No se trata de una obra que deba engrosar el catálogo de publicaciones flamencas de don José, por otra parte ingente. Pero es necesaria su reseña por dos razones: la primera por tratarse del autor que es. José Blas Vega es al flamenco lo que Cossío al toreo, por ejemplo, el no va más en rigor y estudio sobre la causa.

En segundo lugar porque, aunque no se puede considerar una pieza de entidad flamenca, sí toca tangencialmente esta música y su circunstancia histórica en relación con la calle más “glamourosa” de Madrid.
Bulevar que no hace mucho celebró con boato sus primeros cien años pero a la cual nadie había dedicado una publicación sobre sus locales de “vida mundana”.
Y quién mejor que Blas Vega, nacido en sus aledaños y amante como pocos de ensalzar la ciudad de sus amores.
El libro “La Gran Vía se divierte” ofrece, en pocas páginas y con un lenguaje más que accesible, una visión a modo de guía de todos y cada uno de los números de esta singular y centenaria calle de la capital. Los locales más importantes, su historia y eventos que marcaron sus existencias, la actual dedicación de cada uno de ellos y, de paso y cuando es preciso, las andanzas de sus inquilinos, propietarios y artistas coyunturales que desfilaron por sus escenarios.
De ahí que obligatoriamente el flamenco deba estar tocado en parte, aunque solo fuera porque Torres Bermejas o las Cuevas de Nerja, además de otros míticos locales, son tablaos que se vinculan obligatoriamente a la Gran Vía.
Libro corto, ameno, útil para castizos y turistas y que supone una nueva muesca en el enorme legado que debemos a este madrileño tan vinculado a las letras y la cultura.