si está viendo el lugar
que le describo, una Plaza Abierta con un precioso mirador
al infinito y está, como yo, oliendo el aroma del
romero.