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Jorge Sánchez
Alfredo Arrebola
Noviembre 2008

EL FLAMENCO EN FRANCISCO VILLAESPESA  (1877 - 1936)

 

“EL DESENGAÑO Y LA  PENA
ENGENDRAN  EL  CANTO  MIO;
NO EXTRAÑES QUE SEA TAN TRISTE….
¡DE TALES PADRES,  TAL  HIJO”

(F. Villaespesa, “Intimidades”, 1898).

Francisco VillaespesaEs posible que algún  estricto ortodoxo del cante se rasgue sus vestiduras, al ver  el título de este “Forjadores del Arte Flamenco”. No debería ser así. Mi larga experiencia  artístico-investigadora, unida a la de otros tratadistas, me ha hecho ver que el arte flamenco no es simplemente la tradicional trilogía de Cante, Baile y Toque, sino que, a estas tres formas artísticas, hay que añadirle la real, constante  e ineludible  presencia de los poetas que han sabido captar  los valores culturales, literarios y musicales del arte flamenco. Gracias a  ellos, el mundo flamenco ha conquistado espacios sociales con la misma categoría que cualquier otra manifestación cultural y  artística. Es sumamente larga  la  nómina  de  poetas y estudiosos que se han preocupado del flamenco como manifestación  cultural. En  “nuestra” revista, núm. 120, Pág. 48.Octubre 2003, el poeta y catedrático de la Universidad de Granada, Rafael  Delgado  Calvo-Flores hizo  una  perfecta demostración de lo que he dicho, cuando se publicó “Benítez  Carrasco. La Muerte Pequeña de Andalucía”. Cante y Poema en la voz de Alfredo Arrebola. Y no menos  valiosas fueron las palabras del gran  poeta  arcense Antonio Murciano defendiendo, en Málaga, la influencia de Francisco Villaespesa en  el flamenco. Es decir, que  la presencia del poeta de Laujar de Andarax (Almería) no es, de ninguna  manera, algo circunstancial  en la defensa de los valores del flamenco y –cómo no – su proyección   en el acervo cultural del  pueblo andaluz. Téngase en cuenta que Villaespesa fue uno de los poetas que más influyó en  sus contemporáneos  y más admiraciones populares y oficiales concitó durante las primeras décadas del siglo veinte en España y América; y sin ningún género de dudas, el  poeta  almeriense se constituyó en una personalidad ineludible como agente del cambio  poético y agitador de la vida  literaria. Porque Villaespesa – escribió  el profesor Sánchez   Trigueras, Catedrático de la Universidad de Granada, además de figura clave en el triunfo del modernismo  en  la  península, significó en aquel  momento muchas  cosas: fue el primer escritor  español que se planteó la literatura como una “lucha”, donde sólo podían vencer la constancia, la firmeza, la abundancia y una dedicación total al trabajo poético; fue guía de poetas tan jóvenes como él (“Hermes  conductor”, lo calificó Rafael Cansino): así, por ejemplo, introdujo  a  Juan  Ramón Jiménez  en los  ambientes literarios madrileños y  aún fue consejero de sus primeros libros, ayudó a darse a conocer a Antonio Machado, cuya primera edición de “Soledades” (1903) publicó como anejo de una de sus  revistas (hasta ese  momento, Antonio era sólo el hermano de Manuel), presentó en sociedad literaria a José Sánchez Rodríguez ( del que publiqué el disco “Homenaje Flamenco al Poeta José Sánchez Rodríguez” (Málaga,1998), a Isaac Muñoz Llorente, a Fernando  Fortín, entre  otros muchos escritores. Pero Villaespesa, además, creó todo un amplio espacio de acogida favorable alrededor de la figura de Rubén  Darío. Su  casa  madrileña, donde su primera esposa  Elisa se consagró como “musa modernista”, fue  centro de tertulias artísticas y reuniones literarias, en las que se forjaron mil y un  proyectos; libró, en suma, la primera gran  batalla del modernismo español con su libro “La copa del rey de Thule” (1900), y muchos son los tratadistas que reconocen  a Villaespesa  como el poeta más grande del  mundo  flamenco, digan lo que  digan las pseudocorrientes  modernas de la Flamencología.  Más  aún: muchos poemas de  famosos poetas del  flamenco están inspirados en los del poeta de Laujar, y no pocos lo plagiaron  descaradamente, como lo demostró don Antonio Murciano en los “Simposios Flamencos” organizados  por la  Diputación de  Málaga.

Un día, ya muy lejano, hojeando la obra  poética de Villaespesa, me fijé en “Cantares” y, por un simple azar, comprendí que en Villaespesa estaba plenamente reflejada la  expresión vivencial del pueblo andaluz: El Cante. Desde entonces, se hizo amigo y compañero mío. Yo no esperaba que  el  poeta de la “lucha interna”  fuera poseedor de  una  musa  tan  fina y delicada cantando la  milenaria y autóctona cultura andaluza. Creo haber comprendido a Villaespesa. Tal  es  así, que  no dudé de que  sus muchísimos “versos flamencos” fueran objeto de un capítulo de mi tesis doctoral (Granada, 1977). Francisco Villaespesa  Martín – como otros muchos  poetas – merece estar entre los “Forjadores del Flamenco”.

Francisco VillaespesaMás de una vez me he preguntado: ¿Qué sintió Villaespesa ante el Cante Jondo?, ¿cómo pudo dejarnos escritos tan “flamenquísimos  poemas”, que sirvieron de modelo  para las  generaciones posteriores? ¿Por qué se tiene postergado y casi sepultado en la cuneta del olvido a un hombre que necesariamente sintió el flamenco en sus  propias carnes? ¿A qué se debe  que la Flamencología no haya catalogado al “Cantor de la raza” como uno de los primeros que puso su “inspiración poética” para cantar lo que siente el más poeta  natural, el pueblo andaluz? Tal vez la sobreabundancia  lírica del poeta almeriense haya  cubierto con grueso vuelo la  exquisita y apropiada de sus “Cantares Flamencos”. Diego Sanjosé calificó a Villaespesa  como “heredero único y forzoso” de Zorrilla. Pero Villaespesa – afirma Federico Mendizábal – siempre y más que nada español, es también  el andaluz típico del cante, que por  expresiva  fuerza pasionera nos echa coplas que hablan  del patíbulo, la reja, la navaja, los celos, el vino, la cárcel, la noche, la ronda,  Dios, la vida futura… con  plenitud española, cfr. Introducción y Notas a “Poesías  Completas” de Francisco Villaespesa”. Editorial  Aguilar, Madrid, 1954. Por citar algunos ejemplos, diremos que Manuel Machado, Lorca, Alberti, Rafael Montesinos, Rafael de León, Tomás  Borrás, José Tejada, Julio Alfredo Egea, Sánchez Rodríguez, Antonio Murciano etc. hunden  sus  raíces  flamencas en el almeriense de Laujar de Andarax.

Ahora bien, si el cante se define por los sentimientos naturales dichos en coplas o cantares, sin duda alguna  en Villaespesa encontramos perfectamente definidas las ideas y sentimientos sobre la guitarra, la tristeza, el amor, los campesinos, la madre, las enfermedades, saetas, verdades naturales, cantares de ciego, toros, ferias, romerías, fiestas  religiosas, supersticiones…Un compendio exacto y una radiografía  muy fiel de todo el  componente metafísico de la esencia del flamenco. Y de cada motivo ofrece el poeta varias composiciones. Sin embargo, donde más sobresale, según  mi criterio, es en el campo de las Soleares y Seguiriyas. La estructura métrica, el pensamiento y el ritmo son perfectos. Se sabe que la vida de Villaespesa  transcurrió en  un  ambiente  muy poético, andaluz y flamenco, a pesar de haber quedado huérfano a los dos años de su existencia (1879). El estigma del dolor le acompañará a lo largo de toda  su vida: “DE DOLOR HERIDOS / TEMBLARON MIS HUESOS; DOBLÉ MI CABEZA, SE NUBLÓ MI VISTA / Y LLORÉ  UN MOMENTO” (Poesías Completas, pág. 78.), este poema, y otros más, lo dejé registrado  por seguiriyas  en  el Lp “Flamenco tradicional”, acompañado por la guitarra de Manuel Cano (Málaga, 1978). Villaespesa  fue un poeta  excepcional en la forja y desarrollo del Arte Flamenco.

                Villanueva Mesía, 26/XI/2008



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