La primera vez que lo escuché
me quedé fascinado. Era en la previa del concurso
nacional de Córdoba y tocó por rondeña
de solista. Una rondeña muy sencilla, recuerdo, tocando
con mucho gusto y un sonido precioso sin saturar la guitarra.
Acto seguido salió un cantaor con un eco tremendo
y lo acompañó por soleá por bulería.
Increíble. Los que estábamos allí nos
miramos entusiasmados. Qué aire tan bonito, tan de
Graná, sin pretensiones exhibicionistas, tocando
corto pero generoso. Para el baile fue lo mismo, incluso
recuerdo la humildad con la que se levantó cuando
el jurado dijo basta, era obvio que pasaría a la
final. Ese día en un concurso que se llama de arte
flamenco, el arte lo puso un guitarrista gitano de Graná.
Emilio Maya tiene por fin su primer disco y le ha puesto
Temple. Como no podía ser menos sale en la portada
tocando su guitarra de Hermanos Conde con la Alhambra detrás.
No hay más que decir, a escucharlo inmediatamente.
La rumba lo tiene todo. Suena flamenca, tiene aire de rumba
y además las palmas y percusiones están muy
bien tratadas. La estructura es simétrica con dos
temas y un estribillo bonito en cada una de las dos partes
(nos recuerda el sonido de Madrid flamenquito de hace algunos
años). Emilio deja claro que es un guitarrista con
oficio que sabe armar una rumba en estudio: crear los temas
y las armonías, doblar las guitarras, dejar un hueco
para improvisar y demostrar su picao y su facilidad para
moverse en esos terrenos y sobre todo, atención:
hacer melodías sencillas, cantables. Además
conviene resaltar lo bien que entra y sale en la pequeña
modulación a tono de granaína (si flamenco)en
el primer tema (la rumba está en tono de taranta
fa # flamenco) y el color que esto le da a la rumba. Por
último señalar el buen hacer de este bajista
Joan Masana que termina de pulir el sonido creado por Emilio
en esta rumba fresquita. Esto que parece tan fácil
no lo hacen hoy los guitarristas, ¿será poco
moderno hacer una rumba como Dios manda?
Por la misma línea sigue la minera. Una exposición
con sonoridad flamenquísima da paso a un motivo “paquero”
que está perdonado por la honestidad con que toca
este guitarrista. El clima es excepcional hasta después
del trémolo. Parece increíble escuchar una
minera tan flamenca, tan sencilla y con un sonido tan bonito.
Destaca el carácter reposado, el ambiente que sugiere
Emilio Maya en este toque libre. Dice mucho de la personalidad
de este guitarrista que suena puro pero no duele, toca bonito
y no echamos de menos la fuerza. Ahí comienza la
parte a tres que en sus trinos finales nos suena a tarde
en el Albaicín y termina con un fundido que nos deja
con buen sabor de boca y oliendo a Graná.
En la bulería la cosa se pone seria. Emilio Maya
toca por bulerías muy bien señores. El aire
propuesto es Jerez y por momentos coge el compás
de seis y lo parte en dos para acentuar a la manera de un
vals(como hiciera el Niño Josele en su último
disco titulado “Niño Josele” pero más
sutil).La armonía es oscura y los motivos brillantes,
además tiene fuerza en los rasgueos y en los remates
( a pesar de que no es un guitarrista de fuerza , sí
que tiene aire ).El tono es mi bemol flamenco con la cejilla
al dos y la sonoridad es muy “paquera” pero
con su sello. Hace una rueda final (en la onda de Cañizares
en su "Pajarraca" de Noches de Imán y Luna).
Pero lo más sorprendente es
la propia construcción del tema que no está
compuesto por una sucesión de falsetas sino que es
un discurso por bulerías con sus puntos de tensión
y sus cambios de textura muy en la onda del último
Paco de Lucía. Sin duda este camino de investigación
demuestra que Emilio Maya es más que un buen guitarrista
de Graná (lo cual ya es mucho en mi opinión).
En esta bulería hay que dejar de decir lo bien que
toca este hombre para reconocerle su mérito como
compositor.
El zapateado es clásico. Pasa por todos los tonos
tradicionales de la guitarra flamenca (por arriba y su relativo
do mayor con el que termina por medio, por granaína,
por minera y por taranta) y en ese sentido es un estudio
admirable. Además utiliza también el sentido
de la bulería en algunas partes lo que le da la vidilla
necesaria ayudado por los pies de la bailaora Ana Cali.
Dos ritmos y seis tonalidades en una composición
que sin embargo suena tradicional. Muy bueno. Repito: hoy
nadie hace cosas así.
Los tangos tienen la voz de su paisana Marina Heredia y
en mi opinión son el tema más flojo del disco,
siendo un buen tema que suena flamenco. Ocurre aquí
una cosa especial :el motivo que hay justo antes del estribillo
no es bueno y está inmerso en una progresión
de cuatro frases con la respectiva cadencia que además
el amigo Emilio repite hasta en tres ocasiones pero a este
hombre (se pueden dar otros ejemplos del mismo fenómeno,
el paradigma es Pepe Habichuela) esto que en cualquier otro
guitarrista sonaría hortera, le suena flamenco. Personalmente
creo que es porque el remate es bueno y eso lo salva.
La rondeña Eshavira está interpretada a dúo
con Arantza Hernáez al chelo y es una pequeña
joya. En el trémolo empastan de una manera increíble
así como también en la parte final de la rondeña
a tres. Volvemos a reconocer la sonoridad oscura que caracteriza
a este guitarrista. Termina por bulerías dónde
se incorporan el bajo, las palmas y las percusiones y Emilio
no deja pasar la oportunidad de tocar un ratito por bulerías
en el tan agradecido y flamenco tono de rondeña.
Salitre se laman las alegrías y es que venimos de
la costa señores. Emilio Maya nació en la
costa granaína y por supuesto tiene aire por alegrías.
Sin embargo la sensación que me deja (con toda la
humildad del mundo) es que no está cómodo
componiendo (que no tocando) en tonos (mayores o menores)
que no sean el modo flamenco. Es decir siendo las alegrías
en mi mayor y la minera en sol# flamenco tonos vecinos en
los que puede utilizar la misma cantidad de acordes, Emilio
Maya siempre compondrá mejor por minera porque es
modo flamenco. Por otra parte las alegrías están
bien construidas en la línea tradicional (con su
picao al final de la falseta, una parte en menor en el centro,
etc) y destaca el diálogo con el bajo y como dobla
las guitarras para cambiar la textura.
El último tema es una fiesta por bulerías
con sus amigos de Graná. Emilio demuestra el gran
guitarrista de acompañamiento que es y además
nos deja un “falsetón” por arriba y el
sabor que tiene por bulerías.
Que alegría da encontrar artistas
así con ese respeto al flamenco haciendo cosas. Ojalá
que tenga difusión y no le falten las fuerzas para
continuar por ese camino tan lleno de verdad. Muchas gracias
Emilio Maya.
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