El artista del que
nos ocupamos hoy, a pesar de haberse dedicado al cante durante
toda su vida, no había tenido la suerte de ser considerado
en los medios de comunicación.
En Parrondo encontramos
un cantaor íntegro y bastante completo, baqueteado
en mil concursos y considerable número de proyectos
de interesante formato.
Con voz poderosa y
varonil, acomete palos tan diversos e inusuales hoy día.
Esto, que evidencia una extraordinaria afición, también
entraña una importante dificultad; sobre todo, porque
es difícil encontrar un cantaor que de forma resolutiva
y personal se enfrente con la misma técnica y estética
musical a una soleá por bulerías que a una
milonga, a unas alegrias que a una nana, a un romance que
a un cante abandolao. Quizás esto sea lo más
destacable e interesante de este cantaor.
Cuenta con la colaboración
del escritor José Luis Rodríguez Ojeda, autor
de todas las letras, que posee un amplio bagaje literario;
y en el soporte musical, con el bajo de Pablo Fernández
Prada y la inconfundible guitarra de Manolo Franco, uno
de los grandes en estas lides del acompañamiento
al cante, y que se dobla a sí mismo en algunos de
los corte.
La voz de José
Parrondo es potente, con un amplio registro y ajustada ejecución
muy al estilo de los años 80. Las composiciones musicales
que no obedecen a patrones ya establecidos en los distintos
palos de compás que interpreta; es decir, las partes
cuya música es creada por Parrondo son sencillas,
quizás en exceso, basando el desarrollo armónico
en mantener notas hasta llegar al remate que debe ajustarse
al compás.
Aunque hubiera sido
interesante que incluyeran todas las letras en los créditos,
la perfecta dicción de Parrondo hace que no sea algo
imprescindible. Aún así, el maquetadortiene
una asignatura pendiente con el sello discográfico
al convertir los cantes “abandolaos” en cantes
“abandonaos”, cambiarle el apellido a Manolo
Franco por el de “Frano”, o por reservar para
los créditos un espacio insuficiente con el tipo
de letra elegido, consiguiendo de esta forma que las letras
se atropellen entre ellas.
Pero quedémonos
con lo que realmente es “Lucero de Andalucía”;
un proyecto muy digno, de los que sólo permiten el
disfrute, con excelentes artistas, bonitas letras, y un
variado puñado de estilos en una sola voz, de los
que ya no hay quien cante. Una demostración definitiva
de que “donde menos te esperas, salta la liebre”.