Andrés Batista es uno de los pocos
guitarristas que cuentan con la aureola de profesor preparado
y además, es respetado por eso. Créanme si
les digo que se trata de un fenómeno harto extraño
en el mundo del flamenco. Su fama se debe a una larga trayectoria
en el mundo de la enseñanza y a un extraordinario
reconocimiento entre los profesionales de la sonanta.
En esta obra, el autor hace una especie
de ensayo sobre el arte flamenco en sus distintas facetas
: cante, baile y toque. Revisa, sin mucha homogeneidad,
los aspectos que identifican al flamenco frente a otras
músicas. Aunque eso sí, viene a demostrar
con su propia experiencia (y digo “con” y no
“desde”) que no todo vale en este Arte. Que
incluso los grandes creadores que han sido hitos históricos
se sostenían para sus creaciones en unos pilares
o reglas más o menos atemporales, basadas fundamentalmente
en el respeto y en el conocimiento de la tradición.
Batista aborda temas tan poco corrientes
como las posibles dolencias del guitarrista profesional,
demuestra la necesidad de que el cantaor conozca perfectamente
su voz y el desarrollo de la misma o plantea el esquema
general del baile. Son pocas las obras de esta tipología
enfocadas con esta doble vertiente, en la que su sencillez
revela la intención de dirigirse a un público
que no ha llegado a profundizar en el Arte flamenco, pero
el ámbito de los temas tratados es amplio y específico
para gente que se acerca al flamenco con una actitud activa.
No me caber la menor duda de que “El
flamenco y su vibrante mundo” en algún momento
de su construcción pretendió ser un tratado
antes que un ensayo divulgativo.
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