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Pa grabar la Antología
vino a buscarme Perico el del Lunar ; me dijo que habían
venío unos franceses a grabar los cantes antiguos,
y me llamó este Perico pa que cantara esos cantes
por soleá que ya no se cantaban.
[…]
Y esta fue la primera vez que se le puso a una grabación
el título de « Antología flamenca
».
Pepe El de La Matrona, Recuerdos de un cantaor
sevillano, Madrid, 1975, págs. 159-60.
Después
ya hicieron otras antologías. Mairena hizo la
suya, Caracol, el de la Matrona. Pero la primera fue
la que hicimos con Perico el del Lunar y los franceses
que vinieron, que luego tuvo un éxito bárbaro,
sobre tó en el extranjero, porque en Francia
le dieron el premio de la Academia del Disco y en el
mundo entero se vendieron antologías.
Las Mil y Una Historias de Pericón de
Cádiz, Madrid, 1975, pág. 68.
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Las grabaciones
de la Antología llamada de Hispavox se
hicieron en Madrid en la primavera de 1953, y
el estuche de tres microsurcos salió en
París bajo sello francés en junio
de 1954. Hizo época, como sabemos, y sigue
en el mercado después de casi medio siglo,
lo que es excepcional. Con esas fechas de 1953
y 1954 nos encontramos en las cercanías
de su cincuentenario, lo que permite no sólo
celebrar su jubileo, sino también publicar
información nueva sobre ella.
Hace dos años tuve la
suerte de poder identificar a su iniciador francés,
Roger Wild, y reconstruir lo esencial de su génesis.
Eso fue posible en gran parte gracias a la hija
de Roger Wild, la señora Frédérique
Prud’hon, quien con perfecta generosidad
y cordialidad puso a mi disposición y a
la de la revista Candil la información
escrita y oral en su poder (1).
Se mereció así nuestras más
sentidas expresiones de gratitud.
*
Roger Wild nació en 1894
en la ciudad helvética de Lausana, en la
ribera norte del Lago de Ginebra, de padre suizo
y madre castellana, que se habían conocido
en Madrid. Ya antes del nacimiento del niño,
su padre había solicitado la nacionalidad
francesa y, después de obtenerla, la familia
se trasladó a Francia en 1898.
A los ocho años, en 1902,
el joven Roger estuvo durante algún tiempo
en casa de su abuelo materno, José Fernández,
en Aranda de Duero, y también en Madrid,
donde este último al parecer llevaba «
un pequeño establecimiento de flamenco
». Años más tarde, medio bromeando,
Roger Wild explicaba que su abuelo, sin enterarse,
probablemente había contribuido su mijita
a la decadencia del cante denunciada por Manuel
de Falla en 1922, y que, con la Antología,
él mismo había intentado reparar
parcialmente el daño así hecho.
Hacia 1911 ó 12, mientras
su madre, con mucha sabiduría y previsión,
le hacía ingresar en la empresa Thomson,
Roger Wild entró también en aquella
ilustre universidad internacional, bohemia y creativa,
que era el barrio de Montparnasse en el París
de entonces. Tuvo contactos con los pintores Modigliani
y Pascin, con escritores como Max Jacob y André
Salmon, y con Picasso en Montmartre. Su vocación
era la pintura y el dibujo, y sus temas favoritos
fueron la danza clásica, el mundo del circo,
los toros y, por supuesto, España, mayormente
la España de abajo : la del pueblo y de
los pueblos. Siguió pintando y dibujando
durante toda su vida, haciendo exposiciones regularmente,
y decorados y vestuarios para la Ópera(2).
Al estallar la Primera Guerra
Mundial, Wild optó definitivamente por
la nacionalidad francesa, y pasó los cuatro
años del conflicto en infantería.
Sobrevivió a la gran matanza y volvió
a la vida civil en 1918, con la Cruz de Guerra
y un amor inmenso por la vida.
En los años 20 y 30 hizo
varios viajes a España, mientras en Francia
establecía contactos amistosos con Georges
Hilaire, el primer francés que percibió
el tríptico del cante, del baile y del
toque como un conjunto homogéneo y una
cultura digna de exploración. Una de las
estancias de Wild en España tuvo lugar
en 1936 en Barcelona, donde pasó unos meses.
Era la Barcelona del primer año de la Guerra
Civil, evocada más tarde por George Orwell
en Homage to Catalunia y por la película
de Ken Loach, Land and Freedom (« Tierra
y Libertad »). El objetivo de Wild era,
por supuesto, darse cuenta de lo que estaba empezando
allí, pero no se sabe más y volvió
a Francia.
Después de la Segunda
Guerra Mundial, Wild logró en la Thomson
responsabilidades altas como director de publicidad
y relaciones públicas. Eso le dio la oportunidad
de crear una pequeña editorial, las Éditions
du Tambourinaire, que primeramente produjo material
publicitario y catálogos, y que Wild más
tarde pudo utilizar para lo suyo(3)
. Durante aquella época, una sección
de la Thomson se dedicaba a la producción
de aparatos de radios, tocadiscos y discos de
calidad, bajo el sello Ducretet-Thomson. Dentro
de ese marco la Antología vio la luz, gracias
a la afición y perseverancia de Wild y
a circunstancias favorables.
La idea de hacer algo para continuar
la lucha de Falla en pro del cante ya circulaba
en su mente en 1947 (4),
pero los primeros años cincuenta trajeron
oportunidades nuevas. La más decisiva fue
la invención en los Estados Unidos y la
llegada a Europa del microsurco, que permitía
librarse de los límites fatídicos
de los tres minutos. Ese sistema empezó
a propagarse en Francia en 1951 (5).
Otra circunstancia favorable fue que la dirección
artística de los discos producidos por
la Ducretet-Thomson recayera en Serge Moreux.
La orientación personal de ese último,
un señor de cultura muy abierta, era mayormente
hacia la música clásica, y se interesaba
en particular por los compositores españoles.
Se le debió también poco más
tarde la publicación de una Anthologie
de la Musique classique de l’Inde, producida
en 1955 por la Ducretet-Thomson con un prólogo
de él mismo. Esa antología fue otro
primer paso histórico y otro monumento,
cuyo contenido y presentación vinieron
a cargo del especialista francés Alain
Daniélou, y que sigue en el mercado hoy
también(6).
Por otra parte, en la Francia
de los primeros años cincuenta, se podían
percibir varios síntomas de un interés
nuevo por lo español(7).
Año tras año, compañías
de ballet espagnol venían a París,
con Pilar López, Antonio, Mariemma, Luisillo,
José Greco y otros. Sus programas generalmente
incluían un rincón flamenco de unos
veinte minutos, que era lo más aplaudido
del programa, y dejaba a parte del público
con ganas de más. Al mismo tiempo, en París
y otras ciudades, refugiados de la Guerra Civil
seguían manteniendo su afición viva,
y ocasionalmente se producían en espectáculos
privados (en uno de ellos, en junio de 1949, pude
por primera vez, pienso, oir cante de calidad).
Desde 1949 Yves Montand tenía en su repertorio
una canción muy sugestiva de Léo
Ferré, « Flamenco de Paris »,
sobre el tema de la supervivencia de esa afición
en el exilio(8).
Entre eso, la influencia difusa de dos grandes
guitarristas cíngaros, Django Reinhardt
y Henri Crolla, y las dificultades que encontraba
el jazz en un período de transición,
entre el be-bop y el rock, había como una
espera de algo español, con tal de que
se mantuviera a distancia de lo vulgar y de lo
dudoso, que circulaban también.
En 1952 la Ducretet produjo y
puso en venta un primer microsurco « flamenco
» de 30 cm., bajo el título de «
Joies et Peines d’Andalousie » («
Alegrías y Penas de Andalucía »),
que fue galardonado en junio por la Academia Charles
Cros(9).
El disco consiste en solos de guitarra de Luis
Maravilla y cantes de Pepe Valencia (con Luis
al toque), ambos entonces de la compañia
de Pilar López. Está hecho con buen
gusto y sin vulgaridad, pero peca a veces de un
doble exceso, de sentimentalismo y de virtuosismo.
Necesariamente, durante ese año de 1952,
y quizás a raíz del éxito
de ese disco, fue tomada la primera decisión
de ver en España si se podía realizar
un proyecto más ambicioso. Una vez tomada,
Roger Wild se fue para Madrid, casi seguramente
con Serge Moreux y un técnico de grabación.
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| Naturalmente
la Thomson tenía contactos en España.
Uno de ellos era Ezequiel Selgas, un empresario
al parecer muy rico, que había conocido
a Pepe de La Matrona decenios antes. Selgas tenía
en su propia casa en Madrid estudios de grabación
modernos, que parecen haber representado parte
de su inversión personal en la EXA. Esa
última empresa se dedicaba principalmente
a la sonorización cinematográfica,
aunque incluía también una pequeña
sección discográfica, la Hispavox,
dirigida por J.M. Vidal Zapater(10).
Por otra parte, un ingeniero de origen francés
establecido en Madrid, Francisco Brandon, pudo
orientar y aconsejar a los enviados de la Thomson.
Al final las grabaciones se hicieron en los estudios
de Selgas, y los discos salieron en Francia con
la mención « Licence EXA ».
Eso significa que los derechos para España
habían sido reservados, y se sospecha un
intercambio neto entre el uso libre de los estudios
y esos derechos. Los sueldos de los artistas,
se puede suponer, corrieron a cargo de «
los franceses » : el proyecto era de ellos.
Se puede reconstruir en parte
la vertiente artística de estos preliminares.
Se buscó primeramente la colaboración
de Luis Maravilla, debido sin duda al éxito
del disco de 1952 ; pero el guitarrista se encontraba
de gira con Pilar López. Hay también
un rumor de que se contempló la posibilidad
de recurrir a Antonio El Chaqueta que, aunque
era un gran cantaor, no tenía el perfil
adecuado para dirigir un proyecto grande(11).
De la manera más afortunada que se pueda
imaginar, la elección recayó en
Perico del Lunar, que era el hombre ideal para
la tarea. Puede ser que Wild ya conociera a Perico
de antes o que en Madrid se le presentaron en
Villa Rosa, que era la bolsa permanente de los
talentos « flamencos » en la capital
: allí paraba diariamente Perico y era
uno de los mandamases, quizás el de más
prestigio.
Perico actuó en la Antología
como tocaor único. También fue él
quien eligió y reclutó los cantaores
uno por uno, como solía hacerlo a menudo
en Villa Rosa para las fiestas de los señores(12).
Aparte de esto, sus competencias se extendían
en tres direcciones de importancia esencial :
conocía de modo detalladísimo el
mosaico disperso de los cantes ; siguiendo la
línea de Silverio y de Chacón, había
definido un repertorio selectivo y variado de
cantes presentables para clientes exigentes ;
y sabía a la perfección, entre profesionales
consagrados y nuevos talentos, quién mejor
conocía e interpretaba cada cante. Eso
era el resultado de una vida de dedicación
al cante y, con su profesionalismo y una combinación
muy suya de rigor, diplomacia, y gracia jerezana,
era por los cuatro costados el hombre ideal para
tal empresa.
Tomás Andrade de Silva
se sitúa algo aparte. Puede ser que Wild
le conociera de antes, y que Andrade le condujera
a Perico hasta Villa Rosa. Por otra parte, en
Francia como en España, una operación
de recuperación y promoción de esa
envergadura no se podía imaginar sobre
la única competencia de un simple guitarrista,
pues eran considerados como subalternos de los
cantaores (y peor remunerados). Se necesitaba
de modo absoluto para el público –
y para los críticos – un fiador o
garante que perteneciera oficialmente al mundo
de la cultura. Ahora bien : Andrade era sevillano,
catedrático en el Real Conservatorio de
Madrid, y buen conocedor de los cantes(13).
No se sabe quién sugirió su nombre
a quién, pero fue el encargado de redactar,
sobre la base de información facilitada
en gran parte por el mismo Perico, el comentario
de presentación de los cantes. Se le atribuyó,
oficial y públicamente, la dirección
artística del proyecto, pero no cabe la
menor duda de que, por detrás de ese indispensable
montaje, la Antología fue obra de Perico
: en ella ayudaron muchos pero la hizo él.
Necesariamente, los futuros contenidos
se negociaron directamente entre Wild y Perico,
con probables intervenciones de Serge Moreux en
algunos detalles. Una hora de conversación
con Perico sobre los cantes no podía dejar
la más mínima duda sobre su conocimiento
de ellos, y « los franceses », después
de explicarle lo que deseaban, casi inevitablemente
se conformaron por completo con lo que les propuso
(aunque hubo de haber un pequeño problema
en lo que se conoce como la serrana completa(14)
). No se sabe si Andrade tomó parte en
esas discusiones, pero parece muy probable que
sí : sobre los cantes presentados, su pluma
reflejó más tarde lo que en esencia
le decía Perico.
*
Después de que Wild pasara
algún tiempo en Madrid ocupado en esas
negociaciones, volvió a París, e
hizo en la Ducretet-Thomson una relación
oficial de la que tenemos su propio resumen(15),
con fecha 23 de abril 1953. Su tema central era
que, con los medios técnicos disponibles
en Madrid y el programa de las grabaciones, se
podía ir adelante, y concluyó como
sigue :
Lo propuesto es enteramente original,
a gran distancia de las españoladas del
tipo habitual. Hubiera satisfecho por completo
al lamentado Manuel de Falla, gran admirador del
cante jondo, en la fuente del que él mismo
bebió, y quien en 1928 [sic] había
organizado en Granada un ambicioso Concurso con
el fin de rescatar lo esencial de esa herencia
artística, que veía amenazada en
su pureza de antaño, debido a una comercialización
intempestiva.
La decisión de realizar
el proyecto fue tomada aquel día o poco
más tarde. Dos ingenieros de sonido, Charlin
y Morel, hicieron el viaje de Madrid con Serge
Moreux, quien dirigió las tomas de sonido
con micrófono en mano e, inevitablemente,
Roger Wild(16).
Un pequeño texto en francés
imprimido dentro del estuche explica lo siguiente
:
Las grabaciones se extendieron
durante ocho noches seguidas, en las que los técnicos
esperaron pacientemente la llegada de momentos
de inspiración. En grabaciones como ésas,
el estudio no es un sitio donde los artistas están
a disposición de la técnica, pero
se transforma en un lugar de ambiente gitano en
que la atmósfera flamenca crece poco a
poco, en sesiones que duran de seis a ocho horas,
cuando su duración normal es de tres horas.
En la medida en que tales detalles
garantizaban la espontaneidad y la naturalidad,
iban a agradecer a una clientela que se inclina
casi siempre hacia concepciones románticas
de la inspiración. También era frecuente
entonces que los estudios de grabación
reflejasen una frialdad casi polar que obligaba
a hacer algo para darles vida. Pero el texto que
acabo de citar me deja ligeramente escéptico.
Una escucha atenta de la Antología revela
en cada corte la presencia a lo sumo – y
excepcionalmente – de dos jaleadores, más
a menudo de uno sólo, y muchas veces de
ninguno. Nada hay en eso de atmósfera de
juerga : estamos entre profesionales.
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| (1) Se han depositado en
el Centro Andaluz de Flamenco en Jerez fotocopias de los
documentos que me facilitó Doña Frédérique
(Donación Roger Wild). En el texto del artículo
y en lo que sigue, todas la traducciones al castellano
son mías. (2)
Algunos de esos detalles vienen mencionados en las reseñas
sobre Roger Wild en el Grand Larousse Universel y el
Grand Larousse Encyclopédique.
(3) « Tambourinaire »
es la palabra local para tamborilero en Provenza, particularmente
en la zona de Arles. Los varios volúmenes sobre
temas españoles producidos por la citada editorial
son ilustrados por Wild y enumeran los títulos
ya publicados antes como otros en preparación.
(4) La mencionó en 1947,
durante una gira en España, a Jean Babelon, que
era uno de los jefes de departamento de la Bibliothèque
Nationale y que en 1953-4 colaboró en la traducción
de la presentación de los cantes.
(5) Debo esa fecha, así
como otros detalles sobre la discografía de entonces,
a la gran cortesía del señor Alain Fantapié,
el actual presidente de la Academia Charles Cros.
(6) Ducretet-Thomson, 320 C 095-8,
hoy disponible en tres cedés del sello Auvidis.
(7) Sobre esa época, se
encontrarán más detalles en una microponencia
mía del XXI Congreso, París, 1993 (Actas,
págs. 297-8), publicada de nuevo en La Caña,
n° 26, 1999, págs. 45-7 ; y también
(con tratamiento más amplio) en mi presentación
reciente de Grabaciones en París, 1956-9, Rafael
Romero, Juan Varea, Perico del Lunar (El Flamenco Vive,
sin número, 2003).
(8) Sigue el texto (en traducción
mía) de las dos primeras estrofas : « No
me dijiste / Que las guitarras del exilio / Suenan a
veces como un clarín / Tú, amigo español
de la « rue de Madrid » / Que encontré
el otro invierno con una flor en los labios. // No te
dije yo / Que las guitarras de París / Pueden
aprender tu cantar / Tú, amigo español
[etc. como arriba] ». La música incluye
valiosos esfuerzos de Henri Crolla, que era un cíngaro
de Nápoles, para imitar el rasgueado gitano-andaluz,
mientras la línea melódica en conjunto
refleja la cadencia andaluza.
(9) Información debida
al señor Fantapié. El disco salió
en Francia con el número LP 8256 y el sello Ducretet-Selmer.
Lo compré en Londres en 1955 ó 1956 con
la marca « Ducretet-Thomson London Records »
(London era un sello de Decca).
(10) Lo esencial de esa información
procede del libro de J.M. Gamboa, Perico del Lunar […],
Córdoba, 2001, pág. 25-51, completado
por los documentos de Wild.
(11) V. Gamboa, pág. 25-6
; y Ramón Soler Díaz, Antonio El Chaqueta
[…], Madrid, 2003, pág. 64. Aparentemente,
« los franceses […] fueron a la Feria de
Sevilla a hablar con él », pero «
vieron que con él no tenían nada que hacer
». Sospecho que, en abril, los contactos con Perico
ya habían sido establecidos, pero que el viaje
a Sevilla se hizo (en parte) por si acaso.
(12) Pericón añade
detalles y dice de Perico : « él mismo
nos iba diciendo los cantes que debíamos hacer
» (loc. cit.).
(13) Hubo un riesgo evidente
de dificultades entre Andrade de Silva y Manuel García
Matos. Ambos pertenecían al Real Conservatorio
de Madrid, pero García Matos ocupaba una posición
más eminente, y tenía publicaciones de
alguna sustancia sobre el estudio del « flamenco
». Una consecuencia probable fue la gran discreción
de Andrade, en aquel tiempo y más tarde. También
Perico mantuvo mucho secreto alrededor del proyecto
: Selgas dijo a Matrona que él mismo no sabía
de antes quién iba a venir a grabar en su propia
casa (v. Matrona, loc.cit.). Es probable que el hecho
de haber sido dejado de lado en 1954 le facilitó
a García Matos sus negociaciones ulteriores con
la Hispavox, para Una Historia del Cante Flamenco de
Caracol, que salió en 1958.
(14) Matrona, que no había
grabado un solo disco comercial desde… 1914, parece
que quedó algo frustrado de que Perico no le
pidiese más cantes para la Antología,
y también de que la serrana « completa
» heredada de Silverio se presentase sin las livianas
(cantadas aparte) y sin la siguiriya de María
Borrico (omitida por completo, lo que, para utilizar
la terminología de los cantaores, deja la serrana
« muerta », como lo es una malagueña
sin remate fandangueril). Sospecho una oposición,
de parte de uno de « los franceses », a
la idea de combinar cantes distintos : menos mal que
ni Wild ni Moreux se enteraron de que el polo se remata
con una soleá – ¡ tal vez hubieran
pedido que se omitiese !
(15) Bajo el título «
Voyage d’Espagne : Aide-Mémoire »
(« Viaje a España : Memorándum »),
y las iniciales « RW/MR ».
(16) Pericón (que
tenía muchísima fantasía) quedó
muy impresionado por el oído de uno de los franceses,
que al parecer era ciego : « Casi ná el
oído del ciego [etc.] » ; loc. cit.
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