Tras el revuelo creado
por el “Cositas buenas” de Paco de Lucía,
y con el posterior y razonable reposo del tiempo transcurrido,
me atrevo a asegurarlo : Estamos ante una nueva estética
del flamenco. Para el caso que nos ocupa, Montse Cortés,
atrás quedaron las asociaciones con el folclore africano,
las concesiones a la copla, o hacer guiños a la memoria
flamenca.
Fiel a la línea marcada en el anterior
disco y que tiene mucho que ver con la intención
de hacer un flamenco vanguardista desde la raíz,
una gira con Paco de Lucía ha bastado para que Montse
abandone la raíz como punto de partida y encuentre
su propio sonido, el que ha estado haciendo durante los
últimos meses, y que el maestro ha revalidado y legitimado
ante el mundo.
Esta joven presenta un disco que suena a
Paco, porque entre otras cosas, los músicos que no
son de la formación del genio son de la cuerda de
éste. Tal es el caso de Tomatito o de Javier Limón.
Eso sí, salvando las distancias, porque siempre hay
quien confunde el tocino con la velocidad, y al final lo
fácil es desembocar en una especie de flamenco de
estribillo que gusta escuchar pero que nada aporta.
Como no podía ser menos, tangos y
bulerías, a excepción de una soleá
muy seria que el acompañamiento de guitarra acaba
desluciendo. Diego del Morao anduvo poco fino aquí.
Tangos que suenan a la mejor Remedios Amaya
de Vicente Amigo, aunque con técnicas más
actuales, tangos con sabor a bolero que tienen un claro
objetivo comercial y que la cantaora empezó a apuntar
en su anterior trabajo, bulerías con estribillo pegadizo
y poco mensaje: todo aderezado con un montón de buenos
y flamencos detalles, aunque nada tan flamenco como el corte
2, unas bulerías de Javier Limón en la que
Tomatito mete la guitarra de forma vertiginosa.
Niño Josele, Paquete, Luki Losada,
Diego del Morao, Tomatito y Eduardo Cortés son las
guitarras que intervienen, Bernardo Parrilla al violín,
Alain Pérez al bajo y Piraña a la percusión;
son los músicos que intervienen en este disco de
moderna concepción del flamenco, en el que se trabajan
minuciosamente los cortes de compás y los contratiempos.
La voz de Montse Cortés es
verdaderamente bonita, aunque en las notas agudas del tema
titulado “Hiere” pierde profundidad. Me gusta
mucho más el registro que presenta en la soleá
del corte 8, porque su voz es multicolor, como su propio
disco “La rosa blanca”, que al escucharlo sin
ánimo crítico acaba despertando muy buenas
vibraciones y deja instalado en nuestro oído un montón
de colores que nada tienen que ver con el blanco de la rosa.