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Antes de acercarse
al tema, pueden ser útiles dos observaciones
liminares. Una es que el nombre de una cosa no
garantiza siempre un contenido estable. Nos moveremos
en un terreno de cierta fluidez terminológica,
en que algo viejo a veces se ofrece al público
bajo las aparencias de lo nuevo, o al revés,
algo nuevo es presentado con una designación
antigua(1).
Nombres (de bailes, cantes, etc.) entran en estrategias
comerciales y ayudan a vender, especialmente a
públicos poco informados. La otra es que
los bailes y cantes de los que trataré
alternan entre dos esferas distintas : una de
carácter cultural y mayormente privado,
donde lo que existe tiende a preservarse y evoluciona
con ritmo propio ; y la otra orientada hacia el
público, y muy a merced de factores exteriores
como las reacciones de éste. Hay situaciones
en las que tal distinción no importa tanto,
pero en otras es esencial tenerla en cuenta.
Los orígenes lejanos del
tango quedan oscuros(2),
pero parece claro que se desarrolló en
dos etapas. Existió primeramente un tango
llamado « de negros » o « de
los negros », que fue baile más que
cante y caracterizado por una fuerte carga de
lascividad. Formó parte de un amplio abanico
de bailes sexualmente sugestivos, que fueron importados
de África a Andalucía por esclavos
negros, tuvieron mucho éxito durante un
par de siglos, y son ahora bien conocidos(3).
El carácter explícito de esos bailes
sale del que, para muchos negros africanos, la
actividad sexual nace de la misma natura y no
tiene que someterse a las censuras o represiones
vigentes en otras culturas. Naturalmente, tal
comportamento despertó alguna curiosidad.
Dentro de ese contexto, y durante
algo como dos decenios (aproximadamente de 1849
a 1869), se encuentran alusiones a un «
tango americano », lo que significaba «
cubano » (y no yanqui o argentino). Ahora
bien : había negros en África, y
en el Caribe como esclavos, que conservaban las
fiestas de sus naciones de origen. Por ello, para
poder distinguir entre lo africano y lo cubano,
se necesitarían datos musicales. También,
se sabe que la mención de un poco de exotismo
puede ayudar a vender(4).
Esos bailes por tango de carácter explícito
a veces tuvieron que ser depurados. En los patios
de vecinos, se distinguía entre «
el tango de las vecindonas o de la corraleras
», despejado de posturas y actitudes desconformes
con « las reglas de la decencia »,
y el tango dicho « gitano », que «
no se podía bailar en todas partes »(5).
Donde los tangos se bailaban con poquísima
preocupación por la decencia era por supuesto
en los cafés cantantes. Francisco Rodríguez
Marín, que los frecuentó con asiduidad
de investigador de 1880 a 1882 en compañía
de « Demófilo », describe el
tango presentado en el « humazo »
de tales lugares como compuesto de « viles
actitudes lujuriosas »(6).
En 1882 también, el compositor francés
Emmanuel Chabrier, quien pasó dos meses
en Sevilla y Granada, se maravilló más
de una vez de la notable movilidad, por tangos,
de lo que llamaba « aquel admirable trasero
sevillano », y que pudo observar repetidamente
en los cafés cantantes(7).
De verdad, Andalucía era la única
región de Europa donde tales fenómenos
se podían ver a diario en lugares públicos.
Sin embargo, aun antes de que
se explotara el interés por aquello de
locales y turistas, ya se hicieron esfuerzos para
despejar esos tangos de su contenido sexual y
ofrecer a un público más exigente
algo más presentable. En un texto que parece
ser de 1814, bailes llamados « tangos »
pero caracterizados por la elegancia y la sal,
son descritos en detalle en un ambiente de Cádiz
capital frecuentado por majos y majas(8).
De modo análogo, durante los últimos
decenios del XIX, varios cantaores y creadores
de la provincia de Cádiz, tres de ellos
gitanos (Antonio El Marrurro, Antonio Frijones,
Enrique El Mellizo y un poco más tarde
Rafael Pareja), modificaron la herencia también,
ralentizando el tango para quitarle algunos meneos,
dar más espacio al cante para que se pueda
desarrollar, y abrirlo a nuevas emociones entre
dolientes y elegíacas. (Hubo una evolución
comparable entre los fandangos festeros tipo verdial
y las malagueñas lentas que conocemos).
Así nacieron los que más tarde fueron
llamados tientos, aunque entre tangos y tientos
permanece una zona fronteriza, y una tanda de
tientos se cierra a menudo con un tango o una
serie de estos.
Tres cantaores de los más
grandes, Antonio Chacón, Manuel Torre y
Pastora Pavón, consolidaron y divulgaron
esa innovación poco después mediante
los primeros discos de 78 rpm. Sin embargo cabe
observar que, en la gran mayoría de esas
grabaciones, las etiquetas conservaron el nombre
de tangos(9).
Por supuesto algún retraso era inevitable
en la terminología, pero lo que en realidad
tiene lugar es un cambio de orientación
estética, y la sustitución de un
producto de carácter dudoso por otro más
decoroso sin modificación de nombre, y
dentro de una búsqueda de más calidad
de un tipo poco frecuente. Se percibe por detrás,
en los cantaores aludidos, un deseo de alejarse
de un repertorio heredado bastante crudo, hecho
más bien para calles, plazuelas y el arte
de pasar la gorra, que para una clientela respetable
y refinada.
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Sobre ese
afán de distanciarse de la herencia tenemos
una confirmación indirecta pero sugerente.
Pastora Pavón debió su nombre artístico
a un tango festero que cantó de chiquilla,
y conservó hasta su muerte, sin entusiasmo,
aquel apodo de Niña de los Peines(10).
Sin embargo, pese a la inevitable presión
de las casas de discos, en casi cuarenta años
de vida profesional no hizo una sola grabación
de aquel tango de los peines en teoría
tan suyo, y tampoco grabó tandas de tangos
festeros y rápidos antes de sus últimos
discos, en 1946-7 y 1949(11).
La fuerza de sus reservas frente a ciertos tangos
de antaño parece casi palpable.
Por otra parte, y curiosamente,
los tangos festeros de antigua generación
o estirpe, y con fuerte polaridad sexual, sobrevivieron
en Triana, dentro de algunas familias gitanas.
Reaparecieron en un espectáculo dado en
Sevilla el 28 de febrero de 1983 en el Teatro
Lope de Vega, y también en una película
de 1992 de Ricardo Pachón(12).
No sólo un puñado de gitanos viejos
de ambos sexos habían preservado en privado
la herencia de esos tangos como parte de su cultura
sino que, en ambas ocasiones, le dieron una expresividad
y franqueza, al nivel de la pelvis y del «
trasero », que las autoridades del siglo
XIX, tal vez, no hubieran tolerado. Esos tangos
antiguos, alrededor de Carmelilla Montoya, al
parecer habían sobrevivido algún
tiempo al traslado desde Triana a las Tres Mil
Viviendas ; pero en una vídeo reciente
sobre esta barriada no se percibe mucha memoria
de ellos(13).
La situación es poco común
: rara vez se pueden observar, casi al lado una
de otra, dos fases extremas dentro de una evolución.
Apoyándome en parte en tal fenómeno,
voy a proponer un hilo conductor de claro origen
africano.
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* *
Es muy probable que el tango
empezara como baile y que el cante necesitara
bases nuevas para poder desarrollarse : un tempo
decelerado, con más espacio y libertad
para más repeticiones textuales. La base
permanente del tango en su forma inicial es un
esquema rítmico binario hecho de dos secuencias
de tres pulsaciones (como tresillos) separadas
por un silencio, que, numerándolas, se
pueden representar como : 123 123 123 123 (etc.).
Tal es la base, explicita o subyacente(14).
Se indica en general al principiar el tango, y
periódicamente en las palmas del cantaor,
que a menudo vuelve a ese esquema-base entre una
letra y la siguiente(15).
Poco después de indicada, esa base viene
modificada, principalmente en la segunda mitad
del esquema binario. Hay pulsaciones suprimidas,
como en 123 12, 123 1 (etc.). Las disimetrías
que resultan generan síncopas, orientan
hacia un « meneo » muy marcado, con
apoyo sucesivo en una pierna y después
la otra, y empujan el ritmo con fuerza hacia adelante.
Un paso es así abierto a un sinfín
de innovaciones y variaciones, dentro de una plasticidad
inventiva análoga a la que se encuentra
en las bulerías (que nacieron más
tarde). Por otra parte, el espacio disponible
para la voz en los tangos queda estrecho. La combinación
de la estructura y de la presión del ritmo
corta las alas del cante, que no puede desarrollarse
sin comprometer el dinamismo del conjunto.
Lo más original en ese
ritmo-base es que combina elementos ternarios
y binarios. Se trata de una combinación
y no de alternación como en las siguiriyas
y soleares : las pulsaciones vienen por series
de tres dentro de un esquema hecho de dos series.
Ahora bien : mucho antes de que, a mediados del
XIX, aparecieron las primeras menciones conocidas
de tangos, « de negros » o «
americanos »(16),
se pueden cosechar numerosas indicaciones fonéticas
de ritmos mayormente ternarios, o ternarios y
binarios, en textos de entremeses, sainetes, tonadillas,
etc., en contextos andaluces que a menudo incluyen
alusiones a guitarras (la más antigua de
1596), castañuelas, tambores, sonajas y
zapateado. Siguen ejemplos sacados de varios contextos
dispersos, y citados con menciones de fechas o
de autores cada vez que sea posible : «
tu, pu tu tu, pu tu tu, pu tu tu » (1602),
« Ah, ah, ah, eh, eh, eh », «
¡ he, he, he ! » (Lope de Vega), «
¡ Gurrumé, gurrumé, gurrumé
! » (1672), « Gurumbé, gurumbé,
gurumbé » (Francisco de Avellaneda
), « ¡ Eh, eh, eh, eh ! » (1661),
« Teque, teque, teque » (hacia 1651),
« teque, reteque, teque, reteque »,
« ¡ Ay, que teque, reteque »
(Avellaneda, 1664), « ¡ Teque, teque,
teque ! » (1655), « teteque, teteque,
tetaca, / tataca, tataca » (Guerrero, 1757),
« ¡ le, le, le ! » (1708), «
La, la la, lu, lu, lu, le, le, le » (1776),
« ¡ Ye, ye, le, le, le, le, le ! »
(López del Campo), « Eche usté,
eche usté, eche usté /…/ chámame,
chámame, chámame » (Pablo
Esteve, 1776), y inevitablemente otros(17).
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(1) Arcadio de Larrea, El
flamenco en su raíz (Madrid, 1974), p. 33, nos
entrega lo que llama una « noticia de interés
» de parte de un « Músico » de
Lope de Vega, quien a propósito de un baile da
el siguiente consejo : « Si es bueno llamadle nuevo,
/ que todo lo nuevo aplace ». En 1602, ya se escribía
: « en las tiendas han puesto nombres diferentes
a las tocas para aficionar las mujeres » ; v. Navarro,
1998, p. 118.
(2) Sobre el pasado del tango, se pueden consultar (entre
otras obras) el Diccionario enciclopédico ilustrado
del flamenco, (2 vols., Madrid, 1988) ; Historia del flamenco,
(5 vols., Sevilla, 1995-6), IV. 405-9 y 411-29 ; Romualdo
Molina y Miguel Espín, Flamenco de ida y vuelta,
(Sevilla, 1992) ; José Luis Navarro García,
Semillas de Ébano, el elemento negro y afro-americano
en el baile flamenco, (Mairena del Aljarafe, 1998) ; y,
del mismo autor, De Telethusa a la Macarrona, bailes andaluces
y flamencos, (Dos Hermanas, 2002). A lo que se debe añadir,
dentro de la reciente edición completa de Pastora
Pavón, los comentarios de Cristina Cruces Roldán
sobre los CD’s ; de los hermanos Hurtado Torres
sobre tangos y tientos ; de Romualdo Molina sobre el mismo
tema ; y de Norberto Torres Cortés sobre el toque.
(3) Gracias al notable
libro de Navarro García publicado en 1998. Sobre
el tango « de negros », v. también
José Luis Ortiz Nuevo, ¿ Se sabe algo
? […], (Sevilla, 1990), pp. 34, 46, 65, 143, 145,
148 y 149 . Sobre el contenido abiertamente sexual de
muchos bailes de negros, v. por ejemplo Navarro, 1998,
pp. 77-89.
(4) V. Ortiz Nuevo, 1990, p.
112 (año 1849) ; Navarro, 1998, pp. 61 nota 11
y 161-73 ; y Navarro, 2002, cap. 20. En 1849, a propósito
del tango americano, un periodista sevillano muy bien
informado sobre la génesis de éste en
Cuba comentaba : « Si se hubiese bautizado con
el [nombre] de [tango] Africano, sería más
pasajero, ya que fue inventado por ellos » (Navarro,
1998, p. 163) : se trata de un tango nacido en Cuba
entre africanos. En 1867, fue anunciado en Jerez un
espectáculo en que (entre otras cosas) «
Francisco Fernández conocido por [Curro] Dulce
[…] bailará El Tango Americano »
(v. Navarro, 2000, p. 208 ; y Dos Siglos de Flamenco,
Jerez, 1989, p. 371). Parece totalmente improbable que
Curro Dulce interpretara en público – solo
y sin pareja… – un baile de mujer de carácter
lascivo, y es más probable que bailara unos tangos
festeros que Silverio anunció bajo un adjetivo
en boga.
(5) V. Navarro, 2002, p. 208,
citando José Otero, Tratado de bailes (Sevilla
, 1912 ; edición facsimile de Madrid, 1987),
pp. 223-8.
(6) V. El Alma de Andalucía
[…], (Madrid, 1929), pp. 8-10.
(7) V. Emmanuel Chabrier, Correspondance,
(París, 1994), pp. 166, 168, 172 y 176 . Alternando
entre el francés (que traduzco) y un castellano
muy suyo del que echaba mano para lo que le parecía
indecible en francés, evoca « aquel admirable
trasero sevillano que gira por todos los lados mientras
el resto del cuerpo queda inmóvil », «
un trasero muy hermoso, muy developado [sic] –
es el trasero del país », y describe el
tango como « una suerte de baile en el que la
mujer imita con su trasero el cabeceo de un barco ».
(Sus cartas incluyen también breves extractos
musicales transcritos al pentagrama).
(8) Dicho texto viene citado
in extenso en La Serneta, 1 (2000), p. 12, y resumido
en el Diccionario, art. tango ; una reproducción
del manuscrito podría ser útil. Es descrito
como hallado por José Blas Vega en un texto de
1814 titulado « Apuntes para la descripción
de la ciudad de Cádiz » y atribuido a D.F.
de Sisto. Evoca « tangos » y otros «
bailes » caracterizados por la « gracia
» y una « expresión voluptuosa »,
« airosos y elegantes cuerpos », «
dichos siempre chistosos », « coplas »
que dicen algo, « lo pintoresco y airoso del vestido
» y la « gracia del lenguaje ».
(9) Chacón grabó
en 1909 y 1913 seis tandas de tientos bajo el nombre
de tangos. En las siete series de « Tangos »
grabadas por Manuel Torre en 1909, seis son de tientos
(la séptima – si es que la hubo –
no ha sido reeditada). Para Pastora, v. la nota 11 abajo.
(10) V. la cita del año
1934 que da de ella Manuel Bohórquez, La Niña
de los Peines, (Sevilla, 2000), p. 34 : « no me
gusta mi nombre de guerra […], su origen »
siendo un estilo de poca « fuerza flamenca »
– algo inferior.
(11) En la reciente edición
completa, son los cortes 12.13 y 20 (« Al gurugú
» y « De color de cera mare »), y
13.09 (« A mi mare abandoné »). En
32 grabaciones suyas de tangos y de tientos, 7 son tituladas
« tientos », 24 tangos, y una, 13.09, «
Tangos y tientos ». La distinción entre
tangos y tientos (que me parece imprescindible, a pesar
de la existencia de una zona fronteriza) adquirió
un carácter casi oficial sólo con la primera
Antología de Perico del Lunar en 1954 ; Antonio
Mairena en general la consolidó.
(12) Navarro García, Historia
del flamenco, IV.409 nota 13, facilita detalles sobre
el espectáculo de 1983, en que « podía
verse cómo los viejos flamencos dichos El Titi,
El Pati, El Conejo, se llevaban limpiamente su mano
a la bragueta y así recogían a las mujeres
por tangos ». La película es muy sugerente
también, y la menciona Navarro, 2002, p. 208
nota 22 : se titula « El Ángel »
y abre la serie « Triana pura y pura »,
RTVE-PAPSA, 1992. En el siglo XIX el contenido de aquellos
bailes en público era a veces tan explícito
que las señoras eran escoltadas afuera con prisa
; v. por ejemplo Chabrier, pp. 172 y 176, quien observa
también, p. 167 (en traducción mía)
: « la gente elegante no va a los bailes : cuando
quieren ver ese tipo de espectáculos, las bailaoras
vienen a casa de ellos ».
(13) V. Rito y geografía
del cante, vols. 5A, 9A, 22C y 25C (las letras designan
el programa dentro del videocasete) ; y el reciente
DVD de Dominique Abel, « Polígono Sur »
(Barcelona, 2003).
(14) Los extractos presentados
a continuación proceden de : los cilindros de
cera reeditados por el Centro Andaluz de Flamenco de
Jerez, 1.3 (Manuel López) ; los tangos de Bernardo
de los Lobitos con Perico del Lunar en la Antología
mejicana Orfeón ; Manuel de Paula con Pedro Bacán,
Lebrija ; Antonio Mairena (« completo »)
con Melchor de Marchena, 5.13 ; Gabriel Moreno con Felix
de Utrera, « Tangos de Jaén », en
la Magna antología ; y el primer disco de Camarón
con Paco de Lucía, 1969.
Ejemplo
sonoro 1
Ejemplo
sonoro 2
Ejemplo
sonoro 3
Ejemplo
sonoro 4
Ejemplo
sonoro 5
Ejemplo
sonoro 6
(15) Los tocaores
a menudo procuran liberarse del esquema ternario-binario
: tocan tres acordes seguidos, un cuarto de resolución
armónica, y siguen así ; lo que en ciertos
casos conduce a secuencias de pulsaciones de tipo 123
1 o 1234. En los tientos, el tempo más lento
y el uso de síncopas borran el esquema ternario-binario
y crean una atmosfera de expectación meditativa.
(16) V. las notas 3 y 4 arriba.
(17) V. Navarro, 1998, pp. 72-4,
83, 88, 92, 138, 139-40, 142, 144, 145, 150-1, 152,
158 y 183. Algunas de esas notaciones fonéticas
vienen repetidas varias veces dentro de un mismo extracto,
lo que no ha parecido necesario reproducir. Larrea,
pp. 45 y 83-4, también cita algunos de esos textos. |
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