El año que tuvo lugar la guerra de
los seis días entre Israel y los países Arabes,
que se formó la internacional banda Status Quo, que
en Sudáfrica se realizó exitosamente el primer
trasplante de corazón y que la masacre de San Juan
en el cerro boliviano de San Miguel apenas levantó
un par de ampollas, andaba cantando por la Venta de Vargas
un Camarón ajeno al sufrimiento ajeno, porque bastante
tenía con salir adelante él solito.
Como se explica en los créditos del disco, los cuatro
primeros cortes se grabaron en una especie de recibidor
de la Venta acompañándose él mismo.
La calidad de estas grabaciones es inmejorable, ya que se
aprecian todos los matices de la esplendorosa e impactante
voz del de la Isla.
Yo no me puedo imaginar lo que debían sentir lo
aficionados de la época al escuchar a este joven
cantaor. Una voz absolutamente distinta a lo que entonces
existía con una incipiente estética personal
al abordar tanto los cantes más tradicionales como
los menos escuchados. Incipiente estética que a la
postre se convertiría en el trampolín del
flamenco más vanguardista.
El resto de las grabaciones tienen lugar en una de las
dependencias de la venta acompañado por la guitarra
de Manolo Brenes, y gozan de bastante menos calidad, aunque
la intervención de Camarón es simplemente,
genial. Un alarde de sabiduría, de aire, de arte,
de… Un viejo, vamos… un viejo de 17 años.
Y como todo hay que decirlo, podemos comprobar con sus
últimos conciertos, que José no había
evolucionado tanto a pesar de su extensa andadura. Pero
eso es otro cantar, porque el gusto cambia y la voz condiciona
siempre…
Pero cantar por levante rompiéndose, con esa profundidad,
con ese rajo, es sin duda, sobresalientemente flamenco.
Lo mismo podemos decir de los fandangos caracoleros con
una garganta morfológicamente distinta a la de Caracol.
¿Y de quién había aprendido Camarón
a cantar por seguiriyas de esa forma? Sin duda, después
de tanto escribir sobre este artista, muchos de los tópicos
que siempre se han barajado, se han caído o deberían
haberlo hecho. Uno de ellos es la creencia de que uno de
sus fandangos más característicos los aprendiera
en Madrid. Nos encontramos ante el vacío de una necesaria
revisión.
En los fandangos del corte cinco, es interesante el cambio
de tercio improvisado que tanto el cantaor como el guitarrista
desarrollan desde la seguiriya más prometedora.
Es evidente que a Madrid llegó José con “tó
aprendío”, y con muchas, muchas grutas de años
en la caverna de su alma.
Pero, ¿dónde aprendió Camarón
a cantar por levante, que ni Brenes le pilla el aire? Ojo,
que tenía 17 años y ya tenía en su
repertorio cantes que ni estaban en boga ni eran considerados
jondos. Que ya hacía falta tener las cosas claras
si uno quería vivir del cante …
¿Y el taranto…? Con la subida en el cuarto
tercio, como en posteriores grabaciones no llegó
a hacer.
¡Y cómo se quejaba por seguiriyas, Madre mía!
Ligando el cante, con su ay, su leve respiración,
su voz libre, soltándola, pero “recogiíta”,
y su cambio…
Porque es cierto que todo lo de Camarón es bueno
si de vender se trata, pero este disco no es un disco más.
Este disco, además de ser un testimonio, es una sublime
demostración del mejor cante de aquel que fue un
magnífico aficionado en el año 67, un genial
cantaor en el año 87 y un mito en el año 92,
que dura hasta nuestros días, y que durará
mientras exista sensibilidad.