Según Paco Vargas,
<< “Alrreó de la fragua” tiene
su origen en un disco promocional que el cantaor grabó
para la inauguración del hotel Alcora en Sevilla
hace unos nueve años >>.
O sea, que no se trata de
un disco actual, por lo menos en su totalidad, ya que al
parecer hay algunos cantes que sí se han grabado
especialmente para la ocasión. Ha llovido desde que
en 1977 grabara su primer disco, y ahora tampoco tenemos
la oportunidad de escuchar un registro actual…
Pero también ha llovido
desde aquella fragua que en 1984 rodeaba con su hermano
y su padre, el Tío Juané. Entonces éste
último ejercía de protagonista, de albacea
y transmisor de cultura y de tradición, mientras
que el Nano y su hermano el Gordo aparecían como
aprendices con un destino marcado, el de continuar las enseñanzas,
la tradición heredada de sus mayores.
Nos ha alcanzado el año
2005, y con el Tío Juané desaparecido, el
Nano convierte el lienzo donde su padre escribió
su legado cultural en una pizarra sobre la que dibuja todo
aquello que aprendió de sus mayores y que posteriormente
ha podido desarrollar él mismo.
Cayetano Fernández, que es como se
llama este jerezano de pro, deja en este disco una muy buena
muestra de sus facultades cantaoras, con sus detalles sobresalientes
y como es lógico, con sus carencias.
El Nano de Jerez es un cantaor fundamentalmente festero,
por la tendencia natural que da el acompañamiento
al baile durante muchísimos años y por preferencia
personal. Y se nota que es en estos palos de compás,
además de en la soleá pá escuchar,
donde este cantaor presenta mejores registros de voz.
En esta tesitura y con un
jondísimo eco, obedece a la estética marcada
por Antonio Mairena, aunque en una línea más
superficial en cuanto a la variedad de estilos se refiere.
Se hace acompañar por la guitarra de Fernando Moreno,
defensor a ultranza del toque local, que ajusta perfectamente
la cuadratura del cante y que nos hace recordar las grabaciones
de los años 70 por no aportar ningún aire
nuevo a este registro.
Cayetano aprovecha
la ocasión para hacer una mirada retrospectiva a
modo de homenaje hacia su padre, al Borrico o a Antonio
Mairena, con constantes referencias a sus vivencias en la
fragua del Tío Juane.