Aquellos
que conocieron a Locomotoro y a los Chirpitifláuticos
me entenderán si digo que conozco ese tipo de reuniones
alrededor de un magnetofón, más tarde fue
el radiocassette, en las que el descubrimiento mezclado
con la curiosidad, y el entretenimiento bañado con
la improvisación, se revestían de una azarosa
solemnidad para grabar aquello que cada uno solía
hacer en las reuniones familiares.
Pese a todo y pasado el
tiempo, sabemos que las mejores grabaciones fueron aquellas
en las que el protagonista no intuyó que le estaban
grabando y para eso, hizo falta que la tecnología
consiguiera reducir considerablemente el tamaño de
los aparatos y aumentar la sensibilidad de los micrófonos.
Pepe Marchena, uno de los
más importantes artistas de la España de 1957
consiguió el aparato por aquella época en
Francia y propició que estos momentos de enfrentamiento
con la modernidad tuvieran lugar rodeados de buenos amigos.
Y si lo lógico era buscar la intimidad familiar,
José Tejada lo entiende con más o menos acierto,
con la trascendencia de quien conoce lo atemporal del arte.
Lo difícil es que
este tipo de testimonio llegue en un estado más o
menos aceptable a nuestras manos. Es el milagro de la tecnología…
con lo que se consigue recopilar una cantidad considerable
de testimonios sonoros, familiares unos, entrevistas otros,
actuaciones, conferencias, hasta su primera grabación
que data de 1924.
Un paseo sonoro por la biografía
artística y personal de pepe Marchena, que para terminar
de entretener los sentidos, se hace acompañar de
un completo libreto explicativo de los documentos sonoros,
repleto de interesantes fotos del Maestro de Marchena, importantes
noticias de su carrera, actas, carteles, etc…
Encomiable trabajo
recopilatorio de Manuel Cerrejón y Juan Luis Franco,
y que Pasarela pone al alcance de los aficionados. ¡Como
tiene que ser!