Paco Vargas, como Presidente
de la Federación de Peñas Flamencas de Málaga,
ha conseguido canalizar esfuerzos y recursos para que este
disco del Niño de Velez vea la luz. Gesto que le
honra y cuya continuación animamos todos los aficionados.
José Beltrán Ortega, que así
se llamaba, nació en 1906 y falleció en 1975.
Alternó y trabajó con figuras ilustres del
flamenco como Vallejo, Niño Gloria, Niño de
Cabra o el Sevillano, y en prestigiosos teatros de Madrid,
Málaga y Barcelona. Creó una malagueña
que se conoce por su nombre y en el I Concurso Nacional
de Arte Flamenco de Córdoba obtuvo un tercer premio
en la modalidad de malagueñas, verdiales, rondeñas
y fandangos de Lucena, además del primer premio en
en el concurso de la Copa de la Malagueña celebrado
en Martiricos (Málaga).
Desde 1956 hasta 1971 residió en
Cornellá, ciudad donde se vio obligado a emigrar
como tantos andaluces de la época para poder sobrevivir,
lo que significa que después del desfogue inicial,
se vio obligado a alternar su actividad artística
con otras profesiones. El Niño de Velez no fue un
cantaor de primera línea durante mucho tiempo, aunque
sí gozó de cierto éxito en algunas
localidades.
Gozó de una ágil garganta
y una voz poderosa. Se deja ver en su malagueña personal,
de gran dificultad y para la que se necesitan extraordinarias
facultades. ¡En este sentido es espectacular!
4 malagueñas, 6 fandangos, uno de
Lucena, 2 granaínas, 1 alegria, 1 soleá, 1
buleria, 1 seguiriya con cabal y 1 milonga.
Como Paco Vargas anuncia en la guía de escucha, se
trata de un cantaor que cultivó los cantes libres,
y esto queda claramente plasmado en esta recopilación
de sus cantes. No obstante, hay que decir que se trata de
un cantaor visceral, con las influencias razonables de los
cantaores más exitosos de la época; sobre
todo, Vallejo, tal vez por su tesitura de voz y por su registro.
Los primeros diez cortes, que pertenecen a grabaciones discográficas
son un documento digno de análisis. El fandango tiene
reminiscencias del viejo fandango por soleá, pero
la subida forzada que hace al final da la sensación
de que se aturulla y se pierde. También se aprecia
en el corte 10 que corresponde a una tesitura de voz distinta,
con más edad, aunque sigue buscando el efectismo
fácil basado en el poderío.
Los guitarristas que lo acompañan
en los 9 primeros cortes son Manolo de Badajoz y Pepe de
Badajoz, presentando una gran diferencia en lo que a calidad
se refiere con respecto a los otros dos del resto de los
cantes, que son Eugenio González y J. María
Pardo.
Otro valor resultan tener las grabaciones
en directo, donde vemos a un Niño de Velez más
reposado, más ajustado en el compás, con una
voz poderosa, pero mejor utilizada, indiscutiblemente más
profundo y con más dominio del concepto jondo.
Lo cierto es que un cantaor como el
Niño de Vélez, hoy día tendría
un lugar ganado por derecho en el panorama artístico
como para dedicarse plenamente al mundo del arte, sin tener
que alternar esta actividad con otras.