José Gelardo
Murcia, 2003
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MORISCOS Y FLAMENCO EN ANDALUCÍA ORIENTAL
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Enumeradas estas razones que nos hacen pensar que estos bandoleros eran monfíes, eran moriscos, el agasajo y la cita:
<<CON BAILES I DANZAS A SU MODO>>
puede cobrar mayores dimensiones sobre todo por la utilización del posesivo "su", refiriéndose al modo, a la manera de hacer los bailes y por qué no los cantos. Parece sensato pensar que no se refiere el texto a que los bandoleros tengan una manera especial de cantar o bailar; por el contrario la documentación histórica si atestigua los particulares cantos y bailes de los moriscos que han dejado de ser la copia de lo árabe-oriental para ir transformándose paulatinamente en el MODO NUEVO de los hispano-musulmanes de Andalucía, síntesis, simbiosis y sincretismo de las tradiciones cristianas y las árabe-moriscas.
Permítasenos llegados a este punto hacer un breve paréntesis siempre con la mira puesta en remitir parte de la historia del flamenco a los siglos XVI y XVII, para dar a conocer algunos datos de las inclinaciones festeras y cantaoras de los hispano-musulmanes, es decir de los moriscos, noticias que además se dan la mano con las mismas aficiones gitanas y cristianas, mestizaje de indudables consecuencias en cuanto a la conformación de lo flamenco.
Estas noticias, estos datos se refieren a las Danzas de las Fiestas del Corpus en Córdoba durante los siglos XVI y XVII19. El estudio de esta documentación así como de la que se vaya expurgando en los archivos de ciudades como Almería, Granada, Málaga o Sevilla contribuirá a ir matizando, perfilando elementos musicales, etnológicos y antropológicos referidos al flamenco, hasta ahora no suficientemente conocidos. Señala ARANDA DONCEL en Córdoba y en un período que va desde 1570 hasta 1640 que aparecen, entre otros muchos, cuatro tipos de bailes o danzas perfectamente delimitados y diferenciados, a saber:
"Danza de la chacona"
"Danza de gitanos"
"Danza de la Morisca"
"Danza de serranas"
Gitanos y moriscos aparecen en el relato de estas Fiestas del Corpus como sujetos activos del desarrollo de estas danzas o bailes y en más de una ocasión son los propios moriscos los que obtienen los primeros premios. La minoría morisca según el trabajo de ARANDA DONCEL, -constituida fundamentalmente por trabajadores temporeros aparte de gallegos y asturianos- representaba nada menos que el 44% de los artistas participantes en dichas fiestas. Esta misma <<danza de la morisca>> aparece en 1605 cuando el embajador Conde de Nottinghen y su séquito <<encontraron al paso unos gitanos, los cuales distrajeron al embajador con danzas a la morisca usanza>>. Y aquí la novedad ya no es que la fiesta morisca, la danza morisca esté de moda o al uso: lo más novedoso es que tales gitanos, al decir de GÓMEZ ALFARO20 no sean solo y estrictamente gitanos: este texto nos está delatando la convivencia y el mestizaje de moriscos y gitanos.
Pero retomemos el tema:
El monfí era para el morisco algo muy parecido a lo que el prototipo de bandolero, caso Diego Corrientes, representaría para el bajo pueblo andaluz: un adalid de la libertad, un aliado contra la injusticia social. El monfí, el bandolerismo morisco acaba su historia, en principio, con la expulsión definitiva de 1609-1610. Como nos indica B. VINCENT este bandido <<había nacido a partir de un problema global, con el mismo había crecido y desaparecido. Pertenece, pues, a una época y a un espacio geográfico delimitado... Merecen ser situados en la tipología del bandido social elaborada por Earl Hobsbawn como vengadores cuyo furor destructivo es la expresión de una minoría oprimida>>, que sufrirá en sus carnes la tortura, las galeras, la cárcel21 el descuartizamiento, la horca...
Con la cita anterior hemos tratado de poner de relieve ciertos rasgos comunes entre estos bandoleros y el bandolerismo andaluz del XVIII y principios del XIX. Ahora bien, con la desaparición de aquéllos a partir de 1610 desaparece asimismo y de manera general el bandolerismo en Andalucía hasta siglo y medio después (Diego Corrientes), hecho fácilmente constatable si echamos mano de las publicaciones sobre el tema (BERNALDO DE QUIRÓS y ARDILA, HERNÁNDEZ GIRBAL, PASTOR PETIT)22. Este fenómeno puede ser explicado en parte por la magnitud de la expulsión que impide cualquier atisbo de lucha armada y que provoca resignación, sumisión, secretismo frente a los poderes públicos, frente a la Inquisición sobre todo. También desaparecen casi por completo las referencias históricas o literarias a los bailes y cantos de los moriscos, porque estos desaparecen oficialmente de nuestra historia: aunque seguirán dándose numerosos expedientes inquisitoriales contra ellos, a partir de ahora al innombrable morisco se le perseguirá en tanto que vagabundo o gitano.
Pues bien, a pesar del paréntesis general bandoleril que se extiende desde 1610 hasta más allá de la primera mitad del siglo XVIII hemos encontrado referencias ricas y sugestivas hacia 1690 en el Voyage en Espagne d´un ambassadeur marocain23. La relación del viaje ya conocida por Estébanez Calderón como buen orientalista y arabista, está escrita por Mohammed Ben-Al-Ahab Alocisir quien fue enviado por el emperador Muley Ismael a la Corte de Carlos II en Madrid con el objeto de intercambiar cautivos cristianos por moros esclavos y una buena cantidad de libros24. En su recorrido por Andalucía hasta llegar a Madrid nos relata a su paso por la zona oriental de Sierra Morena que: <<nadie puede viajar sólo durante el período de los trabajos agrícolas en Sierra Morena y en las zonas de la Mancha, por el miedo que les tienen a los bandoleros>>25.
Por aquellos parajes el embajador en cuestión encuentra a un amigo de D. Alonso, descendiente de moriscos, y que había sido jefe de alguna de aquellas cuadrillas de bandoleros. Nos refiere que: <<Este hombre es uno de los bandoleros de aquellas montañas. Se cuenta que en la época en que fué bandolero, el rey de España envió cierto día un destacamento de alguaciles para prenderle. Se escondió en una cueva de aquella sierra y los soldados desistieron de su empeño de cogerle>>26. Además el deseo del bandolero de acompañar al embajador a Marruecos le delata como morisco: <<Si estuviera listo -dice- para emprender viaje, me iría contigo y le pediría (al emperador Maley Ismael) una carta de recomendación para que el rey de España me concediera el indulto ...>>27.
Y nos encontramos con uno de los pasajes más interesantes del Viaje en cuanto a nuestro trabajo. En esta misma Andalucía Oriental, en los aledaños de Sierra Morena y entre nómadas (posiblemente gitanos), moriscos y gentes que por sus costumbres y modos de vida se asemejan a <<nuestros bereberes>>28 tiene lugar una espléndida fiesta de recibimiento para celebrar la llegada de los marroquíes. En esta fiesta se va a cantar: el acompañamiento de los cantos se hace con una guitarra y sobre esta particular manera de cantar se nos dice algo realmente sorprendente:
<<SU CANTO ES DIFERENTE DEL DE LOS CRISTIANOS QUE VIVEN EN LAS CIUDADES>>29.
Explotando esta cita comentábamos en un trabajo anterior30 que <<sin lugar a dudas estamos en presencia de una música, de un canto no conocido, marginal, no popularizado por prohibición y persecución. En definitiva no sería arriesgado afirmar que este canto no cristiano podría ser uno de los elementos embrionarios de la posterior manera flamenca de cantar>>.
Llegados a este punto se hace necesario comparar la cita anterior (<<Su canto es diferente del de los cristianos que viven en las ciudades>>) sobre esta manera peculiar de cantar, con aquella otra del relato de PACHECO referida a los monfíes y a su fiesta (<<con bailes i danzas a su modo>>). Delimitando también las dos fechas en que se producen estos acontecimientos, finales del siglo XVI por una parte y finales de XVII por otra, podemos afirmar que se va perfilando una continuidad, una tradición cantaora morisca que en ocasiones va unida a bandoleros moriscos o descendientes de éstos.
Permítasenos ahora el atrevimiento de establecer no sólo un paralelismo sino también una continuidad entre la tradición cantaora de estos últimos bandoleros y la misma afición cantaora de Diego Corrientes en el último tercio del siglo XVIII e incluso con Juan Caballero.
En lo referente al tema del bandolerismo, en particular, QUIRÓS y <<ARDILA>> hacen algunas observaciones:
a) Existencia del bandolerismo en la Edad Media (e incluso antes) y en el siglo XVI de manera general tanto en Andalucía como prácticamente en toda España.
b) Paréntesis de casi dos siglos de ausencia del bandolerismo en toda España.
c) Resurgimiento del mismo solamente en Andalucía y zonas limítrofes en el siglo XVIII y XIX.
d) Retirada paulatina de este fenómeno social de Norte a Sur: desaparece el bandolerismo extremeño, luego el de los Montes de Toledo, Despeñaperros para terminar en <<las últimas serranías penibéticas, singularmente la de Ronda, alpha y omega, esto es, principio y fin, del bandidaje>>31 en la Andalucía Oriental.
Para explicar este particularísimo resurgir (y también la muerte) del bandolerismo en Andalucía y solamente en Andalucía, se aducen varias razones tales como la propia organización social que genera y da lugar al sistema agrario latifundista; aunque inmediatamente los autores recogen velas manifestando que el latifundio también ha existido en otras regiones y en éstas no volvió a resurgir este especial tipo de bandidaje32. ¿Qué otra explicación cabría para descifrar el enigma?:
Aquí se nos presenta otro factor más: el factor étnico e histórico, la raza y la tradición, que acaban de fijar en Andalucía el tipo del bandido como una figura propia del país, semejante a la del torero y a la del majo, como un elemento peculiar de su inconfundible paisaje33...
en el bandolerismo andaluz debe haber algo extraño al régimen general de la gran propiedad en sí misma y exclusivamente peculiar de la historia íntima de Andalucía34.
Veamos si podemos desentrañar ese <<algo extraño>> de <<la historia íntima de Andalucía>>, esos factores de los que nos hablan QUIRÓS y ARDILA. Ya hemos visto por una parte los elementos festeros, de baile, cantaores de los primeros bandoleros; señalemos por otra parte que, ¡feliz coincidencia!, el paréntesis bandoleril del que se nos habla coincide casi exactamente con la expulsión definitiva de los moriscos sobre 1610 y viene a terminar con la aparición del prototipo de bandolero, Diego Corrientes, en el último tercio del siglo XVIII, aparición que además, ¡ejemplar coincidencia! es paralela a las medidas de <<asimilación>> y <<liberalizadoras>> de Carlos III respecto de los gitanos.
Sin embargo lo más llamativo de Diego Corrientes, para nuestro estudio. no es que fue un bandolero sino que además fuera cantaor, perpetuando toda una tradición de la que venimos hablando; es el caso de Juan Caballero y también el de otros bandoleros. La Historia del Cante Flamenco ha sido terriblemente injusta con aquel a quién la tradición le atribuye esta quejumbrosa carcelera o tonado de la cárcel:
Beintisinco calabosos
Tiene la carse de Utrera,
Beinticuatro yebo andaos
y er más oscuro me quea,
Otros cantaores han pasado a la historia y a los diccionarios con muchos menos datos, incluso de algunos tan sólo conocemos el nombre. Invitamos, pues, a los autores del Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco a que en el próximo apéndice remedien esta notable injusticia.
Dicho esto, es el momento de establecer algunas conclusiones.
- Ronda aparece como principio y fin del bandolerismo; el principio con La Sauceda y fin con uno de los últimos bandoleros, Pasos Largos. Ronda, principio del bandolerismo cantaor con La Sauceda y continuación del mismo con Tragabuches, bandolero, torero, gitano y cantaor.
- Hacia 1690, los moriscos en tanto que grupo siguen siendo reconocibles como tales.
- En estas mismas fechas las manifestaciones folklóricas de este grupo siguen vigentes, reconocibles y autónomas respecto del canto de los <<cristianos>>.
- En 1690, la convivencia con los nómadas, seguramente gitanos es un hecho evidente: convivencia que arranca de mucho antes de la expulsión en 1610 y que empieza a conformar el grupo morisco-gitano. Este hecho no excluye la fusión y mezcla del morisco con otras capas o grupos populares y marginales andaluces y extraandaluces; incluso la permanencia aislada y soterrada del grupo morisco autónomamente. Así lo prueban los datos, las investigaciones de CARO BAROJA, VINCENT, GÓMEZ ALFARO, LEA, etc.
- Podemos observar cómo el renacimiento del bandolerismo de finales del XVIII, las medidas liberalizadoras de Carlos III hacia el gitano, grupo en el que seguramente ya se ha diluido buena parte del grupo morisco, y las primeras noticias que tenemos de 10 FLAMENCO, coinciden en el tiempo, y en el espacio geográfico.
En definitiva, por los datos que hemos aportado en cuanto a la localización de núcleos cantaores y otros que aportaremos (Almería, Ronda, Almadén, Linares, Sierra Morena) creemos que hay que empezar a poner en cuarentena la idea del famoso triángulo flamenco como origen de muchas de las manifestaciones flamencas e incluso de aquellas que suelen considerarse como las más puras. Posiblemente Triana y los otros núcleos del triángulo no hayan sido la cuna exclusiva de donde irradió lo flamenco; y aún siendo cuna, lo que han representado sobre todo es la confluencia de otras cunas repartidas por toda la Andalucía Oriental.
En resumen, el flamenco es un río demasiado caudaloso y profundo como para creer que ese inmenso caudal ha surgido apenas anteayer y brotado de un exiguo manantial.
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19. Aranda Doncel, Juan, "Las danzas de las Fiestas del Corpus en Córdoba, durante los siglos XVI y XVII. Aspectos folklóricos, económicos y sociales", Boletín de la Real Academia de Córdoba, año XLVII, n°- 98, pp. 173-194.
20. Gómez Alfaro, Antonio, "Algo más sobre gitanos y moriscos", Cuadernos Hispanoamericanos, n°-512, Febrero 1993, pp. 71-89.
21. Vincent, Bernard, Les bandits...
22. Bernaldo de Quirós, Constantino y Ardila, Luis, El bandolerismo...; Hernández Girbal, F., Bandidos españoles célebres, en la historia y en la leyenda, Madrid, Ediciones Lira, 1978, 2 t.; Pastor Petit, Domingo, El bandolerismo en España, Barcelona, Plaza y Janés, 1979.
23. Voyage en Espagne d´un ambassadeur marocain (1690-1691), traduit de l'arabe por Henri Sauvaire, Paris, Ernest Leroux, 1884.
24. Estébanez Calderón, Serafín, Obras completas. Fragmentos de la Historia de la Infantería Española, Madrid, Atlas, Biblioteca de Autores Españoles, 1955, t. II, p. 265.
25. Voyage en Espagne...., pp. 68-69.
26. Ibidem, p. 70.
27. Ibidem, p. 71.
28. Ibidem, p. 65.
29. Ibidem, p. 65.
30. Gelardo Navarro, José, "Viaje a España de un embajador marroquí (1690-1691)", Postdata, n°- 12 y 13, 2á época, primavera 94, Murcia, pp. 123-126.
31. Bernaldo de Quirós, Constantino y Ardila, Luis, El bandolerismo... pp. 202-204.
32. Ibidem, pp. 204-205.
33. Ibidem, p. 74.
34. Ibidem, p. 205.
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