Daniel Casares es un joven guitarrista nacido en 1980 en
la ciudad Malagueña de Estepona, considerado desde
muy joven como una gran promesa de la música flamenca.
Y esta vitola se le cuelga al ganar en 1997 el Bordón
Minero en el trigésimo séptimo Festival de
Cante de las Minas de la Unión.
Aparece este año la obra prima de Daniel con una
gran expectación de los que siguen su carrera artística,
llena de éxitos y reconocimientos hasta el momento.
Y bien merece este músico que estemos pendientes
de su andadura, porque sin duda va a tener muchas cosas
que contar.
El primer corte titulado “Cantinela” son unos
Tangos muy bien orquestados, quizá en exceso, con
estribillo pegadizo, de los que están tan de moda.
Sigue con “A caballo”. El nombre está
relacionado con el galope del animal por la cadencia que
predomina en todo el corte. Lo identifica Casares como Buleria
al golpe. Pese a la desafortunada denominación del
palo se trata de un tema movidito y con buen gusto.
Con los tangos “Corazón de tu alma” que
dan título al trabajo, volvemos a encontrarnos con
cierto exceso de orquestación, pero esta vez con
un poso más flamenco. Eso sí, modernito...
Muy a lo Vicente Amigo, buscando fijar la armonía
en lo pegadizo. Y al final, el cante, que estaría
de más si el tema estuviera mejor estructurado. Da
la sensación de que es un relleno, porque cuando
éste llega, el desarrollo ya está hecho y
no hay mucho más que decir.
“Añoranza” es una composición
bonita que no acaba de ser redonda, seguramente, por un
exceso de intenciones. Y “Serensenseño”
es estilísticamente parecido a algunas de las vertiginosas
creaciones del maestro Serranito con oportuno apoyo de flauta
en algunos remates. Sigue “La estrella” etiquetada
como Tangos de difícil tesitura, entre otras cosas
porque no son tangos. Daniel debería seleccionar
mejor a sus cantaores en función del tema, ya que
Irene Salas parece desafinada en esos tonos, aunque realmente
no esté fuera.
En la soleá dedicada al Maestro Antonio Rojas hace
alarde de un interesante juego sobre el compás, de
excelente gusto y de un sonido límpido. Tiene un
concepto musical interesante, pero apenas nos permite disfrutarlo
porque está más preocupado de la técnica
que de la música.
El disfrute se convierte por instantes en sufrimiento en
“La parrillada”. Bulerias trepidantes que me
hacen pensar en el Paco de Lucía más actual,
y que se alejan de este concepto al pretender un final impactante,
pero falto de fraseo.
“Hijos rebeldes” son unos tangos lentitos, con
rupturas sobre la armonía que no ayudan a la audición,
quizá preocupado de demostrar lo rápido que
puede llegar a tocar. Lo mejor del disco, a mi parecer llega
con “Pellizquitos gaditanos”, unos tanguillos
donde realmente sale el músico. Las amplias posibilidades
armónicas del tanguillo le permiten dejar aflorar
su verdadero discurso musical, sin ninguna estridencia,
demostrando sus grandes facultades técnicas y una
cultura musical abierta y plural.
“Una nana” es eso, una nana, que si no es habitual
que se grabe con una guitarra solista, tampoco es una nana
al uso. Más bien se trata de un ensayo, sin forma,
que utiliza fórmulas armónicas con las que
Casares se encuentra especialmente a gusto, y esto se nota
porque la mayor carga de sentimientos la deposita en la
falta de ritmo, dejando que permanezca en el recuerdo inmediato
la belleza de las notas arrastradas en el espacio.
Un disco técnicamente impecable, con un glosario
que invita a la meditación : 4 tangos, 1 tanguillo
y una rumba, 2 bulerias, nana, soleá y el tema "Añoranza".
Realmente, Daniel es una gran promesa para el flamenco,
aunque intuyo que la madurez artística la alcanzará
pronto, cuando su prioridad sea la música y no sea
demostrar todo lo que sabe hacer.