El Centro Andaluz de Flamenco,
(C.A.F.), ha tirado de su fondo discográfico para
ofrecer a los aficionados una extraordinaria joya. Se trata
de un estuche que contiene dos CD's con grabaciones rescatadas
de cilindros de cera, el formato estándar anterior
a los discos de pizarra.
Este trabajo despierta sumo interés por la calidad
de las fuentes, perfectamente remasterizadas, por la cuidada
y esmerada presentación, por el valor documental
de los archivos sonoros y por la selección de los
mismos.
Viene acompañado de un libreto en el que se cuenta
la historia del fenómeno tecnológico del gramófono,
por lo que se echa de menos información relativa
a los cantes y los cantaores que intervienen.
En este trabajo se hace palpable la gran evolución
que ha sufrido el cante flamenco y la guitarra de acompañamiento.
Encontramos un número considerable de Tangos, Malagueñas,
Cartageneras, una Murciana, Soleares, Seguidillas, Serranas,
Guajiras, Peteneras y Saetas entre otros, en las voces del
Mochuelo, Manuel el Sevillano, Paca Aguilera, Rafael Moreno
el de Jerez y algún que otro desconocido.
Su
mayor utilidad no es la de desmitificar lo que tradicionalmente
se ha contado, pero ayuda. Que la Murciana sea prácticamente
un verdial nos da una idea de la procedencia del cante levantino,
que la serrana, la soleá, la seguiriya tengan la
misma estructura musical y tonal nos hace pensar en la posible
antigüedad de estos registros, que las guajiras se
acompañen como si fueran sevillanas es algo anecdótico,
pero que tenga tanto parecido con algunas músicas
autóctonas de algunos pueblos andaluces nos hace
reflexionar sobre la aceptación de este cante en
muy poco tiempo hasta adaptarse a la cultura popular de
la región. Claro que también debemos poner
en tela de juicio el conocimiento real de estos cantaores
en todos los palos que ejecutan.
En cualquier caso, hacen falta muchos documentos como este
para intentar poner algo de luz, si no al origen, sí
al desarrollo del flamenco.
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