Real es el sitio elegido, la conocida iglesia de los Jerónimos, emblema máximo de la ciudad de Madrid. Misa flamenca dirigida por un grande, Tito Losada.
La organización pensó hasta el último detalle. Televisiones con entrevistas, enlaces en directo, todo era amabilidad. Tito atendía a todos. Se agradece y se valora.
Curiosamente no había críticos, ni fotógrafos, ni webs especializadas. Era una ocasión única pero con la “iglesia” hemos topado.
  

La Iglesia está a rebosar de público. Llenos bancos y pasillos completaban un escenario maravilloso a la espera de los artistas. El ambiente respiraba expectación.
Y todo salió como esperaba. Misa con sabor a Gloria.
La Nueva Orquesta de Segovia, dirigida por David Moreira estuvo bien. Aunque por poner un pero, diría que su director tiene excesivo protagonismo en el escenario.
El Coro Piccolo, con Adolfo García en su dirección estuvo magistral. Muy corto su programa, pero dejó los signos de tener grandes voces y su música sonó “como los ángeles”.
 
Flamenquismo a raudales en los Losadas. Voces dignas, con la cantaora Lavinia Jaén que estuvo muy bien, aunque al grupo le faltaban más voces femeninas. La percusión con la experiencia de siempre, con Lucky Losada en un solo excepcional. Las guitarras muy flamencas. Y completó, acompañando en dos intensos momentos, el joven bailaor Moisés Navarro, que brilló a gran altura, tal vez porque supo interpretar la música, manos y miradas, sin incorporar taconeos innecesarios.
 
  
 
En algunos pasajes y como es comprensible, se mezclaron muchos sonidos. Se confundían los instrumentos y voces, no llegando con nitidez al público.
Misa flamenca en “comunión” con la gente. El éxito, con el público en pie y con bis incluido, rozó el “cielo”.
 
Tito Losada arriesga en el espectáculo. No fusiona ni mezcla sonidos. Con una base flamenca clásica, de buen flamenco, pone a su servicio otros instrumentos y otras voces. El sonido es flamenco flamenco y eso se agradece. Valoro su creación, su organización, su buen hacer en cada momento, dando a cada uno, un espacio de lucimiento. Y mucha religiosidad.
Bajo las altas escaleras reales, camino del Prado, con muy buen sabor. Con una mezcla de religiosidad y flamencura.
|