Hace unos días, Antonio Soto presentó
en Málaga su disco compacto Pa’ Er Teto. Antonio
es miembro de una de las familias flamencas de mayor abolengo
en Málaga. A ella perteneció la legendaria
Pirula, La Cañeta, Manuel: padre de Antonio, bailaor,
y Gema Garcés, esposa de Antonio y bailaora. El curioso
título del disco mienta a su hijo, El Teto, un simpatiquísimo
chaval, despierto y vivaracho, que asegura de motu proprio
y con entusiasmo, ser el destinatario de la Bulería
que lleva su sobrenombre y titula el disco.
Desde hace años, Antonio Soto forma parte del grupo
Jábega, donde se integran su esposa y Raquel Castro
al baile, cantan Nuria Martín y El Roto, a la percusión
está Juan Heredia, Alejandro Mateo toca la flauta
y José Ruiz la guitarra. Además, Antonio es
acompañante habitual de Fosforito y toca frecuentemente
a cantaores como El Agujetas, Chano Lobato, Rancapino, Cancanilla,
La Cañeta y Remedios Amaya, entre otros. En su poder
se encuentra el premio Juan Carmona: Habichuela, del Concurso
Nacional de Flamenco de Córdoba de 2001, y el Bordón
Minero del Concurso Nacional de Cantes de la Minas, de 2002.
No es fácil conquistar dos premios nacionales, ni
abundan los guitarristas que los poseen. A propósito
del Bordón Minero, Antonio realizó numerosas
actuaciones con el espectáculo Vienen del Sur, donde
se iría fraguando el disco.
La experiencia de Antonio Soto como acompañante al
cante y al baile, es larga y ancha. Según bien observa
Norberto Torres en la presentación del disco, la
personalidad tocaora de Antonio evoca de inmediato las de
míticos guitarristas que se iniciaron como acompañantes
o tocaores de cuadros, con dilatada anterioridad a ejercer
el toque solístico. La construcción de sus
temas, su sentido del ritmo, sus armonizaciones y su sonido,
por ejemplo, así lo delatan, sobre todo en el soniquete
de sus toques con medida o acompasados. Incluso en sus toques
libres o sin medida, es fácil apreciar igualmente
dicha virtud: el gustito.
Sin renunciar a su virtuosismo, Antonio
Soto no nos agobia con espectacularidades vanas, ni con
apabullantes saltos en el vacío. La impresión
que se cuaja tras la audición de esta opera prima,
es la de haber compuesto Antonio su música poquito
a poco, con madura serenidad. Madurez y serenidad conquistadas
en las tablas, a la vera del cante y del baile. La composición
de sus temas denota buen gusto, hasta para sin perder nunca
la originalidad, permitirse guiños a los maestros
más creativos. Las intervenciones de la voz de La
Vito, los taconeos de Gema Garcés, las palmas de
la misma Gema y de Diego Magallanes, la percusión
del mismo Diego y de Juan Heredia, el bajo de Manuel Nieto
y los coros de Paco Ortega y La Vito, lejos de estorbar
al desarrollo de su toque, consiguen en los momentos cuando
intervienen, un complemento sosegado y de grato paladar,
sin concesiones a la estridencia.
El disco, que en su corta vida ha obtenido positivas críticas
y acogida favorable, fue grabado el pasado año en
los estudios madrileños de Musigrama, con la ingeniería
sonora y las mezclas de Javier Ustara, la masterización
de Juan Hidalgo, los arreglos de Diego Magallanes y la producción
de Paco Ortega. Su repertorio se compone de Gema (Rumba),
El carburico (Taranta), La bocana (Tanguillo), Maestro Fosforito
(Soleá), Pa’ Er Teto (Bulerías), Poquito
a poco (Tango), Alma en Cái (Alegrías), Fuente
de las Gitanillas (Malagueña), Con sabor (Guajira)
y A mi papa Manuel (Bulerías). Diez temas, con un
total de 47’58”, duración correcta que
no cansa. Incluso las fotografías de Laura León
y el diseño gráfico de Raúl Verdú
son originales y acertados. El párrafo de agradecimientos
rubricado por Antonio, resuma sensibilidad, exquisitez.
En un mundo donde las prisas locas, la violencia y el mal
gusto nos empachan de continuo, el ocho sonoro de Antonio
Soto nos deleita y nos cautiva con su personalidad, su creatividad,
su musicalidad, su madurez, su delicadeza, su sosiego, su
sensibilidad, su aire, su sonido, su paladar, su serenidad
y su flamencura. Una guitarra con cariño de familia,
con calor de hogar, de sabor a pan con aceite.