José María Velázquez-Gaztelu presenta
el disco indicando que Curro Piñana está en
el camino, en el buen camino, y que este camino que “ya
carece de regreso y se precipita ciego con el fín
de alcanzar una hipotética consumación. Así
que Piñana, en la encrucijada de una búsqueda
compulsiva, está siguiendo los pasos irreversibles
que lo arrastran al territorio donde el acento de ahora,
en un proceso que se adivina breve, va a coincidir con la
voz soñada.”.
Las vueltas que damos algunas veces para decir que no es
todo lo que debiera o todo lo que nos gustaría….
No obstante, debo aclarar que comparto ese mismo sentimiento
con Velázquez-Gaztelu. Si Curro Piñana no
es un cantaor que arañe por seguiriyas, por soleá
o por los cantes entroncados con lo popular (tangos, bulerias,
fandangos, alegrias), es sin duda por su tesitura de voz,
demasiado “payica” para el gusto general, incluyendo
el de Velázquez-Gaztelu.
Pero si algo ha demostrado Piñana hasta ahora es
ser una persona inteligente, así que para esta entrega
nos presenta una buena colección de cantes muy poco
oídos, alejados del sota, caballo y rey comercial
y dicharachero imperante. Esta es la diversidad del flamenco,
y por ende, la grandeza del arte, que existe para todos
los gustos y para cada momento.
Milonga, guajira, nana, taranta, mariana, murciana y levantica,
que se complementan con una malagueña del Mellizo
y otra de Gayarrito y que popularizó Bernardo de
los Lobitos, con unas cantiñas que se pasean entre
Cádiz y Córdoba, y una bulería de sabor
gaditano que rinde homenaje al “Cum Laude” del
compás, Chano Lobato.
Desembocar en el conocimiento de sus
propias facultades así como de sus limitaciones,
no nos engañemos, ya lo ha hecho, y lo asume con
este disco que es tan valioso por sus formas cantaoras como
por su producción musical, de una cuidada elaboración
y de una excelente calidad.
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