Guitarrista ya reseñado en el pasado en Jondoweb, es Flavio Sala un artista de lo más peculiar. Intérprete de formación clásica y flamenca (no nos cansaremos de ensalzar esto como el tipo de guitarrista total del futuro) su toque se adapta a toda clase de repertorios y con la combinación de músicos que se le ponga por delante. Y para muestra lo que viene a continuación.
Toca reseñar su trabajo “De la Buena Onda”, disco básicamente pergeñado a base de versiones de legendarias piezas melódicas, no siempre guitarrísticas.
En esta ocasión él mismo se autodefine como “clásico” en los créditos. No es para menos. En primer lugar por su propia técnica, que aunque hemos comprobado en el pasado que “le hace a todo”, se decanta esta vez por exprimirse buscando sonido delicado, renunciando al compás estricto y en definitiva deglutiendo música que en la mayoría de los casos no alude ni remotamente al flamenco.
En segundo lugar por el papel que desempeña en la grabación, poniendo siempre el contraste de su timbre guitarrístico con instrumentos en su mayoría electrificados. Y ahí el cambio de rol es obligado, por muy flamenco que uno quiera ser.
Se puede decir sin miedo que en su última ent
rega Flavo Sala toca todos los palos, y no de flamenco precisamente, y siempre los consigue llevar a su terreno.
La música brasileña queda excelsamente compuesta e interpretada (si es que este término existe) en dos momentos. En la pieza que da nombre al disco, creada entre Sala y Antonio de Donato, música que también bordea al latin jazz. Y en segundo lugar en “Pixinguinha. Um A Zero”. Magistral epopeya para la guitarra de la cual el que escribe ya anda buscando partitura.
El jazz puro toma lugar con “The Heat of the Day” y “From Within”, de Pat Metheny y Michel Camilo. Dos temas legendarios, magistrales y sabiamente escogidos por Sala en un alarde de solvencia y gusto por la belleza sin más.
Un filón que no podía faltar es el de las bandas sonoras. “La Lista de Schindler” y “Cinema Paradiso” son recordadas con una brillantez escandalosa. Música de cóctel y evento, sí, pero que hay que arreglar debidamente sin que la falta de orquesta se note. Y aquí se demuestra un conocimiento en este terreno digno de mención.
El “Volver” de Gardel (me gusta más el arreglo de la película de Almodóvar), un bolero con las voces de Alain Pérez y el propio Flavio Sala; pasajes de Rossini y Ravel…en fin…el “acabose”.
El debate, por supuesto, sería calibrar si todo este muestrario de música variada se considera “menor” en manos de un intérprete que no es a su vez creador, salvo la excepción primera. Vamos, el eterno debate del flamenco que no sucede en otras músicas. En mi opinión, tocándose y adaptándose los temas originales a este nivel, no hay debates que valgan. Además, si el flamenco no es una continua versión y adaptación de un sustrato musical español de siglos de antigüedad, que baje Dios y lo vea.
Este disco vale su peso en oro. Aunque solo fuera por la originalidad de la elección y el brillante resultado de los experimentos. Yo, sin duda, iría a ver un concierto con este programa.
El flamenco, lo que nos toca, entra de refilón al principio del disco, en la larga y muy pianística versión de la “Canción de Amor” que hace veinte años Paco de Lucía llevara al disco y en una breve alusión a las bulerías “Ole” , también del maestro, en el comentado “Volver”.
Además de ello, no deja de sorprender la tremenda banda que Flavio Sala se lleva al estudio. Destacando sobremanera el plantel de flamencos “paqueros” (Jorge Pardo, Rubén Dantas, Carles Benavent, Piraña, Alain Pérez…) que secundan al italiano. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Disco virtuosístico a más no poder, de interesante potencial comercial y que sin duda es una muestra de varias cosas: solvencia del intérprete, estupendas relaciones públicas para saber rodearse de lo mejor del panorama musical, magistrales arreglos y pintoresca y sorprendente elección del repertorio. El éxito en los directos está más que asegurado.
Y ya que Flavio se atreve con todo haría un gran favor al cotarro guitarrístico aportando las partituras de las piezas, algunas de ellas un tesoro en los programas de cualquier concertista que se precie. Aunque solo fuera para el bis…