Se hace difícil
reseñar un disco cuando uno puede reproducir cada
uno de los sonidos que en él se recogen; entre otras
cosas, porque de este escrito podría salir cualquier
cosa menos una reseña, pero entendámoslo como
un ejercicio necesario, por tratarse, entre otras cosas,
del disco que se ha alzado en el 2005 con el galardón
al mejor disco de cante de los Premios Flamenco Hoy y el
de mejor disco de Flamenco de los Premios Nacionales de
la Música.
A lo largo de la extensa
discografía del Maestro Morente podemos observar
una incesante evolución hacia los cantes de compás.
Evolución que queda patente también en este
trabajo.
Si con "El pequeño
reloj" abrió el concepto de la obra pictórica-discográfica,
en este disco continúa con la búsqueda del
absoluto, como piedra fundamental de cualquier obra de arte.
Una búsqueda que esta vez se plantea desde el sueño
de la belleza, como si se quisiera dibujar la Alhambra como
un pequeño universo a partir de un reflejo personal.
Una búsqueda del Yo esencial tal y como ya se ha
dicho en infinidad de ocasiones: "La única patria
del hombre es la infancia". El candor, la luz de la
infancia visto a través del sueño del adulto
que intenta descubrirse.
De esta forma, aprendemos
que nadie, ni siquiera Morente, sueña en clave flamenca
todo el tiempo. Bien lo ha demostrado en su dilatada y prolífera
carrera.
Realmente, este disco
es la banda sonora de una película con el mismo título.
Es decir, que realmente constituye un salto al formato más
contemporáneo, el video, donde se conjugan el sonido
y la imagen.
Abre el disco un martinete
con una base percusiva de voces, compuesta por más
de 20 combinaciones desarrolladas por el propio Morente.
Probablemente el summum de los coqueteos que ha mantenido
en grabaciones anteriores con duplicidad de su propia voz.
Una verdadera obra de ingeniería. Una idea que el
autor va fraguando lentamente en su cabeza; un día
graba una voz, otro día otra, otro día un
tercio, y así, hasta que un día hay que juntarlo
todo, hay que componer el rompecabezas. Los elementos, en
esencia, son sencillos; un compás de seguiriyas,
un par de letras populares y mucha imaginación.
Con la clara intención
de adentrarse en la ya en desuso estética mística-musical,
utiliza para ello recursos como el rever, los fondos de
voz y caídas melódicas que se relacionan íntimamente
con la música gregoriana. Enlaza esto con una seguiriya
inacabada dentro de una gótica estructura, para terminar
con un martinete que acaricia el cielo, que atraviesa las
nubes como si de un rascacielos que desafía la gravedad,
se tratara.
Porque en este martinete
de Morente encontramos la dualidad del espíritu más
natural, aquel flamenco de los años 50, el más
encastado y visceral, inmerso en una estructura artificiosa
y urbana, una estructura construida desde la racionalidad
más compleja. Como si de forma inconsciente. Esta
obra de arte acabe siendo un fiel reflejo de lo que un personaje
como Enrique Morente ha acabado siendo : "El retorno
constante al flamenco desde lo Universal".
El pequeño
universo del martinete construido a partir de pequeños
detalles, de una sola voz. Coqueteos con la seguiriya y
el canto gregoriano le ayudan a conseguir la intimidad necesaria
para la eclosión final del Martinete y donde las
voces de fondo situadas al final vuelven a llevarnos a la
religiosidad gregoriana, para acabar en la histeria colectiva
de una calle de Sevilla en Semana Santa, que se cae junto
con su Santa Virgen.
Con las gotas de la
fuente del Generalife y sonidos guturales de Estrella Morente
recordando los pájaros que habitan estos lindos jardines,
empieza la segunda gran obra de arte de este trabajo. "Generalife"
se llama y con la ayuda de la guitarra eléctrica
de Pat Metheny y los pies de Israel Galván como principal
percusión, Enrique Morente nos somete a una extraordinaria
tensión "in crescendo" siempre.
Este corte, que no
es para nada flamenco, viene a confirmar al Maestro entre
los más grandes de la música; porque bien
podríamos habernos encontrado un tema como este en
cualquiera de los discos de Pink Floyd, Chick Corea o Stravinski.
Con la "Seguiriya
de los tiempos" aparece la guitarra de Paquete, que
de una forma singular, casi a contracompás, acompaña
a un cantaor dolorido y reposado, desgarrado y musical,
que se acuerda en este palo de un "montón"
de grandes artistas imprescindibles para el Arte. Siempre
he pensado que las aportaciones que Morente ha realizado
en su discografía al cante por seguiriyas son algunas
de las joyas más importantes que le debemos y curiosamente,
resultan ser las más desconocidas, seguramente por
lo agreste del palo.
Morente, sueña
la Alhambra" desde los poetas cultos. "Cristalina
Fuente" es un poema de San Juan de la Cruz; y con la
guitarra de Juan Manuel Cañizares, el piano de Esteban
Ocaña o el violín de Rubén Gallardo,
entre otros instrumentos, presenta una preciosa composición,
que a buen seguro, el Maestro soñó algún
día. Así, en lo que podríamos pensar
como bulería por soleá, la voz de Enrique
y la de Estrella alternan dos ámbitos de una misma
melodía.
"Chiquilín
de Bachín" es una bonita y triste canción
de Horacio Ferrer y Astor Piazzola. Seguramente, al incluir
este tema lo que ha pretendido es hacer un homenaje a esa
cantidad de personas que en la Alhambra, o cualquier otro
sitio que acabe siendo reclamo para el turismo, se buscan
la vida al amparo de la generosidad humana, siempre poca
y mala.
La "Soleá
de la Ciencia" también podría llamarse
"Joyas por Soleá". La guitarra de Tomatito
sigue siendo un lujo por aquí, y la privilegiada
capacidad del granaíno se escapa otra vez de la memoria
para crear nuevos sonidos a partir del matiz. Desde la sencillez
y la naturalidad de lo conocido. Para prueba un botón
:
Presumes
que eres la ciencia,
Yo no lo comprendo así,
Porque si la ciencia fueras
Me "hubieas" comprendío a mí;
Porque siendo tú la ciencia
No me has comprendío a mí.
Dos formas distintas
de decir lo mismo, que nunca antes oí que se hayan
conjugado en el mismo cante, ambas con enorme plasticidad
andaluza, y que obligan a matizar la melodía de distinta
forma, amén de que el Maestro nos enseña siempre
que todo está por aprender: haciendo una pausa en
"porque si la", convirtiendo el silencio en parte
de la melodía, mientras que la segunda vez que repite
estos dos tercios, acelera el desarrollo del primero para
hacer recaer el silencio en el segundo tercio, "no
me has compren", y recoger la melodía en el
mismo tercio para rematar finalmente. Si yo pudiera, ahora
incorporaría un silencio a este documento, un silencio
que formara parte de este reconocimiento a la Maestría
y a la intuición musical...
Y retomemos el hilo
con este polo actualizado, que suena a renovado por diversas
razones : el compás acelerado; la guitarra de Alfredo
Lagos que con extraordinaria originalidad aporta elementos
muy interesantes, sobre todo por su carácter incisivo
en las respuestas; la incorporación de las voces
de Estrella y el más joven de los Morente, José
Enrique; y el mix que el patriarca realiza con músicas
y composiciones que muchísimos años ha desarrollara.
Con refuerzos sonoros de bajos en voces como la que incorpora
en la letra "Si unos ojos te miran" o el de la
letra "Un pañuelo de lunares", en el que
el recurso del rever acaba siendo imprescindible. Todo,
finalmente, aporta un cromatismo sonoro extraordinario.
"Donde habita
el olvido" es un poema de Luis Cernuda al que más
de un cantautor ha dedicado algún que otro pensamiento.
Otra vez aparece la guitarra de Pat Metheny con una fuerte
personalidad. Realmente se trata de una melodía intimista,
de débil estructura. Una especie de búsqueda
de la sensibilidad. Así, cuando se encuentra con
tan sublime poema, todo se refuerza; y venimos a entender
parte de este sueño en el que el artista quiere desprenderse
de su memoria para encontrar la libertad plena, porque al
desprenderse de su memoria se desprende de todos los prejuicios.
En el último tercio del tema, el cantaor asimila
y personifica el texto, aplicando una especie de desgana
en la vocalización, casi en el abandono, cuando hace
referencia a ese sitio "donde pena y dicha no sean
más que nombres", donde "cielo y tierra
nativos en torno de un recuerdo", para terminar en
un magnífico desarrollo musical en manos de Metheny,
Benavent, Di Geraldo, Estrella... allí, donde no
podrá habitar el olvido nunca...
El "Taranto Veneno"
es una grabación rescatada con la guitarra de Juan
Habichuela, con falsetas que en el andar del tiempo se han
convertido en una seña de identidad de este palo,
y la voz de Enrique, la de hace unos años; la que
en definitiva ha constituido un privilegio para el flamenco,
y eso sin considerar su particular forma de abordar estos
cantes levantinos, en las que siempre ha demostrado una
magnífica preparación y un excelente gusto.
Y termina, porque
en algún momento tendría que terminar...,
con la última carta que Miguel de Cervantes escribió
pocas horas antes de fallecer. La crudeza del tratamiento
que aplica a la despedida última el más insigne
novelista de la historia de la literatura universal es algo
poco conocido que el Maestro pone al alcance de los aficionados
a la buena música. Con fondo de coros, y percusión,
para la cual también se apoya en su propia voz, va
estimulando el rever para dar sensación de lejanía.
Vuelve a las apoyaturas
de la música gregoriana con un planteamiento estructural,
que no musical, parecido al del tema que abre el disco.
Morente quiere acercarnos a esa intimidad terrible de asumir
la muerte desde las ganas incondicionales e insaciables
de vivir que despiertan en todo el que se sabe cerca de
la muerte.
Con la elección
de este texto para cerrar un disco que se quiere acercar
al movimiento surrealista desde la reflexión, se
abre una nueva y doble sensibilidad en la discografía
de Enrique Morente. Por un lado intenta abarcar la esencia
de la vida desde el sueño y por otro intenta proyectar
esta misma esencia desde la muerte.
Y ahora sí
que podríamos pensar en la desilusión que
supondría que su próximo proyecto discográfico
pudiera no sorprendernos. Las metas que se va autoimponiendo
en cada uno de sus trabajos nos exceden, con mucho, a todos
los mortales. Me pregunto si algún día podremos
presenciar alguna debilidad, o por el contrario, acabará
desvelándonos todos los secretos de la música...
Por lo pronto, sabemos
que esta historia, la suya, ya es irrepetible, y nuestro
privilegio es ser testigos...