Alejándose de todo romanticismo y
mitología interesada de carácter político-sociológico,
Cristina Cruces Roldán desarrolla un itinerario científico
y escéptico por todos los aspectos que pueden configurar
la tradición flamenca: desde los sistemas musicales
en contacto en al-Andalus, sus parentescos y coincidencias,
hasta la mitología étnica, pasando por las
estructuras estróficas, orígenes líricos,
intensidad dramática, expresividad, y los elementos
de la interpretación y el acompañamiento.
Todo ello arrojando la luz de un vasto saber procedente
de la comprobación rigurosa de las fuentes y el estudio
comparativo de las distintas teorías que conforman
el confuso corpus de explicaciones probables pero hipotéticas,
brillantes pero especulativas, que intentan solucionar el
enigma de los orígenes del Flamenco.
Muchas virtudes atesora esta joya ensayística: desde
un planteamiento en absoluto iconoclasta que intenta recoger
objetiva y literalmente todas las aportaciones teóricas
importantes acerca de cada uno de los asuntos que trata,
hasta una actitud etiológicamente escrupulosa cuando
trata de descartar alguna de ellas. Se trata de una obra
amable para un lector interesado e iniciado, de cultura
media-alta, en la que se dejan ver los fundamentos epistemológicos
propios del ascendiente universitario de su autora, y el
tipo de lector que prefiere, dado el carácter ecléctico
de la obra. Si hemos de ponerle algún defecto (si
es que se le puede llamar defecto al ‘amor por la
verdad’), es excesiva la asepsia que pone en lo que
enuncia, de manera que no permite que el lector (como tan
mal acostumbrados nos tiene la literatura especialista)
establezca una línea de interpretación definida
y unitaria, sino que nos educa, nos obliga a cotejar las
fuentes e incluso a consultar bibliografía (por ejemplo
un diccionario de musicología, u obras que establezcan
una secuencia crítica concreta en el caso de los
contenidos literarios) si queremos establecer un criterio
propio, lo que puede resultar muy engorroso para depende
qué lector.
El libro consta de cinco partes sustanciales y dos capítulos
de conclusiones.
En la primera compara los sistemas musicales orientales
con el flamenco y establece relaciones entre ambos y el
sistema exportado por los griegos a todo el Mediterráneo,
que en el devenir temporal se ha mezclado con distintas
tradiciones dando como resultado distintas realizaciones
emparentadas.
El segundo capítulo lo dedica a establecer
la base lírica sobre la que se compondrá la
música. Aquí sondeo en un terreno teórico
absolutamente cenagoso en el que se mezclan música
y literatura, filología e historiografía.
El desarrollo de la nuwwa, la creación de la jarcha
en torno a la mwaxaja o viceversa, el influjo del zejel
en la lírica castellana, o la posibilidad de que
el zejel sea la lírica castellana, etc.
Los aspectos lingüísticos y retóricos
de las letras, los temas, la expresividad y emocionalidad
expresadas mediante el texto y la interpretación
ocupan el tercer capítulo, quizás uno de los
más interesantes.
El capítulo más voluminoso, tanto por contenido
como por documentación es el cuarto, en el cual se
nos informa de los parecidos en la disposición de
una escenografía tradicional, rituales, danzas e
instrumentos que en su disimilitud encierran un origen común
y desarrollos paralelos.
Termina el cuerpo teórico de la obra con el estudio
de los grupos étnicos que de una manera más
activa han participado del desarrollo de la praxis musical
que se ha venido planteando a lo largo de la obra.
Valor testimonial y sentimental aparte, la sexta parte,
Encuentros en torno al sentido último de la música,
es un compendio de erudición antropológica
sobre el poder socializante de cualquier manifestación
musical, y en concreto sobre el sincretismo cultural que
provocan dos tradiciones en contacto.
Finalmente, la necesidad de exorcizar nuestros demonios
culturales avoca a nuestra autora a arriesgar un capítulo
de conclusiones que, con mayor o menor fortuna (depende
de quien lo lea), pretende desbrozar el intrincado sendero
de la especulación historiográfica. Establecer
si es herencia o coincidencia el parentesco del flamenco
con la música andalusí es una labor muy complicada,
sobre todo porque, seguramente, de todo ello hay. Y otros
factores aún más ignotos, como el sustrato
greco-latino y sus diversos desarrollos en los ámbitos
en los que se desarrolló su influencia.
Interesante libro que recomendamos encarecidamente al estudioso,
no al aficionado.