El Instituto de Estudios Almerienses y Cajamar,
aúnan su esfuerzo para que esta obra de Eusebio Rioja
y Javier Suárez-Pajares vea la luz.
Julián Gavino Arcas Lacal (María
(Almería), 1832 - Antequera (Málaga), 1882),
es bien entendido el pionero del concepto actual de guitarrista
de concierto. Compositor de un gran número de piezas
clásicas, consiguió en una época en
la que los medios de comunicación eran escasos y
de liviano impacto, ser un afamado guitarrista y compositor
clásico, así como guitarrista flamenco.
Se descubre en este libro la figura de este
ilustre almeriense, ayudándonos a conocer la dimensión
artística del guitarrista favorito de la reina Isabel
II, que fue nombrado Maestro Honorario del Conservatorio
de Madrid e investido como Caballero de la Real Orden de
Carlos III, profesor de Francisco Tárrega, entre
otros, y amigo personal de Antonio de Torres, cuyas guitarras
pasearía en todas sus giras artísticas. De
igual forma quedó descubierta su afición por
el toque flamenco acompañando al Marmolista en un
mano a mano con Juan Breva.
Toda una joya documental, que los autores
nos dejan como un legado indispensable de nuestra cultura
musical.
La presentación de la obra
se enmarcó en una jornada inolvidable en la Excma.
Diputación de Almería, donde confluyeron personas
de distinta afición y preferencias musicales. Se
inició en el salón de plenos con una conferencia
de Félix Grande, reputado escritor, sobre todo en
foros flamencos, y enmarcado por los foros literarios en
la generación del 50. Un gran orador que nos regaló
60 minutos de sensibilidad y buen gusto. Preciosista en
sus formas y conocedor del significado de la palabra "arte",
en estas IV Jornadas Literarias organizada por el departamento
de Arte y Literatura del Instituto de Estudios Almerienses,
quiso reivindicar la importancia de la poesía anónima
flamenca como manifestación cultural, ya que nunca
ha sido recogida por los técnicos en los libros de
texto ni ha sido objeto de estudio en los foros universitarios.
Posteriormente, y sin tiempo para el coloquio, pasamos al
Patio de Luces para asistir a la presentación del
libro que nos ocupa sobre Julián Arcas. Eusebio Rioja
hizo un discurso afable y desenfadado sobre el libro y el
artista, y presentó a Carles Trepat que con una guitarra
de Antonio de Torres hizo un demostración sobresaliente
de lo que debió ser el sonido de Arcas hace 140 años.
Resultó interesante ser testigo de
un encuentro histórico en Almería. Asistimos,
sin pretenderlo, a un punto de encuentro de culturas y atemporalidad.
Clásicos, flamencos, poetas y constructores de guitarra
juntos en un patio de butacas expectante y respetuoso. Quién
hubiera dicho hace algún tiempo que sería
la figura de Arcas la que recogería tan intensamente
esta conciliación. Arcas, al que en justo homenaje
desde la casa Consistorial quisieron dedicarle una calle
en Almería cambiándole el nombre de Julián
por Juan.
Hoy, y subsanado el error con una plaza,
aún existiendo la calle Juan Arcas donde un buen
amigo tiene una imprenta, acogemos con satisfacción
y orgullo este importante trabajo con el que aprenderemos
algo más de nosotros mismos.
Eusebio Rioja, de cuya amistad me jacto,
por lo que el lector no debe esperar objetividad alguna
en mis comentarios sobre su persona aunque me esfuerce en
ello, es un hombre bueno, honesto consigo mismo, que es
con quien uno debe serlo, amigo de sus amigos y melómano
incondicional. Dedicarle unas palabras suponía para
mí una asignatura pendiente que espero reprobar en
éste instante.
Tuve la oportunidad de conocerlo hace años,
cuando en los albores del Certamen Internacional de Guitarra
Clásica Julián Arcas contamos con él
para que viniera a hacer una disertación sobre el
guitarrista y de esta
forma, es decir, con una conferencia de la máxima
autoridad sobre el artista de María, se justificara
el nombre del Certamen y se reivindicara la figura de Arcas.
La negociación con Eusebio, que personalmente
llevé a cabo, se podría describir como sincera
y cálida. Nuestro presupuesto era irrisorio y era
una incógnita qué tipo de incentivo ofrecerle
para conseguir su
motivación. Bastó con la palabra mágica
"Arcas" para que Eusebio se volcara con nuestro
proyecto y el tema económico pasara sistemáticamente
a un segundo plano. En el fondo, creo que hasta hubiera
asumido los
gastos del viaje con tal de echarnos una mano. Eusebio dio
una conferencia ejemplar y fue en este instante cuando los
almerienses descubrimos que una vez más, nuestra
desidia y falta de interés por nuestra cultura nos
ponía en evidencia. Este malagueño de aspecto
serio y noble vino, nos enseñó y se fue.
Ahora, pasado el tiempo, y con su obra impresa,
producto de muchos años de investigación,
quiero agradecerle como almeriense y como aficionado su
pasión y su trabajo, y como amigo, su amistad y su
flamencura.