De fiesta está
el mundo del Arte Flamenco. Todos celebran que el Premio
Príncipe de Asturias de las Artes haya sido otorgado
a Paco de Lucía. Y todos celebran que Paco declare
que se considera representante del Arte Flamenco, y que
extiende su premio a todos los flamencos. El humilde, leal
y magnánimo Paco reparte su premio con el mismo cariño
con que su madre repartía los garbanzos en su casita
algecireña. Y es que este Paco siempre anda llenando
estómagos. Y es que este Paco es especial.
Pero metabolizadas las burbujas de los champanes del mucho
brindar y del mucho celebrar, no está mal meditar
con sosiego un poquito más. Y hay que recordar...
Y hay que recordar cuando se decía con ironía
que Paco de Lucía no sabía. Que no sabía
tocar para cantar ni para bailar. Y más y más.
Y que lo que hacía, no era tocar. Y que el tocar
para cantar y para bailar es otro cantar y harina de otro
costal. Y más y más.
Y se le negaba el
pan y la sal. Y hay que recordar cuando en la Expo, en los
carteles de un concierto con Julio Iglesias y con Plácido
Domingo, escribieron su nombre con letras pequeñas.
Hasta la tinta le regatearon más. Y él se
negó a tocar. Y declaró que las humillaciones
al Arte Flamenco, no las aguantaba más. Y más
y más. Hay que recordar más.
Nobles me parecen las declaraciones de Paco de Lucía,
el que no sabía. Nobles y leales por demás,
como el que más. Y como el que más, llevando
al Arte Flamenco por el mundo mundial de verdad. Y como
el que más, empingorotando al Arte Flamenco en lo
más de lo más. Y como el que más, es
por fín reconocido más y más en el
proceloso mundo de los honores españoles, del país
del nunca más y del nunca jamás.
Y noble me parece Paco que arma el taco. Que mete el cucharón
en su galardón, y lo reparte como el que parte parte
de su potaje. Y sin más, llena los estómagos
de los demás. Este Paco es el más sensacional.
Este Paco es formidable hasta para dar potaje. Y desde luego,
ha formado un buen potaje.
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