Simón Serrano, es un cantaor vallecano que ha dado
la vuelta al mundo trabajando en teatros de Nueva York como
el Radio City o el Albert Hall. Ya se que a muchos no les
suena este nombre, pero es que en el flamenco se repite demasiado
esta letanía del desconocimiento entre la afición.
Lo insólito del caso, no es que Simón haya triunfado
en el mundo, otros lo hicieron antes pero todos lo sabíamos.
Lo extraordinario, es triunfar y no ser conocido ni en tu
propio barrió. Simón se sonríe asintiendo
cuando me asombro de la dilatada calidad de sus trabajos.
Se que grabar junto al maestro Sabicas por ejemplo, no es
corriente aunque otros lo hicieron, pero también se,
que los otros, lo han pregonado hasta la saciedad. Tampoco
es corriente haberse entonado por colombianas junto al mismísimo
Frank Sinatra cantando a New York, New York, y Simón
lo ha hecho.

Emilio Prado, Simón Serrano, Frank Sinatra y Alejandro
Monzón
Hoy, Simón no puede escuchar su disco grabado en América
junto a su amigo Agustín Castellón, ni recordar
su estampa cantaora junto a Pilar López o José
Greco porque en 1975, su casa quedó destruida por un
fatal incendio, desapareciendo muchas de las reliquis graficas
y sonoras de toda una vida de trabajo que comenzó como
arriero en tierras de Jaén y terminó como pregonero
del cante en América, una pesada carga que ha paseado
por el continente con aleación de humor y dignidad.
Recientemente sus amigos de New York le han llamado para pedirle
que regrese y ofrecerle un homenaje de recuerdo consistente
en la reproducción en serie de aquel viejo disco de
vinilo fatalmente abrasado por el fuego. Así que finalmente,
Simón podrá regresar de nuevo a su barrio con
un buen lote de discos bajo el brazo y regalar a sus amigos
un trabajo que bien hubiera merecido la pena haberse reeditado
antes.
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