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Tales onomatopeyas
y ecos fonéticos reflejan no sólo
la existencia y persistencia, durante más
de un siglo y medio, de ritmos mayormente ternarios
a veces combinados con efectos binarios, sino
también una determinación en los
autores mismos a dejar constancia de la existencia
de tales ritmos, y periódicamente a apoyarse
en ellos por lo frecuente y notable que eran.
Los trasfondos de esas alusiones presentan un
lado africano y otro andaluz. Por el africano,
vienen mencionados negros bailando y cantando,
meneos « lascivos » y gestos «
atrevidos », asociados a esclavos importados
de África, y a topónimos como «
Tumbucutu », Congo, Guinea, Santo Tomé
y Angola (18).
Por el lado andaluz, y que más tarde se
volvió andaluz « típico »,
se mencionan guitarras, varios bailes de origen
africano o afro-americano que tuvieron su hora
de popularidad (como el guineo, el zarambeque,
el ye-ye, la zarabanda, la chacona, el tengue-tengue,
el paracumbé, y otros), y la presencia
de gitanos en esos ambientes y actividades (19).
No cabe duda de que esa red de alusiones nos
pone delante de un fondo común y caldo
de cultivo de origen africano cuya evolución
en Andalucía produjo varios componentes
de lo que más tarde vino a ser llamado
« flamenco ». Un mismo compás
apoyado en una base ternaria de un tipo poco
frecuente entró en algunos bailes andaluces
pre-flamencos hoy perdidos, entre los cuales,
un día, nació el tango, que los
gitanos en la siguiente etapa se encargaron
de transmitir.
Tal fenómeno formó parte de un
conjunto histórico cuya percepción
está ganando en claridad. En algunos
arrabales, generalmente extra muros, de creación
o expansión reciente, como Santa María
en Cádiz, Santiago y San Miguel en Jerez,
Triana en Sevilla, El Perchel en Málaga,
y otros, los gitanos estuvieron en contacto
duradero con otras minorías de marginados(20).
Se interesaron por la cultura de aquellos y,
como sobrevivieron a esos grupos (y, salvo traslados,
siguieron viviendo en los mismos barrios), preservaron
y transmitieron parte de esas tradiciones en
vías de extinción, a las que el
público seguía apegado. Recuerdos
y reflejos de tales tradiciones se podían
evocar y explotar delante del público
de las calles y plazuelas. Más tarde
vinieron los primeros viajeros, los majos y
varios observadores (tipo Estébanez Calderón)
que se interesarían por lo antiguo, y
los turistas. Ya sea delante de públicos
de espectadores o bien a puerta cerrada en el
hogar, algunos gitanos andaluces de Sevilla
para abajo preservaron varios romances ; otros,
hasta más arriba de la cuenca del Guadalquivir,
conservaron algunos villancicos navideños(21);
otros más, formas antiguamente africanas
de baile. Cuando empezó el siglo XIX,
ciertos fragmentos de esas culturas amenazadas
se habían ganado un espacio dentro de
la cultura de esos gitanos, dándoles
una relación personal con Andalucía
y una memoria que cultivar : algo a la vez heredado
y hecho suyo, para poder relacionarse y al mismo
tiempo mantenerse distintos. Ahora bien, la
supervivencia de aquella cultura popular fue
la base permanente sobre la cual la música
española y el gusto de los públicos
plebeyos se apoyaron durante siglos para rechazar
con la mayor firmeza todos los modelos importados
y modas extranjeras(22).
A esos niveles socialmente modestos pero rebosantes
de vida, y que fueron decisivos histórica
y musicalmente, los gitanos se ganaron un público
e hicieron lo suyo, recogiendo monedillas y
preservando fragmentos de tradiciones desdeñadas
por otros niveles sociales y a punto de perderse.
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Apoyándose en algunos de los trasfondos
evocados, es posible dar un paso adelante, y
enfocar sobre una tradición africana
identificable y todavía vivaz, la tradición
gnawa. Dicha tradición tiene una antigüedad
de siglos, y existen sobre ella grabaciones,
películas y libros de investigación(23).
Por otra parte, se ha desarrollado recientemente
en un género musical independiente, cuyo
impacto es ahora internacional(24).
Los gnawa son descendientes de esclavos negros,
organizados en pequeñas cofradías
de músicos-terapeutas, que suelen repetir
sin cesar secuencias binarias de pulsaciones
ternarias de un tipo que se reconocerá
– 123 123 123 123 (etc.) – con las
que producen efectos curativos. Sus rituales
– el más importante de los cuales,
llamado la derdeba, dura una semana entera –
descansan en una sinergia de músicas,
danzas, salmodias, colores e inciensos en la
que las mujeres desempeñan un papel esencial
y cuyo efecto global produce arrebatos benéficos
para desordenes psíquicos y somáticos.
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Se consideran como descendientes de Bilal,
un esclavo negro de origen abisinio que era
camellero, y que el Profeta libertó antes
de hacer de él el primer almuédano
del Islam(25).
Bilal también un día curó
a Fátima, hija del Profeta, de una melancolía
aguda, haciendo música suya y varias
payasadas con disfraz abigarrado delante de
la puerta de ella, hasta que la abrió,
se puso a reír y salió de casa.
La música tradicional heredada de Bilal
descansa en gran parte en la pulsación
de castañuelas gordas, una en cada mano,
que son ahora crótalos de hierro llamados
qraqech. Su ritmo predominante, es del tipo
ternario y binario repetido sin fin –
123 123 123 123 (etc.) –, con un matiz
interesante. Según que las castañuelas
se abran o se cierren, producen sonidos algo
distintos que se pueden notar como aba bab aba
bab (etc.). Eso confirma la doble estructura,
ternaria y binaria, del compás y tiende
a oscurecer la distinción entre lo binario
y lo ternario(26).
Una combinación tal, de dos con tres,
encierra una dimensión de misterio. Dentro
del ritual gnawa, la repetición durante
horas y días de esos ritmos provoca trances
que, según se dice, reestructuran o remodelan
el psiquismo hondo de los pacientes. En esos
ritmos se juega con los silencios, síncopas
y contratiempos, y se introducen variaciones
que el lector podrá reconocer, como 123
12, 123 1, y otras(27).
Por otra parte, lo poco de canto que se incluye
no pasa de breves comentarios salmodiados, muchas
veces de tipo responsorial.
La palabra gnawa parece proceder del árabe
Ghinee awa, es decir, los de la Guinea. Sus
cofradías se propagaron primeramente
en el Sudán, entendido como el territorio
comprendido entre el Sáhara y el Golfo
de Guinea. Se difundieron a partir de Tombuctú
hasta la África extrema-occidental (Senegambia),
y también hasta Marrakech, que fue durante
siglos un mercado mayor de esclavos negros.
En la historia de Marruecos los gnawa desempeñaron
más tarde un papel importante. En el
XVII, ayudaron al sultán Moulay Ismail
a crear un ejército fuerte y fiable,
basado en esclavos negros musulmanes semilibertados,
y centrado en una Guardia Negra (« La
Garde Noire ») que sigue existiendo. Un
siglo más tarde, contribuyeron a la construcción
de una nueva ciudad, Essaouira, donde los portugueses
habían edificado Mogador ; Essaouira
era tradicionalmente llamada « el puerto
de Tombuctú », y sigue siendo en
gran parte una ciudad gnawa(28).
Los negros se exportaron también fuera
de África, mediante el tráfico
de esclavos en varias épocas. Hubo esclavos
negros en España durante la Edad Media,
en particular en el sur, no sólo en al-Andalus
sino también en la Andalucía reconquistada
del Guadalquivir(29).
A partir de la segunda mitad del XV, nació
la trata de negros moderna, con proporciones
nuevas. Los portugueses entraron en el Golfo
de Guinea hacia 1450 y consiguieron el monopolio
de dicho tráfico en 1479. Los esclavos
eran llevados a Portugal, y de ahí transportados
a Sevilla, bien por Huelva o bien por mar a
Cádiz y los Puertos (Puerto Santa María
y Sanlúcar de Barrameda) ; más
tarde, parte de ese tráfico se hizo directamente
con Sevilla. En los siglos XVI y XVII, hubo
cofradías o hermandades de negros en
Huelva, Sevilla y Triana, Cádiz, El Puerto,
Jerez, Málaga, Granada y Jaén(30).
En el teatro menor evocado arriba, los topónimos
africanos aludidos son Santo Tomé, Angola,
Congo, Guinea y Tombuctú : todos esos
nombres pertenecen precisamente a la geografía
de la trata de esclavos en sus versiones medieval
y moderna.
No hay prueba de que los esclavos negros importados
a Andalucía incluyeron gnawa, pero es muy
posible que pequeños grupos de ellos se
dejaron coger y exportar, con el fin de poder
ayudar a compañeros de cautiverio : con
cuatro o cinco músicos queda formada la
base de una cofradía de gnawa, y una característica
notable de ellos es su relativo altruismo. No
se sabe tampoco si pudieron ser organizadas sesiones
terapeúticas de modo duradero en el contexto
andaluz, pero los ritmos tratados han podido ser
preservados y cultivados por sus méritos
propios en privado y en público. Desde
finales del XIV, los esclavos negros eran oficialmente
autorizados a « juntarse en sus bailes y
fiestas en los días feriados, con que acudían
gustosos al trabajo y toleraban mejor el cautiverio
». También tomaban parte en las fiestas
del Corpus, las más frecuentadas de todo
el año, con gran concurrencia de pueblo (31),
y por cierto algunos gitanos muy listos, entre
participantes y espectadores, y siempre dispuestos
a recoger todo tipo de diversión y de material
utilizable para tal fin.
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| (18) V. Navarro, 1998, pp.
69-89, 101-2, 111, 117, 119, etc. para los meneos, etc.,
y los esclavos ; y pp. 72-74, 87-8, 91, 94-5, 119, 150,
151 y 181, para los topónimos. Una cita de la p.
221 evoca « mil meneos / que alteran a veces / el
organo interno ». Moreno, op. cit. nota 20 infra,
p. 55, ha contado veintiún grupos de danzas con
negros en Sevilla entre 1550 y 1650. Antonio Carrión,
que fue maestro de danzas, describe en 1820 los «
bailes populares y truanescos que se introdujeron en el
teatro » como « siempre » de «
compás ternario, y los movimientos de los pies
y cuerpo retorcidos y descompuestos » : v. Navarro,
1998, p. 96. La zarabanda y la chacona iniciaron su carrera
en esos contextos africanos y lascivos antes de ser ralentizadas
y de alcanzar el nivel de la música cortesana.
Dentro de tales contextos y continuidades africanas, las
posibles importaciones de Cuba serían epifenómenos.
(19) Los nombres de esos
bailes reaparecen como títulos de capítulos
o de párrafos en Navarro, 1998 (y también
en 2002). Para alusiones a gitanos, v. 1998, pp. 92,
179-86 y 212. Se encuentran también menciones
de zapateado, taconeo y castañuelas : pp. 95,
106, 108, 109, 111, 119, 210, etc.
(20) Entre los muchos negros
que eran libertados, por ejemplo al morir sus amos,
muy pocos conseguían empleos fijos : v. Isidoro
Moreno, La antigua hermandad de los negros de Sevilla,
(Sevilla, 1997), p. 43. Las minorías y la gente
menos integrada social y económicamente eran
invitados a « fijar sus domicilios fuera de las
murallas » para evitar todo riesgo y desorden
dentro de ellas durante la noche (v. por ejemplo Moreno,
p. 73). Como en el Marruecos de hoy, los mercados (de
caballos, ganado, carne, etc.) se celebraban extra muros,
lo que contribuyó probablemente temprano a orientar
algunos gitanos hacia ciertas actividades económicas
periféricas de los mercados. También,
en Triana, instalaron sus herrerías en la Cava,
un foso semicircular que había perdido toda utilidad
defensiva (v. Antonio Domínguez Ortiz, La Sevilla
del siglo XVII, ed. Sevilla, 1984, p. 43), y allí
seguían viviendo y trabajando, en Pagés
del Corro, a principios del siglo XX.
(21) Sobre los romances recogidos
por gitanos, la documentación se extiende de
Cervantes, « La Gitanilla », a Estébanez
Calderón, « Un baile en Triana »
(que describe un espectáculo dado a un público
en parte no gitano) y a los artículos de Luis
Suárez Ávila ; v. también Teresa
Catarella, El romancero gitano-andaluz de Juan José
Niño, (Sevilla, 1993). La supervivencia de villancicos
navideños entre gitanos en Jerez, probablemente
Cádiz, y hasta Andújar, también
queda por estudiar, sobre la base de los textos recogidos
por Fernán Caballero y otros, de lo auténtico
que ha sido preservado en Jerez, y del repertorio navideño
de Rafael Romero (que lo grabó en parte en Francia).
(22) Tal es el tema central de
cualquier historia de la música española,
entre las cuales se debe mencionar, por su riqueza y
carácter monumental, la de Rafael Mitjana publicada
(en francés) en Lavignac et La Laurencie, Encyclopédie
de la Musique et Dictionnaire du Conservatoire, Première
Partie, Vol. IV (París, 1920).
(23) Las principales grabaciones
son : Les Gnawa du Maroc […] (Ethnic Auvidis,
1995) ; Ritual Music from [the] Mediterranean (FMM,
1997 ; ese CD viene adjunto al libro de Nigris mencionado
a continuación) ; y Hadra des Gnaoua d’Essaouira
(Ocora, sin fecha) ; v. también algunos cortes
en el CD adjunto a Homo-Lechner et Rault, Instruments
de musique du Maroc et d’al-Andalus, (s.l., 1999).
Existen también dos vídeos : de Izza Genini,
Gnaouas, en su serie Maroc, Corps et Ames (1993), recientemente
reeditada ; y de Eliane Azoulay, Transes gnaouas (Muzzik-Séquence
SDP, 1999). Tres libros de investigación facilitan
la información básica : Antonio Baldassare,
« Il rito musicale dei Gnawa del Marocco »,
in D.F. de Nigris, ed., Musica, rito y aspetti terapeutici
nella cultura mediterranea, con el CD mencionado arriba
(Genova, 1997) ; Abdelhafid Chlyeh, ed., L’Univers
des Gnaoua, también con CD adjunto, ([Grenoble],
1999) ; y del mismo autor, Les Gnaoua du Maroc […],
([Grenoble], 1999). Chlyeh contribuye con comentarios
al videocasete de Azoulay. (Internet, por su parte,
se concentra sobre la producción reciente evocada
en la nota que sigue).
(24) En plazas y mercados (como
Jemaa el Fna en Marrakech), hubo probablemente durante
siglos gnawa que hacían música para recoger
monedillas. Pero el fenómeno que empezó
en el decenio de 1970 fue de un tamaño distinto.
A partir de una cultura tradicional con finalidad terapéutica
nació una música de diversión para
otros públicos. El fenómeno es análogo
al desarrollo de un « flamenco » desconectado
de sus fundamentos socio-históricos.
(25) Se atribuye al mismo Bilal
la forma tradicional de la llamada pública a
la oración musulmana, el Adhán, que fue
una adaptación aprobada por el Profeta de cantos
de los camelleros del desierto. He indicado en otro
sitio que un motivo central de ese Adhán es la
raíz melódica del martinete de origen
y de tres siguiriyas fundacionales (v. mi libro El Cante
Jondo […], Sevilla, 2000, pp. 53-5 y el CD adjunto).
Según toda probabilidad, gitanos condenados a
galeras adquirieron ese motivo de parte de compañeros
de banco musulmanes y lo trajeron a tierra, especialmente
cuando las galeras fueron suprimidas en 1748. Se escuchó
una « queja de Galera » hacia 1749 en boca
de gitanos durante un espectáculo dado en una
de las « casas principales » de Sevilla
: v. la nota 33 más abajo. (Debido a la presión
de la piratería argelina, la pena de galeras
fue restaurada en 1784 : v. Manuel Martínez Martínez,
La minoría gitana de la Provincia de Almería
[…], Almería, 1998, pp. 76 y 159).
(26) Ese punto ha sido puesto
de relieve por Baldassare, p. 18 ; v. también
su contribución a Chlyeh, ed., pp. 93-6, donde
menciona una analogía entre esos rasgos y los
ritmos de los martillos en el trabajo de la fragua (los
gnawa también trabajaban el hierro). En el vídeo
de Eliane Azoulay, un aficionado práctico francés
comenta (traduzco) : « Eso no es ni ternario ni
binario sino entre los dos, y juega sobre aquello, de
quedarse entre los dos ».
(27) Los extractos reproducidos
a continuación proceden, los dos primeros, de
los vídeos de Genini y de Azoulay ; y los cuatros
que siguen, del primero y tercer CD mencionados en la
nota 23 arriba (cortes 6 y 14 del primero ; cortes 1
y 8 del tercero). Los vídeos permiten cerciorarse
del carácter ritual de lo que se presenta. Los
extractos con panderos grandes pertenecen a las procesiones
públicas que abren los rituales.
Ejemplo
sonoro 7
Ejemplo
sonoro 8
Ejemplo
sonoro 9
Ejemplo
sonoro 10
Ejemplo
sonoro 11
Ejemplo
sonoro 12
(28) Sobre esos asuntos africanos
v. las enciclopedías, por ejemplo Encyclopedia
Universalis (ed. de 1995), Dictionnaire encyclopédique
Quillet (ed. de 1983), etc. Una consecuencia de esa
historia es la presencia permanente de gnawa en los
palacios de los reyes de Marruecos.
(29) Baldassare, en Chlyeh, ed.,
p. 99, nota 12, remite a un texto de hacia 1200 en que
un escritor andalusí mencionaría «
la derdeba de los negros », pero eso está
equivocado. Dicho texto en realidad alude a «
la Dabdaba (tambor) de los negros » en una enumeración
de instrumentos de música ; v. Alphonse Luya,
« La ' Risala' d’As-Sakundi », Hespéris,
22 (1936), 133-81 ; p. 169. Sobre esclavos en España
antes y después de 1492, v. Moreno, op. cit.,
pp. 36, 39 y 479-91.
(30) V. op. cit., pp. 43-4, 50
y 62 ; y Navarro, 1998, p. 62 nota 13.
(31) V. Moreno., pp. 40, 53,
etc. ; Navarro, 1998, p. 58 ; y Historia del Flamenco,
I.185-6, para Jerez. |
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