En plena euforia popular por la guitarra
flamenca con las rumbas Entre dos aguas de Paco de Lucía
y Caballo negro de Manolo Sanlúcar, a mediados de
los años setenta del siglo pasado irrumpía
un joven tocaor gitano apodado El Niño Miguel.
Oriundo de Huelva pero hijo de Miguel “El Tomate de
Almería” y por ello tío de Tomatito,
su bajañí sorprendía por la rabia e
ímpetu de su toque. Bocanada de aire gitano, este
soberbio brío, casi insultante, marcó otra
forma de respirar rítmicamente por bulería,
maneras que no tardaron en recoger gitanillos también
callejeros como los hermanos Amador (con el primer Pata
Negra y el acompañamiento a la familia Montoya),
Tomatito con Camarón y en sus primeros discos y el
Niño Josele entre otros.
La estrella del Niño Miguel fue breve pero intensa,
como un enorme cometa que de pronto pasó por el firmamento
flamenco. Después de dos Lps ya antológicos
grabados en 1975 y 1976, su carrera se vió truncada
paulatinamente por una marcada personalidad macandé.
Hoy el Niño Miguel no es ni la sombra de lo que fue
y anda absorto en su mundo interior, dicen que casi pidiendo
limosnas por las calles de Huelva para poder sobrevivir.
Personalmente tuve ocasión de escucharlo en la III
Bienal de Sevilla, en 1984, la primera dedicada al toque,
y ver que ya estaba mermado de facultades. Recuerdo también
su aspecto desaliñado y dejado (impropio en los artistas
gitanos para los que el arte es un todo, hasta en el vestir)
y su mirada perdida cuando irrumpió como una sombra
en la peña flamenca de Huelva, mientras se celebraba
ironicamente allí uno de los actos del Congreso de
Arte Flamenco. Era el año 1992.
O blanco o negro, sin medias tintas en un
sentido o en otro, porque el flamenco es así de desmedido,
seguía tremendamente flamenco también en su
lado oscuro de alma perdida.
Para recordar al Niño Miguel príncipe y señor
del toque gitano, Alain Faucher acaba de publicar un volumen
monográfico con la transcripción en música
y cifras de seis temas claves del estilo Niño Miguel.
De su primer Lp La Guitarra de El Niño Miguel (Philips
63 28 177 GT04) tendremos la solea En el Puente Nicoba,
la farruca A mi padre (ambos temas interpretados como homenaje
en los conciertos y en el primer disco solista del joven
Javier Conde), los fandangos Brisas de Huelva (donde, seguramente
por transmisión paterna, ejecuta en trémolo
la melodía del famoso fandanguillo de Almería
de Gaspar Vivas, hoy himno de la ciudad), las trepidantes
bulerías Vino y caballos y las alegrías Entre
Mazagón y Sanlúcar.
De su segundo Lp Diferente (Philips 63 28 206 GT04) el famoso
y original vals flamenco Lamento. Alain Faucher ha cargado
las tintas pues sobre aquel primer disco que tanto impactó
cuando apareció. Si las nuevas generaciones de guitarristas
se preguntan por qué el Niño Miguel es hoy
una leyenda del toque gitano, tendrán sin lugar a
dudas la respuesta en este libro de partituras que también
a su manera rinde un siempre merecido homenaje al hijo de
Miguel “El Tomate”, aquel maestro de tocaores
onubenses y almerienses.
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