“ABANTOS” es el título
de este nuevo trabajo de Oscar Herrero, publicado bajo los
auspicios de su propio sello Acordes Concert y cuyo nombre
alude al monte que ha visto por años desde su estudio,
allí en San Lorenzo del Escorial. Doble mérito,
entonces: un nuevo disco y grabado en el propio estudio.
El disco se abre con el tema precisamente así titulado.
La guitarra siempre clara y profunda de Oscar hace un preludio
de carácter meditativo en el que pronto aparece el
violoncello de Clara de Terán, el violín de
Abel Urzanqui y el piano de Fran Villarrubia, otorgándole
al tema un aire aún más nostálgico
que se prolonga casi hasta la mitad del tema, cuando es
interrumpido por las percusiones y las palmas en aire de
bulería. La guitarra de Herrero reaparece en forma
de arpegios, junto con la batería de Jorge Palomo
y poco a poco va haciéndose cargo del compás
aunque siempre dialogando con los restantes instrumentos
de la formación, para dar paso, finalmente a la voz
de Enrique Morente, que irrumpe misteriosa, en registro
más bien bajo, con una letra de Carmen Monreal cantada
con una intención que inevitablemente nos recuerda
a “Omega”, en especial cuando cambia el carácter
y se abre hacia ya al final de esta pieza muy atractiva
y rica en instrumentación.
La alegría “Bailaor”, dedicada a Javier
Barón, tiene, más que cante, un coro que hacen
Sonia Cortés y Salva del Real, con letra de Carmen
Monreal, que nos recuerda el carácter de aquél
de “Ámbar de Primavera” en el CD “Hechizo”,
previo a éste “Abantos”. El toque medido
y rítmicamente correcto de Herrero, da marco a estas
letras y sigue luego desarrollando las ideas de manera coherente,
quebrando intempestivamente el aire de los puertos con compás
de bulería y dando paso a un silencio de alegrías
muy poco visto hoy en día en las grabaciones por
este estilo, que deja entrar nuevamente el compás
más vivo y se despide por bulerías.
“Carnaval”, el tanguillo dedicado a Víctor
Monge “Serranito” que ejecuta con el acompañamiento
de la batería de Valentín Iturat y el bajo
de José Ramón Abella, muestra una faceta de
Oscar Herrero que cabe destacar: su cuidado en el tratamiento
de las líneas melódicas, detalle que se le
escapa a buen número de grandes guitarristas de ayer
y de hoy, que tocan todas las notas con la misma intención
y si las melodías sobresalen es por una razón
tan simple como que no forman parte del arpegio o la cama
armónica, pero no porque haya un cuidado atento en
el arte de resaltarlas de un modo técnicamente correcto.
Tal vez por hacer esto, entre otras cosas, a Oscar Herrero
se le ha tildado de “clásico”, pero cuidado
: la guitarra flamenca no tiene por qué estar en
guerra a muerte con ciertas cosas que contribuyen a mejorar
un lenguaje musical como éste, que no va a perder
absolutamente nada de su esencia solo porque se atienda
a un detalle que es importante en la guitarra y en cualquier
instrumento armónico, sea el que fuere el tipo de
música que se toque en ella, porque este tipo de
preocupaciones son las que hacen la diferencia entre un
músico flamenco y alguien que solo se deja guiar
en su manera de tocar por ciertos moldes que la tradición
parece exigirle para ser un flamenco. Para entender esto,
sugerimos escuchar con detención a los guitarristas
cordobeses.
La minera “Mercurio” comienza con el saxo soprano
de Pedro Esparza que parece acompañar de un modo
casi guitarrístico el cante de Basilio Villalta.
Interesante, aunque en algún pasaje el saxo parezca
entablar con la voz una velada contienda de competencia,
incluso haciendo peligrar el equilibrio de roles. Muy modestamente,
si la idea era proponer un acompañamiento que no
fuera el de la guitarra, habríamos preferido otro,
tal vez el piano o incluso el violoncello. Además
de la sutil belleza de este tema y sin afán de llegar
a la majadería, aquí queda nuevamente en evidencia
la musicalidad de Oscar Herrero al destacar las líneas
melódicas. Este tema, el más largo de disco,
está dedicado a Juan González “Triguito”,
guitarrista sevillano que fue el segundo maestro de Oscar
después de su padre.
La rumba-bulería “Rumbulé”, con
dedicatoria a Enrique de Melchor, parece llevar esta híbrida
denominación debido a que el tema comienza por un
estilo y se desarrolla por el otro, pero no debido a algún
desconocido y súbitamente descubierto modo de hacerlos
convivir, aproximadamente como hacía el Niño
Miguel en sus notables vals-bulerías. La instrumentación
es cálida, movediza y bien entramada. Un muy buen
tema.
“Esencia” es el título de la soleá
dedicada al guitarrista francés Claude Worms, primer
tema que aparece en el disco tocado completamente en solitario.
Muy sentimental e íntima, en el trémolo cantan
a dos voces la línea de los bajos y el tremolo propiamente
tal. Una pieza de gran carácter y enorme musicalidad,
completamente diferente a lo que hemos escuchado a Oscar
Herrero en su trabajos anteriores en este estilo.
El fandango “Momentos”, dedicado a los tíos
Andrés y Noni, nos llega con el acompañamiento
de la flauta y saxo alto de Pedro Esparza y el ritmo de
tablas, zarb y pandero de Sergei Sapricheff. El “cante”
del saxo es bellamente ornamentado por dibujos y las pinceladas
de flauta, que recuerdan un tanto los colores de Manolo
Sanlúcar a comienzos de los ’80, además
de la frescura de las falsetas de Oscar, hacen de éste
tema, lleno de intención y colores, uno de los mejores
del álbum.
A todas las madres está dedicado el tema “Del
Alma” rotulado como taranta-petenera debido a la tonalidad
y carácter del acompañamiento, con cejilla
al dos, cuenta con el muy buen cante de Sonia Cortés,
que suena sin alardes de tecnología y por lo tanto
cercanamente natural e íntimo, logrando una simbiosis
estilística entre dos cantes particularmente sombríos
que se complementan de gran forma en este tema, otro de
los grandes aciertos del disco.
Para cerrar el trabajo, nos llega una versión de
un vals peruano sumamente conocido, que recibimos como un
saludo a la música latinoamericana, de la que también
alguna vez se ha nutrido el repertorio flamenco. Si bien
no sabemos por qué esta pieza está aquí,
celebramos su inclusión, que entre otros cuenta con
la quena de Bruno Duque y un acertado aire porteño
que nos lleva de Lima a Callao con aroma a cebiche y tradición.
Pero hay algo más : “Abantos” es un disco
doble y en el segundo CD Oscar Herrero nos propone escuchar
los mismos temas pero completamente en solitario, delicia
para los amantes de la guitarra, especialmente para aquellos
que no gustan del ropaje que otorga la presencia y el concurso
de otros instrumentos. Escuchar esta variante es como tener
a Oscar tocando en el living de la casa y constituye una
dimensión más que atractiva, llamada si no
a abrir, al menos a mantener vigente el debate siempre interesante
acerca de los experimentos y los aciertos y errores que
se puede cometer en ellos al rodear a la guitarra flamenca
de instrumentos y sonoridades hasta hace pocos años
completamente impensables en el mundo del flamenco. Se agradece,
sin lugar a dudas, esta oferta de sinceridad que nos hace
Herrero al exponer la médula espinal de su nuevo
trabajo de estas dos maneras, pero se asume que ninguna
de las dos excluye a la otra y mucho menos compiten entre
sí.
Al cabo de estos nueve temas, una vez más, Oscar
Herrero se muestra como un artista que antes que nada es
músico y luego un muy buen guitarrista de flamenco,
melódico en sus ideas, exacto en su manera de exponerlas
y transparente en el suyo, un mensaje que quiere que no
se nos olvide que el flamenco es música.
Terminaremos con una reflexión : Oscar Herrero es
de Tomelloso, es decir manchego, es decir un guitarrista
flamenco no andaluz, por muy española que sea su
partida de nacimiento. Sabemos, porque él nos lo
ha contado, que esta situación le ha valido no pocos
inconvenientes a la hora de desarrollar su carrera, seguramente
originados en el marcado y frecuentemente fanático
localismo de algunos círculos que parecen regir los
caminos del flamenco en todas sus variables. Si leemos con
detención los créditos del disco “Abantos”,
nos encontraremos con algo que no debe pasar desapercibido
y es la presencia, entre sus numerosos colaboradores, de
músicos cuyos apellidos nos hablan de procedencias
no exactamente andaluzas. Es habitual encontrar que en los
discos de muchos guitarristas o cantaores colaboran otros
nombres muy conocidos y que en general se prestan ayuda
y los unos aparecen en los discos de los otros y eso está
muy bien, pero excepto el de Salva del Real, los demás
nombres de los colaboradores de este gran trabajo no son
muy conocidos en el ambiente flamenco. Eso, algo nos está
diciendo claramente, pero para entenderlo es preciso un
mínimo ejercicio de eso que llaman “leer entrelíneas”
y por lo tanto lo dejaremos allí, como está,
para que usted que ha leído esta reseña y
suele hacer ese ejercicio, saque sus propias conclusiones.