El disco que Gerardo Núñez anunciara en diciembre,
durante el Festival Mundial de Flamenco celebrado en Marbella,
ha resultado ser un disco eminentemente guitarristico y
hecho para guitarristas. Lo cierto es que juega con la ambivalencia
de las cosas bien hechas, porque pese a la primacía
de este parámetro, resulta ser ampliamente agradable
para cualquier oído. Con estribillos pegadizos y
vertiginosas caídas que se deslizan por el tobogán
del buen gusto hasta ser depositado con suavidad en la quietud,
en la plataforma de la seguridad. Esto es lo que se respira
al escuchar sobre todo el primer corte, titulado "La
Habana a oscuras" o el cuarto titulado "El templo
del lucero".
Y créanme si les digo que es un trabajo bastante
completo, porque hay de todo. Desde bulerías con
el más puro aire jerezano representadas en el tema
"Plaza de los Plateros", pasando por evocaciones
a la tradicionalidad andaluza como es "Yerma",
virtuosismo en "Siempre es tarde" que parece una
visión especialmente particular de la estructura
fandangueril, o la sobriedad de la investigación
musical en la "Soleá de la luna coja".
En "Trasgo", de una inusitada belleza para ser
una composición de guitarra solista, da la sensación
de que Gerardo Núñez está haciendo
incursiones de forma definitiva en el conocimiento del mundo
de las sensaciones, porque hay que ver lo que despierta
esta breve pieza. Y el caso, es que da la sensación
de tratarse de un estudio por su brevedad. Claro que lo
bueno si breve.... Imagino que algún día nos
sorprenderá con el desarrollo de esta preciosa idea.
El quinto corte es "Nocturno", que comienza con
un vertiginoso picado, y posteriormente con apoyatura de
saxo nos hace imaginar la oscura noche de un pueblecito
levantino en una acera y el Manhattan de los años
50 en la otra.
El "Compás de amistad" es un ejercicio
al que en las sesiones de Flamenco-Jazz el maestro Gerardo
nos ha acostumbrado. Sobre el compás de bulería
nos pasea por la difusa línea que separa el flamenco
del jazz, aunque no tengo muy claro si esa línea
existe o se trata de un huertecito creado por estos músicos.
Un huertecito donde todo florece.
A excepción del cuarto corte "El templo del
lucero", todos los temas son cortitos, aunque los cinco
minutos que dura la soleá le parecerán un
suspiro a los amantes de la guitarra y del flamenco. Y es
que aquí y en el siguiente tema titulado "Canícula"
vuelve a jugar con las sensaciones.
Cierra el trabajo una obra que tiempo ha grabara Paco de
Lucía. "Ímpetu" de Mario Escudero
y que Gerardo Núñez interpreta con una solvente
técnica y un sonido escalofriantemente nítido.
Para "Andando el Tiempo", el guitarrista se hace
acompañar de músicos de la talla de Paolo
Fresu a la trompeta, de Perico Sambeat al saxo, de Mariano
Díaz al piano o del Cepillo a la percusión.
Y el resultado es un gran disco de guitarra, así,
sin hacer mucho ruido, como se hacen las cosas bien hechas.
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