Documentos sonoros   MP3 Mensual  |  Entrevistas
Críticas y articulos  Discos  |   Libros  |  DVD's  |  Investigación
Galerías

Artístas  |  Espectáculos  |  Conferencias  |  Academias  |  Espacios Escénicos  |  Revistas

Inicio | JondoWeb Radio | Noticias | Foro Boletín   Actual |  Histórico | Suscripción 
 

Pierre Lefranc

 

Sobre los Tangos y sus parentescos

Pierre Lefranc
Francia, 2004.

 

 

 

   
Pág. 1 / 3
     

 

 

Antes de acercarse al tema, pueden ser útiles dos observaciones liminares. Una es que el nombre de una cosa no garantiza siempre un contenido estable. Nos moveremos en un terreno de cierta fluidez terminológica, en que algo viejo a veces se ofrece al público bajo las aparencias de lo nuevo, o al revés, algo nuevo es presentado con una designación antigua(1). Nombres (de bailes, cantes, etc.) entran en estrategias comerciales y ayudan a vender, especialmente a públicos poco informados. La otra es que los bailes y cantes de los que trataré alternan entre dos esferas distintas : una de carácter cultural y mayormente privado, donde lo que existe tiende a preservarse y evoluciona con ritmo propio ; y la otra orientada hacia el público, y muy a merced de factores exteriores como las reacciones de éste. Hay situaciones en las que tal distinción no importa tanto, pero en otras es esencial tenerla en cuenta.

Los orígenes lejanos del tango quedan oscuros(2), pero parece claro que se desarrolló en dos etapas. Existió primeramente un tango llamado « de negros » o « de los negros », que fue baile más que cante y caracterizado por una fuerte carga de lascividad. Formó parte de un amplio abanico de bailes sexualmente sugestivos, que fueron importados de África a Andalucía por esclavos negros, tuvieron mucho éxito durante un par de siglos, y son ahora bien conocidos(3). El carácter explícito de esos bailes sale del que, para muchos negros africanos, la actividad sexual nace de la misma natura y no tiene que someterse a las censuras o represiones vigentes en otras culturas. Naturalmente, tal comportamento despertó alguna curiosidad.

Dentro de ese contexto, y durante algo como dos decenios (aproximadamente de 1849 a 1869), se encuentran alusiones a un « tango americano », lo que significaba « cubano » (y no yanqui o argentino). Ahora bien : había negros en África, y en el Caribe como esclavos, que conservaban las fiestas de sus naciones de origen. Por ello, para poder distinguir entre lo africano y lo cubano, se necesitarían datos musicales. También, se sabe que la mención de un poco de exotismo puede ayudar a vender(4).

Esos bailes por tango de carácter explícito a veces tuvieron que ser depurados. En los patios de vecinos, se distinguía entre « el tango de las vecindonas o de la corraleras », despejado de posturas y actitudes desconformes con « las reglas de la decencia », y el tango dicho « gitano », que « no se podía bailar en todas partes »(5). Donde los tangos se bailaban con poquísima preocupación por la decencia era por supuesto en los cafés cantantes. Francisco Rodríguez Marín, que los frecuentó con asiduidad de investigador de 1880 a 1882 en compañía de « Demófilo », describe el tango presentado en el « humazo » de tales lugares como compuesto de « viles actitudes lujuriosas »(6). En 1882 también, el compositor francés Emmanuel Chabrier, quien pasó dos meses en Sevilla y Granada, se maravilló más de una vez de la notable movilidad, por tangos, de lo que llamaba « aquel admirable trasero sevillano », y que pudo observar repetidamente en los cafés cantantes(7). De verdad, Andalucía era la única región de Europa donde tales fenómenos se podían ver a diario en lugares públicos.

Sin embargo, aun antes de que se explotara el interés por aquello de locales y turistas, ya se hicieron esfuerzos para despejar esos tangos de su contenido sexual y ofrecer a un público más exigente algo más presentable. En un texto que parece ser de 1814, bailes llamados « tangos » pero caracterizados por la elegancia y la sal, son descritos en detalle en un ambiente de Cádiz capital frecuentado por majos y majas(8). De modo análogo, durante los últimos decenios del XIX, varios cantaores y creadores de la provincia de Cádiz, tres de ellos gitanos (Antonio El Marrurro, Antonio Frijones, Enrique El Mellizo y un poco más tarde Rafael Pareja), modificaron la herencia también, ralentizando el tango para quitarle algunos meneos, dar más espacio al cante para que se pueda desarrollar, y abrirlo a nuevas emociones entre dolientes y elegíacas. (Hubo una evolución comparable entre los fandangos festeros tipo verdial y las malagueñas lentas que conocemos). Así nacieron los que más tarde fueron llamados tientos, aunque entre tangos y tientos permanece una zona fronteriza, y una tanda de tientos se cierra a menudo con un tango o una serie de estos.

Tres cantaores de los más grandes, Antonio Chacón, Manuel Torre y Pastora Pavón, consolidaron y divulgaron esa innovación poco después mediante los primeros discos de 78 rpm. Sin embargo cabe observar que, en la gran mayoría de esas grabaciones, las etiquetas conservaron el nombre de tangos(9). Por supuesto algún retraso era inevitable en la terminología, pero lo que en realidad tiene lugar es un cambio de orientación estética, y la sustitución de un producto de carácter dudoso por otro más decoroso sin modificación de nombre, y dentro de una búsqueda de más calidad de un tipo poco frecuente. Se percibe por detrás, en los cantaores aludidos, un deseo de alejarse de un repertorio heredado bastante crudo, hecho más bien para calles, plazuelas y el arte de pasar la gorra, que para una clientela respetable y refinada.

 
 

 

Sobre ese afán de distanciarse de la herencia tenemos una confirmación indirecta pero sugerente. Pastora Pavón debió su nombre artístico a un tango festero que cantó de chiquilla, y conservó hasta su muerte, sin entusiasmo, aquel apodo de Niña de los Peines(10). Sin embargo, pese a la inevitable presión de las casas de discos, en casi cuarenta años de vida profesional no hizo una sola grabación de aquel tango de los peines en teoría tan suyo, y tampoco grabó tandas de tangos festeros y rápidos antes de sus últimos discos, en 1946-7 y 1949(11). La fuerza de sus reservas frente a ciertos tangos de antaño parece casi palpable.

Por otra parte, y curiosamente, los tangos festeros de antigua generación o estirpe, y con fuerte polaridad sexual, sobrevivieron en Triana, dentro de algunas familias gitanas. Reaparecieron en un espectáculo dado en Sevilla el 28 de febrero de 1983 en el Teatro Lope de Vega, y también en una película de 1992 de Ricardo Pachón(12). No sólo un puñado de gitanos viejos de ambos sexos habían preservado en privado la herencia de esos tangos como parte de su cultura sino que, en ambas ocasiones, le dieron una expresividad y franqueza, al nivel de la pelvis y del « trasero », que las autoridades del siglo XIX, tal vez, no hubieran tolerado. Esos tangos antiguos, alrededor de Carmelilla Montoya, al parecer habían sobrevivido algún tiempo al traslado desde Triana a las Tres Mil Viviendas ; pero en una vídeo reciente sobre esta barriada no se percibe mucha memoria de ellos(13).

La situación es poco común : rara vez se pueden observar, casi al lado una de otra, dos fases extremas dentro de una evolución. Apoyándome en parte en tal fenómeno, voy a proponer un hilo conductor de claro origen africano.

*
* *

Es muy probable que el tango empezara como baile y que el cante necesitara bases nuevas para poder desarrollarse : un tempo decelerado, con más espacio y libertad para más repeticiones textuales. La base permanente del tango en su forma inicial es un esquema rítmico binario hecho de dos secuencias de tres pulsaciones (como tresillos) separadas por un silencio, que, numerándolas, se pueden representar como : 123 123 123 123 (etc.). Tal es la base, explicita o subyacente(14). Se indica en general al principiar el tango, y periódicamente en las palmas del cantaor, que a menudo vuelve a ese esquema-base entre una letra y la siguiente(15). Poco después de indicada, esa base viene modificada, principalmente en la segunda mitad del esquema binario. Hay pulsaciones suprimidas, como en 123 12, 123 1 (etc.). Las disimetrías que resultan generan síncopas, orientan hacia un « meneo » muy marcado, con apoyo sucesivo en una pierna y después la otra, y empujan el ritmo con fuerza hacia adelante. Un paso es así abierto a un sinfín de innovaciones y variaciones, dentro de una plasticidad inventiva análoga a la que se encuentra en las bulerías (que nacieron más tarde). Por otra parte, el espacio disponible para la voz en los tangos queda estrecho. La combinación de la estructura y de la presión del ritmo corta las alas del cante, que no puede desarrollarse sin comprometer el dinamismo del conjunto.

Lo más original en ese ritmo-base es que combina elementos ternarios y binarios. Se trata de una combinación y no de alternación como en las siguiriyas y soleares : las pulsaciones vienen por series de tres dentro de un esquema hecho de dos series.

Ahora bien : mucho antes de que, a mediados del XIX, aparecieron las primeras menciones conocidas de tangos, « de negros » o « americanos »(16), se pueden cosechar numerosas indicaciones fonéticas de ritmos mayormente ternarios, o ternarios y binarios, en textos de entremeses, sainetes, tonadillas, etc., en contextos andaluces que a menudo incluyen alusiones a guitarras (la más antigua de 1596), castañuelas, tambores, sonajas y zapateado. Siguen ejemplos sacados de varios contextos dispersos, y citados con menciones de fechas o de autores cada vez que sea posible : « tu, pu tu tu, pu tu tu, pu tu tu » (1602), « Ah, ah, ah, eh, eh, eh », « ¡ he, he, he ! » (Lope de Vega), « ¡ Gurrumé, gurrumé, gurrumé ! » (1672), « Gurumbé, gurumbé, gurumbé » (Francisco de Avellaneda ), « ¡ Eh, eh, eh, eh ! » (1661), « Teque, teque, teque » (hacia 1651), « teque, reteque, teque, reteque », « ¡ Ay, que teque, reteque » (Avellaneda, 1664), « ¡ Teque, teque, teque ! » (1655), « teteque, teteque, tetaca, / tataca, tataca » (Guerrero, 1757), « ¡ le, le, le ! » (1708), « La, la la, lu, lu, lu, le, le, le » (1776), « ¡ Ye, ye, le, le, le, le, le ! » (López del Campo), « Eche usté, eche usté, eche usté /…/ chámame, chámame, chámame » (Pablo Esteve, 1776), y inevitablemente otros(17).


 


(1) Arcadio de Larrea, El flamenco en su raíz (Madrid, 1974), p. 33, nos entrega lo que llama una « noticia de interés » de parte de un « Músico » de Lope de Vega, quien a propósito de un baile da el siguiente consejo : « Si es bueno llamadle nuevo, / que todo lo nuevo aplace ». En 1602, ya se escribía : « en las tiendas han puesto nombres diferentes a las tocas para aficionar las mujeres » ; v. Navarro, 1998, p. 118.

(2) Sobre el pasado del tango, se pueden consultar (entre otras obras) el Diccionario enciclopédico ilustrado del flamenco, (2 vols., Madrid, 1988) ; Historia del flamenco, (5 vols., Sevilla, 1995-6), IV. 405-9 y 411-29 ; Romualdo Molina y Miguel Espín, Flamenco de ida y vuelta, (Sevilla, 1992) ; José Luis Navarro García, Semillas de Ébano, el elemento negro y afro-americano en el baile flamenco, (Mairena del Aljarafe, 1998) ; y, del mismo autor, De Telethusa a la Macarrona, bailes andaluces y flamencos, (Dos Hermanas, 2002). A lo que se debe añadir, dentro de la reciente edición completa de Pastora Pavón, los comentarios de Cristina Cruces Roldán sobre los CD’s ; de los hermanos Hurtado Torres sobre tangos y tientos ; de Romualdo Molina sobre el mismo tema ; y de Norberto Torres Cortés sobre el toque.

(3) Gracias al notable libro de Navarro García publicado en 1998. Sobre el tango « de negros », v. también José Luis Ortiz Nuevo, ¿ Se sabe algo ? […], (Sevilla, 1990), pp. 34, 46, 65, 143, 145, 148 y 149 . Sobre el contenido abiertamente sexual de muchos bailes de negros, v. por ejemplo Navarro, 1998, pp. 77-89.

(4) V. Ortiz Nuevo, 1990, p. 112 (año 1849) ; Navarro, 1998, pp. 61 nota 11 y 161-73 ; y Navarro, 2002, cap. 20. En 1849, a propósito del tango americano, un periodista sevillano muy bien informado sobre la génesis de éste en Cuba comentaba : « Si se hubiese bautizado con el [nombre] de [tango] Africano, sería más pasajero, ya que fue inventado por ellos » (Navarro, 1998, p. 163) : se trata de un tango nacido en Cuba entre africanos. En 1867, fue anunciado en Jerez un espectáculo en que (entre otras cosas) « Francisco Fernández conocido por [Curro] Dulce […] bailará El Tango Americano » (v. Navarro, 2000, p. 208 ; y Dos Siglos de Flamenco, Jerez, 1989, p. 371). Parece totalmente improbable que Curro Dulce interpretara en público – solo y sin pareja… – un baile de mujer de carácter lascivo, y es más probable que bailara unos tangos festeros que Silverio anunció bajo un adjetivo en boga.

(5) V. Navarro, 2002, p. 208, citando José Otero, Tratado de bailes (Sevilla , 1912 ; edición facsimile de Madrid, 1987), pp. 223-8.

(6) V. El Alma de Andalucía […], (Madrid, 1929), pp. 8-10.

(7) V. Emmanuel Chabrier, Correspondance, (París, 1994), pp. 166, 168, 172 y 176 . Alternando entre el francés (que traduzco) y un castellano muy suyo del que echaba mano para lo que le parecía indecible en francés, evoca « aquel admirable trasero sevillano que gira por todos los lados mientras el resto del cuerpo queda inmóvil », « un trasero muy hermoso, muy developado [sic] – es el trasero del país », y describe el tango como « una suerte de baile en el que la mujer imita con su trasero el cabeceo de un barco ». (Sus cartas incluyen también breves extractos musicales transcritos al pentagrama).

(8) Dicho texto viene citado in extenso en La Serneta, 1 (2000), p. 12, y resumido en el Diccionario, art. tango ; una reproducción del manuscrito podría ser útil. Es descrito como hallado por José Blas Vega en un texto de 1814 titulado « Apuntes para la descripción de la ciudad de Cádiz » y atribuido a D.F. de Sisto. Evoca « tangos » y otros « bailes » caracterizados por la « gracia » y una « expresión voluptuosa », « airosos y elegantes cuerpos », « dichos siempre chistosos », « coplas » que dicen algo, « lo pintoresco y airoso del vestido » y la « gracia del lenguaje ».

(9) Chacón grabó en 1909 y 1913 seis tandas de tientos bajo el nombre de tangos. En las siete series de « Tangos » grabadas por Manuel Torre en 1909, seis son de tientos (la séptima – si es que la hubo – no ha sido reeditada). Para Pastora, v. la nota 11 abajo.

(10) V. la cita del año 1934 que da de ella Manuel Bohórquez, La Niña de los Peines, (Sevilla, 2000), p. 34 : « no me gusta mi nombre de guerra […], su origen » siendo un estilo de poca « fuerza flamenca » – algo inferior.

(11) En la reciente edición completa, son los cortes 12.13 y 20 (« Al gurugú » y « De color de cera mare »), y 13.09 (« A mi mare abandoné »). En 32 grabaciones suyas de tangos y de tientos, 7 son tituladas « tientos », 24 tangos, y una, 13.09, « Tangos y tientos ». La distinción entre tangos y tientos (que me parece imprescindible, a pesar de la existencia de una zona fronteriza) adquirió un carácter casi oficial sólo con la primera Antología de Perico del Lunar en 1954 ; Antonio Mairena en general la consolidó.

(12) Navarro García, Historia del flamenco, IV.409 nota 13, facilita detalles sobre el espectáculo de 1983, en que « podía verse cómo los viejos flamencos dichos El Titi, El Pati, El Conejo, se llevaban limpiamente su mano a la bragueta y así recogían a las mujeres por tangos ». La película es muy sugerente también, y la menciona Navarro, 2002, p. 208 nota 22 : se titula « El Ángel » y abre la serie « Triana pura y pura », RTVE-PAPSA, 1992. En el siglo XIX el contenido de aquellos bailes en público era a veces tan explícito que las señoras eran escoltadas afuera con prisa ; v. por ejemplo Chabrier, pp. 172 y 176, quien observa también, p. 167 (en traducción mía) : « la gente elegante no va a los bailes : cuando quieren ver ese tipo de espectáculos, las bailaoras vienen a casa de ellos ».

(13) V. Rito y geografía del cante, vols. 5A, 9A, 22C y 25C (las letras designan el programa dentro del videocasete) ; y el reciente DVD de Dominique Abel, « Polígono Sur » (Barcelona, 2003).

(14) Los extractos presentados a continuación proceden de : los cilindros de cera reeditados por el Centro Andaluz de Flamenco de Jerez, 1.3 (Manuel López) ; los tangos de Bernardo de los Lobitos con Perico del Lunar en la Antología mejicana Orfeón ; Manuel de Paula con Pedro Bacán, Lebrija ; Antonio Mairena (« completo ») con Melchor de Marchena, 5.13 ; Gabriel Moreno con Felix de Utrera, « Tangos de Jaén », en la Magna antología ; y el primer disco de Camarón con Paco de Lucía, 1969.

Ejemplo sonoro 1
Ejemplo sonoro 2
Ejemplo sonoro 3
Ejemplo sonoro 4
Ejemplo sonoro 5
Ejemplo sonoro 6

(15) Los tocaores a menudo procuran liberarse del esquema ternario-binario : tocan tres acordes seguidos, un cuarto de resolución armónica, y siguen así ; lo que en ciertos casos conduce a secuencias de pulsaciones de tipo 123 1 o 1234. En los tientos, el tempo más lento y el uso de síncopas borran el esquema ternario-binario y crean una atmosfera de expectación meditativa.

(16) V. las notas 3 y 4 arriba.

(17) V. Navarro, 1998, pp. 72-4, 83, 88, 92, 138, 139-40, 142, 144, 145, 150-1, 152, 158 y 183. Algunas de esas notaciones fonéticas vienen repetidas varias veces dentro de un mismo extracto, lo que no ha parecido necesario reproducir. Larrea, pp. 45 y 83-4, también cita algunos de esos textos.


 


VOLVERRecursos  Contacto | Intercambio de enlaces | Webs de interes | Histórico | Aviso legal
JondoWeb