Al decir Miguel Poveda,
nos referimos a uno de los más interesantes cantaores
del panorama actual. Sin duda, esta circunstancia es un
acicate para hacer seguimiento de su actividad, que ya empieza
a ser incesante y vertiginosa. Sus últimos proyectos
han sido de muy diversa naturaleza. Por ejemplo, su anterior
trabajo discográfico fue cantar a Alberti con la
colaboración de Enric Palomar.
Bien podría
considerarse como el preludio del trabajo discográfico
que nos ocupa. Aunque ambos discos tengan entidad propia,
en éste último, Poveda también se abstrae
de su condición flamenca para cantar a los poetas
catalanes.
Baladas en unos casos,
en otros, lo que conocemos como música de cantautor,
incluso de protesta; el resultado final es un magnífico
disco, que sin ser flamenco, es un lujo.
La voz de Poveda sobre
un piano, como por ejemplo en el cuarto corte “Cançó
del Bes Sense Port” es sobrecogedora, simplemente,
que acaba sumiéndote en la más terrible y
entrañable nostalgia.
Lo que tradicionalmente
hemos catalogado como “Música de Cantautor”,
no es ni más ni menos que musicar poemas con cierta
calidad literaria. Cuando esto es acogido por la voz de
un cantaor de verdad asistimos a un espectáculo distinto,
con otra dimensión.
La calidad artística
de este trabajo es de excepción y su particular forma
de afrontar los diversos discursos musicales alejan cualquier
adjetivo que no sea el elogio. Discmedi lo sabe y no ha
escatimado en recursos, aplicando una presentación
formidable.
El disco lo acompaña
un DVD que ayuda a la comprensión del proyecto y
prolonga considerablemente su disfrute. Si bien se echa
de menos en el documental los subtítulos para los
testimonios en catalán – No se debe perder
de vista la dimensión cada vez más internacional
de Miguel Poveda-, se agradece una buena realización
y la intervención de todas las personas que de una
u otra forma han participado en esta aventura.
Una aventura que descubre
a un artista multidisciplinar y con una incuestionable proyección,
con un nuevo registro musical en el que también es
sobresaliente.
Y el caso es que yo…
sigo oyéndolo flamenco.