Javier
Ruibal inició su carrera en 1978 y desde entonces
ha ido ganando adeptos a su música muy lentamente.
Esta forma reposada de ganar terreno es seguramente la que
todo artista prefiere, porque es la duradera, porque sus
adeptos son incondicionales y eternos.
Con Ruibal no podemos
hablar de flamenco, sino de música, pero eso sí,
música andaluza. Ruibal, desgraciadamente, sigue
siendo un cantautor al que todavía no se le ha acabado
de entender… El día que seamos capaces de diferenciar
un cantautor de un músico y de un poeta, podremos
distinguir que Ruibal pertenece a una casta absolutamente
distinta en la que se conjugan la capacidad de escribir
y la de componer. En definitiva, un compendio de aptitudes
que de forma simbiótica simpatizan y entroncan con
el concepto más amplio del arte.
Así que yo
le recomiendo que apague las luces, imagine un salón
paradisíaco de una acogedora casa de campo, en mitad
de una sierra cualquiera, donde fuera todo es oscuridad
y silencio… y estrellas, y muchos cojines por el suelo.
Ahora sí… ese es el momento de escuchar este
disco. Ese mismo instante en el que nos sentimos lejos del
mundo y desinhibidos al sentimiento.
Entonces será
posible acercarse a una chimenea, observar fijamente el
fuego e instalarse a vivir en un lunar de la espalda de
la persona que uno ama. La música por la música,
jazz, rock, flamenco, blues, pop… siempre desde un
prisma andaluz… porque uno es lo que es y no puede
evitarlo.
Escuchar la dimensión
de un guitarrista de rock que se adapta a las formas de
Ruibal : “Maldita suerte la mía, que a tantos
besos diarios, salen más besos que días”.
Y por bulerías,
“De Málaga, malagueñito”. Que
si un par de guiños a Picasso, que si un par de reverencias
a la magia… Una bendición, sin duda, y la música
en su máxima expresión. Este tema lo grabó
Diego el Cigala en su último trabajo por alegrias,
y resultó ser uno de los platos fuertes del disco…
“Fui ratón
de biblioteca, pero preferí la hambruna”, y
acaso este Ruibal buscó alguna vez fortuna…?
Un concierto con tanta
calidad que a partir de él se pueden plantear hacer
un disco. Que no se trata de un mix de actuaciones en distintos
sitios y con distintos públicos, donde se adapta
lo mejor de cada día. Un concierto, sin más,
que da para un disco… ¡A ver quién puede
plantearselo!.
Y la actitud de Javier,
coherente con eso de :
Cuando
no hay rumbo ni senda,
Toda
la mar por delante
Y
el viento, de donde venga.
El trabajo, de presentación
exquisita, está acompañado de un DVD con la
actuación en directo, por lo que se plantea como
un producto actualizado y completo.
Para mí, Ruibal
significa reafirmarme con carácter permanente en
ese ambiente que se mueve en la frontera de la libertad
y el criterio, esa línea amplia y atemporal que va
de lo existencial a lo íntimo. Así, en este
disco, como en todos sus discos, este artista es la sombra
de cada esquina, la música por la música y
la poesía por el arte.
Y si él termina su proyecto
diciendo :
“Qué
bueno es saber con vosotros”.
Nosotros continuamos su proyecto diciendo
:
“Qué
bueno es saber que existes tal y como eres”.