Entre tanta modernidad, tanto estribillo
pegadizo y liviano, tanto flamenquito moderno de voz enlatada
y gris; entre tanta indolencia comercial y facilona, y tanta
música superficialmente dificultosa, nos encontramos
con la recuperación de cantes y toques que tuvieron
lugar en el directo de TVE, durante la serie Rito y Geografía
del Cante, ahora llevados a Cd, anteriormente llevados al
video. Y la verdad es que a la vista de lo que tenemos,
viene bien recordar cómo era el flamenco de años
pasados, que no lejanos, y así poder observar la
evolución de este Arte, que no hacer balance.
Los fandangos de Caracol han resultado ser verdaderas
joyas de museo, por nadie igualados y por todos admirados.
Su personal forma de interpretar los distintos estilos que
dominaba, convierten en ardua la tarea de identificar el
patrón del que parte. Aún así, se conocen
como autores de algunos de los que interpreta aquí
al Almendro y al Chato Mendez.
Continua con Soleá de Joaquin el de la Paula, una
solearilla corta y remata con una aportación personal
para la que elige la letra “Qué doble de campana”.
Un excelente Melchor de Marchena pone la guinda a este regalo
de misterio y nerviosa sobriedad. En la seguiriya “A
clavo y canela” de Manuel Molina, se presenta un Caracol
barroco y preciosista, sentido y profundo, pero es en la
segunda parte, cuando termina con la de Manuel Torre donde
encontramos a un maestro dolorido y desgarrado.
Sigue una serie de Fandangos con su hijo Enrique, donde
aparecen los fandangos de Caracol y remata
con otro de los fandangos caracoleros que se caracteriza
por los préstamos que adopta de la malagueña
del Mellizo; sobre todo al final.
De fondo, encontramos una serie de aficionados que no pueden
ni quieren reprimir su emoción y estallan constantemente
en Olés. Una ambientación lejana al silencio,
pero muy entroncada con la realidad del verdadero flamenco,
donde el oyente interactúa con los artistas.
El disco no tiene desperdicio. Sigue un Perrate de Utrera
exultante acompañado por Pedro Peña con tientos,
todos de Cádiz, incluyendo el ampliamente conocido
con la letra “Guerra”. En la soleá, encontramos
un flamenquísimo Diego del Gastor a la guitarra,
de acompañamiento sobrio, reposado y matizado. Perrate
empieza con Juaniquí, Frijones, Ramón el Ollero,
y sigue moviéndose entre Lebrija, Alcalá y
Jerez.
Después hace los Tangos de Málaga, del Piyayo,
tan de moda en los años 70 entre los aficionados.
Seguiriyas de Jerez y una de cambio, para terminar por Bulerias,
con la música que Mairena utilizó para musicar
algunos romances con remates más o menos conocidos
como jerezanos.
El documento lo completa una completa muestra del toque
por Alegrias, Seguiriyas, Soleares y Bulerias que nos envuelven
en el sonido rancio y profundo de Diego el del Gastor.
Lo dicho.... No tiene desperdicio.
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