2.- Su influencia
sobre la evolución del cante
En la vertiente « paya »
del cante, no se observan ningunas huellas de la influencia
de la primera Llave : ésta no estaba dirigida
hacia esta parte del paisaje. Sin embargo, durante el magisterio
de Chacón, los cantes « compuestos »,
« de soleá p’arriba »
o « de serrana p’arriba », perdieron
algún terreno, debido al éxito de las creaciones
del maestro. Sin ninguna duda se siguieron cantando, a petición
de aficionados de solera vieja, y fueron recuperados en
buen estado para la Antología de 1954, gracias a
Perico del Lunar, Pepe El de La Matrona y Jacinto Almadén.
Pero el mismo Chacón no hizo ninguna grabación
de estos tres cantes, y la caña grabada en 1929,
el año de su muerte, por su más notable discípulo,
Cayetano Muriel Niño de Cabra, refleja muy probablemente
un deseo de no dejar perderse la caña del maestro.
Hubo pocas grabaciones de estos cantes en discos de 78 rpm.
La muerte de Silverio en 1889 inauguró una época
en la que generaciones sucesivas de públicos nuevos
pidieron productos nuevos conformes a sus nociones sobre
el cante. Dentro de tal evolución, los gustos de
la mayoría tienden a orientarse hacia fórmulas
de creciente sencillez, y la caña, la serrana y hasta
el polo, fueron percibidos como estructuras demasiado complejas.
En sus últimos años, Chacón fue abucheado
hasta en Jerez y Málaga por públicos que pedían
fandangos. Uno de los problemas planteados por la llamada
tradición « flamenca » es que
los que se interesan por su pasado son una minoría,
mientras muchos nuevos oyentes se orientan hacia lo más
accesible.
*
*******
En la vertiente gitana
del cante, se pueden observar tres reacciones frente al
aspecto más ambicioso de la herencia silveriana y
« paya » : un rechazo de la retórica
de los cantes compuestos, la expresión de una preferencia
por una mayor simplicidad, mayor naturalidad y mayor emoción,
y sin embargo huellas ocasionales de una tentación
de acudir a algunos recursos silverianos. Dentro de este
contexto es donde la Llave adquiere toda su significación.
La caña, el polo y la serrana comparten una estructura
muy especial. En tandas de soleares, siguiriyas, tonás,
fandangos y derivados, etc., cada cante desarrolla una letra
y coincide enteramente con ella. Al contrario, los tres
cantes enumerados arriba descansan en dos estrofas de dos
versos cada una, después de las cuales otras fórmulas
melódicas más breves cierran el conjunto de
cante. Se conserva dentro de tal esquema la letra tradicional,
pero viene dividida en dos pares de versos, uno en cada
estrofa. Ahora bien : dos versos son muy poco texto
y traen poca sustancia. También puede suceder que
el sentido quede suspendido entre las dos estrofas, lo que
es incómodo. Por otra parte, la división de
la letra original de cuatro versos está pensada para
orientar al oyente hacia la percepción de un conjunto
mucho más ambicioso y más grande que una mera
tanda de cantes cortos.
Se utilizan en la caña, el polo y la serrana dos
recursos más para dar a esos cantes más cuerpo
y una suerte de majestad y grandiosidad. Se trata de repeticiones
textuales por una parte, y de vocalizaciones por otra.
Como ejemplo de repeticiones, bastará dar a continuación
el texto de la serrana cantada por Pepe El de La Matrona
para la Antología de 1954. Su base es una seguidilla
de siete versos :
(Estrofa 1 :) Yo crié / Yo crié en
mi rebaño / Una cordera / Una cordera / Una cordera
/ Yo crié en mi rebaño / Yo crié en
mi rebaño / Una cordera (eee… :
vocalización) / Una cordera.
(Estrofa 2 :) Una cordera / Una cordera. /
De tanto acariciarla / De tanto acariciarla / Se volvió
fiera (eee… : vocalización)
/ Se volvió fiera.
(Macho : ) Y las mujeres / Contra más
se acarician (¡ Ayyy… !) / Fieras se vuelven
/ Contra más se acarician / Fieras se vuelven.
Por cierto se observa una simpática aceleración
de los procedimientos a medida que va avanzando el cante,
pero la utilidad semántica de repeticiones tan insistentes
parece escasa. Como le decía la madre de Hamlet a
un interlocutor prolijo : « ¡ Más
sustancia, con menos arte ! ».
Con esta abundancia de repeticiones se incorpora otra de
vocalizaciones, de varios tipos. Algunas nacen de un « ¡
Ay ! » que viene gradualmente alargado y
modulado, hasta tal punto que la percepción del gemido
inicial acaba por perderse. A veces la vocalización
nace de una vocal, generalmente la última, que precede
en el texto : en tales casos, desaparece hasta el recuerdo
de un quejido. Se nota también en esta parte del
paisaje la influencia de estribillos que eran originalmente
cantados a coro : han sido trasladados a la voz sola
y concluyen cada estrofa de la caña o del polo. Más
generalmente, asoman en el trasfondo varios aspectos de
una rica herencia melismática, en la que una sílaba
del texto sirve de apoyo a un desfile de notas : hasta
veinte.
Los resultados son variables. Entre tales fenómenos
se nota una tendencia de lo significante y sustancioso a
diluirse en efectos puramente vocales : la voz se vuelve
finalidad casi exclusiva. También, según sea
breve o alargada, abierta a una evolución o fija
y momificada, emitida una sola vez o repetida tal cual en
líneas melódicas paralelas, una modulación
puede orientarse hacia la expresividad o hacia la repetición,
y al oyente se le ofrece o bien lo imprevisible o bien lo
harto conocido. También, en el texto de una letra,
sucede a veces que tales vocalizaciones largas se introduzcanen
medio de una sentencia, y hasta entre sujeto y verbo o verbo
y complemento directo. En tales casos, unos efectos vocales
sin contenido suspenden, a veces repetidamente, la entrega
del sentido.
En resumidas cuentas, la grandeza y la envergadura de estos
cantes proceden esencialmente de una combinación
de textos modestos, de su ampliación metódica
mediante un lujo de repeticiones sin necesidad evidente,
y de vocalizaciones a veces melismáticas y obligatorias
que carecen de flexibilidad y hasta de contenido. Todo ello
en mengua de la naturalidad, más aún de la
emoción, y el oyente a veces se alarma de tales alardes
de recursos. Estamos delante de una estética de lo
formal, no de lo urgente.
Las distintas modalidades de cañas y polos que hubo
antes de Silverio apenas se conocen pues él sin alguna
duda las modificó. La serrana, por otra parte, es
creación suya, a partir de aires camperos y serranos,
y por eso su examen es revelador. Pero existe otro ejemplo
significativo : la siguiriya de « Doblaron
las campanas, señores ». Juan Varea decía
que la había aprendido de Rafael Pareja y que este
último la tomó de Silverio. (Mi interpretación
personal es que este cante es la reconstrucción aproximada
por Silverio del cante de El Nitri por siguiriya, del que
algunos compañeros le habían traido fragmentos
que quedan reconocibles, pero que él organizó,
completó y engrandeció a su manera). A continuación
se da la letra como la cantaba Juan Varea, con breves menciones
de las vocalizaciones de complemento :
Redoblaron las campanas, señores,
Ay Ay Ay Ay [etc.]
Ay Ay Ay Ay [etc.]Ay Ay
De San Juan de Dios ;
Habían redoblado por mi mare ‘e mi alma
Ay Ay Ay Ay [etc.]
Ay Ay Ay [etc.]y, y
De mi corazón.
Se notan dos veces dos series de vocalizaciones melismáticas
(cada una con un total de diez notas), desarrolladas de
modo enteramente formal y con los debidos paralelismos,
que cada vez interrumpen la entrega del sentido. Aquí,
como en la serrana, se puede estudiar de cerca cómo
Silverio fraguaba algunos de sus cantes.
*
******
Frente al uso casi
sistemático de tales recursos, la reacción
de los creadores gitanos de cantes fue esencialmente negativa :
¿ para qué tanto rumbo ?. Semejante retórica
no podía cuadrar con sus preferencias por una estética
de la desnudez y de la intensidad : un lujo de medios
no puede hacer las veces de sustancia, y cuando se abre
la boca es para decir algo. La reacción entonces
se hizo hacia más intensidad y se tomaron nuevas
orientaciones sobre los dos puntos sensibles : el uso
del « ¡ Ay ! » y de las
vocalizaciones, y las repeticiones textuales.
En su tratamiento del « ¡ Ay ! »,
El Nitri nunca echa mano del uso melismático o prolongado
de la palabra : se limita – cuando las hay –
a breves secuencias de dos o tres« ¡ Ay ! »
destacados, en posiciones variables dentro del cante, a
menudo en los versos impares, en forma de series descendientes
que cuadran con el recorrido de la frase musical y del cante.
Así viene reintroducido un « ¡ Ay ! »
expresivo que sirve para « doler »
al oyente, no para alargar el cante. De modo comparable,
un poco más tarde y probablemente bajo la influencia
de El Nitri, Mercedes La Serneta introdujo una idéntica
reorientación del « ¡ Ay ! »
en las soleares de su creación. La palabra aparece
en ellas – también cuando la hay – una
vez, en posiciones imprevisibles, generalmente con brevedad
entre un verso y el siguiente, lo que combina la expresividad,
la discreción y la elegancia del máximo efecto
conseguido con mínimos medios. Con esas dos innovaciones,
que parecen casi revolucionarias en el contexto de la retórica
heredada, los « ayes » alargados y
demás vocalizaciones de Silverio pasaron a la categoría
de antiguallas, por cierto venerables, pero en trance de
desclasificación.
Se observa una reducción análoga en las repeticiones
textuales. Se conservan las más expresivas, cuando
una palabra o expresión es puesta de relieve varias
veces, como en la siguiriya de Enrique el Mellizo, « En
contra, en contra, en contra ». Pero desaparecen
los paralelismos extensos y retóricos, y vienen sustituidos
por un sistema mucho más flexible de ecos textuales
y musicales discretos que sirven para estructurar el cante.
Es otra revolución más. Así se cierra,
o casi, el capítulo de las repeticiones largas y
literales, desprovistas de variaciones y hasta de significación.
Donde se pueden observar estos fenómenos muy claramente
es en la evolución de la siguiriya como estructura.
Entre Frasco El Colorao y Tomás El Nitri o El Loco
Mateo, se nota una suerte de bloqueo de la forma siguiriya
sobre una estructura binaria, hecha de dos frases largas,
en gran parte paralelas, en las que la segunda amplía
a la primera. El resultado es un cante crisálida,
encerrado en una sola fórmula, que quedaba corto
y aspiraba a sermás grande. Después de varios
esfuerzos por engrandecer esta estructura, se pasó
a un cante en cuatro frases ligadas por ecos y simetrías
más bien que por paralelismos. La creación
de esta nueva fórmula se debe a El Viejo de La Isla,
hermano menor de María Borrico, y fue desarrollada
en Jerez por Paco La Luz y continuadores. En estas siguiriyas
« modernas » de Jerez, no se encuentra
ninguna repetición puramente mecánica o idéntica.
Un resultado notable de la combinación de estos dos
cambios es la siguiriya de Diego El Marrurro, en la que
las repeticiones quedan reducidas a una sola serie, mientras
los « ayes » se convierten en el centro
doliente y quejumbroso del cante, y a veces quedan casi
sumergidos y sobreentendidos : su presencia se adivina
más que se oye. Este cante se sitúa, y nos
pone, en elpolo opuesto a la estética silveriana.
Se observan sin embargo huellas de dicha estética
en unos pocos creadores gitanos de primera fila quienes,
para engrandecer cantes, utilizaron algunos recursos del
gran maestro payo : el problema de cómo alargar
los cantes y los repertorios se planteaba a todos. Una modulación
larga y sostenida sobre el « ¡ Ay ! »
aparece en la siguiriya más ambiciosa de Curro Dulce,
la que se canta con la letra « A las dos de la
noche ». Más tarde, en un memorable momento
de entusiasmo durante un homenaje en Triana (en 1930), Manuel
Torre añadió una repetición de esta
modulación sobre el « ¡ Ay ! »
en el contexto de « Santiago y Santa Ana »,
lo que entró en la tradición relativa a este
cante pese a consecuencias poco favorables sobre su equilibrio.
Manuel Molina también, en sus siguiriyas más
amplias y ambiciosas, se apoyó en series solemnes
de « ¡ Ay ! » para engrandecer
cantes. Más curioso aún, parte de la herencia
retórica de Silverio entró en la tradición,
en teoría puramente gitana, de los cantes sin guitarra :
en la toná grande por una parte, y por otra en la
toná de Triana (y del « barrio de Triana »)
desarrollada por Tomás Pavón bajo el nombre
de debla. Ambos cantes despliegan vocalizaciones largas,
fijas y paralelas sobre el « ¡ Ay ! »,
que interrumpen el cante y la entrega del sentido en momentos
incómodos. Ciertos gitanos, al parecer, no resistieron
siempre a la fuerza del ejemplo de Silverio, o tal vez quedarontan
impresionados por sus facultades que se dejaron influir
por el rasgo menos admirable de su aporte : el uso
de la retórica para engrandecer los cantes. Parece
probable también que, mientras muchos de sus sucesores
se contentaron perezosa y solemnemente con meras repeticiones,
el maestro se preocupaba siempre por variar los efectos
dentro de un cante y en las interpretaciones sucesivas que
daba de él.
Probablemente, unos fenómenos análogos a los
que acabo de describir también afectaron al cante
por soleá. Pero la evolución de esta última
en sus inicios se podrá conocer tan sólo cuando
sepamos más sobre tres temas : cómo se
preservó o modificó la herencia – me
parece muy poco accesible hoy – de las soleares de
El Fillo y de La Andonda ; cómo se produjo la
derivación hacia las soleares apolás y su
multiplicación; y, debido a la popularidad de estas
últimas, cómo, muy probablemente, nació
la necesidad de una nueva creación de la soleá,
de manos de La Serneta y otros. Se adivina una evolución
comparable a la de las tonás y siguiriyas, pero la
protohistoria de la soleá queda por el momento entre
tinieblas.
*
******
Se debe mencionar
también un aspecto más de la evolución
del cante gitano bajo la influencia de la primera Llave.
Ostentarla era una exhortación a cerrar las puertas,
y a mantener el cante en el hogar gitano, fuera de todo
comercio. Tal exhortación, por supuesto, iba a contracorriente
de la naturaleza humana, y de la necesidad periódica
de comer, pero se trataba para estos gitanos de mantener
la existencia de « lo suyo », y dos
datos indican que la advertencia fue tomada en serio. Hay
una anécdota que cuenta que Juan El Pelao rechazó
– un día, pero menos al siguiente – un
regalo de cien pesetas de parte del general Sánchez
Mira por haber cantado unos martinetes estupendos. Dicho
general era no sólo un gran aficionado al cante,
reconocido como tal hasta entre los gitanos de Triana, sino
también nada menos que el jefe de la Guardia Civil
de Sevilla. La anécdota era una exhortación
a mantener el cante y el dinero aparte, de donde quiera
que viniera este último. Una segunda indicación
no menos significativaes que el cante de El Nitri no entró
en un estudio de grabación antes del año 1959,
cuando lo grabó por primera vez Sernita de Jerez.
Sernita lo conocía gracias a una tradición
jerezana – del barrio de Santiago – que se remontaba
a Antonio Frijones. Pastora Pavón Niña de
los Peines conocía este cante también, probablemente
a partir de la misma fuente, pero lo cantaba sólo
en privado y nunca lo grabó. Juan Talega lo sabía
por su padre, en cuya casa El Nitri pasó largas temporadas.
Antonio Mairena, por su parte, decía que lo había
aprendido inicialmente de Diego El de Brenes. Este cante
evidentemente seguía vivo y circulaba. El hecho de
que no se grabara antes de 1959 se debe sin alguna duda
al respeto – o a la veneración – de todos
por El Nitri.
En el trasfondo de la primera Llave se vislumbran también
dos factores más. Uno es de carácter histórico.
En aquel entonces, los dos repertorios todavía se
encontraban en un estado de gran fragilidad, por tener muy
poco cuerpo y quedar abiertos a influencias o invasiones.
El otro factor ha sobrevivido hasta hoy. De las tensiones
entre los dos repertorios nació una distinción
entre « cantar gitano » y « cantar
bien », es decir, entre la primacía de
la emoción y la primacía del arte. Se pueden
combinar los dos ocasionalmente, pero cuando viene el momento
de expresar preferencias, la elección es libre.
(Fuentes :
En la Antología de 1954 y en la petición insistente
para más grabaciones de cañas durante más
de dos decenios, jugó un papel esencial el excepcional
talento de Rafael Romero para hacer vivir este cante, aunque
lo cierto es que el verdadero transmisor de la tradición
histórica había sido Perico del Lunar. Almadén
fue uno de los últimos discípulos de Chacón.
En los discos de 78 rpm. enumerados al final del Diccionario,
se mencionan cuatro polos, todos de El Mochuelo ; cinco
cañas, de El Mochuelo, El Tenazas, Cabra, Andrés
Heredia El Bizco y Adelfa Soto ; y veinte serranas,
incluyendo cuatro de El Mochuelo. El cante de este último
transmitía reflejos del cante de Silverio. Dentro
de estos tres cantes compuestos, el que tiene menos vitalidad
y menos raíces discernibles en el pasado es el polo.
Los textos de las serranas cantadas por Matrona, para Manuel
García Matos en 1947, y en 1970 para Tesoros
del Flamenco antiguo, tienen características
poco diferentes. Mairena seconformó con este tipo
de textos para la Antología del Cante Flamenco
y Cante Gitano grabada en 1959-60 y publicada en 1965 ;
pero en la segunda y última serrana que grabó,
para Cien Años en 1965, desaparecen las
estrofas y vuelve a la letra única de cuatro versos
con una sola repetición, lo que era toda una revolución.
Para la citade Shakespeare, v. Hamlet, II.ii.65,
« More matter, with less art ».
Personalmente, me di cuenta de lo sumamente artificial de
todo eso en 1961, en una reunión privada en casa
de Santiago Donday en Cádiz, cuando en un momento
de descuido le pedí que cantara la caña. El
resultado fue surrealista, y me convenció de que
este cante no formaba parte de la cultura gitana.
Sobre la siguiriya de « Doblaron las campanas »,
v. Miguel Espín y Romualdo Molina, Juan Varea,
« Rey sin corona », s.l., 1986,
pp. 38-9. Varea la grabó tres veces – cito
el texto de la primera grabación –, y Almadén
una vez. Sobre el particular, y la probable raíz
de este cante en El Nitri, v. mi libro, El Cante Jondo,
pp. 110-12. Para menciones de este cante por Pareja, v.
Rondón, pp. 26, 307 y n. 26.
Sobre el tratamiento del « ¡ Ay ! »,
las vocalizaciones, y la evolución de la estructura
de la siguiriya, v. mi libro, cap. 4 y 5. La noción
de « siguiriya moderna » viene de
Mundo y Formas, p. 194.
Aunque Antonio Mairena por una parte, y Luis y Ramón
Soler por otra, mencionan varios cantes de El Nitri, mi
impresión persistente es que se trata de un solo
cante, pero flexible y abierto a variantes.
Sobre el cante de « Santiago y Santa Ana »
y su ampliación por Manuel Torre durante un homenaje
a Currito de la Geroma, v. D.E. Pohren, citando Pepe Torre,
en « La Época Dorada, IV »,
en Candil 97 (1995), p. 1893.
Curro Dulce y Manuel Molina se interesaron por el cante
de Silverio y fueron influidos por él, pero de modo
diferente. Una consecuencia lejana de eso es una división
de opiniones entre los Soler y yo sobre la atribución
de algunas siguiriyas entre los dos. Para mí la situación
es clara :Curro Dulce se inclinó hacia lo musicalmente
meditativo, heredado del cante de Frasco El Colorao, mientras
queManuel Molina se orientó hacia lo grandilocuente
y fuertemente estructurado. Lo cual cuadra con las atribuciones
de « A las dos de la noche » a Curro
Dulce y de « Dicen que duermes sola »
a Manuel Molina, por Ricardo Molina y Antonio Mairena.–
Se debe mencionar por otra parte que Curro Dulce experimentó
con una siguiriya de estructura ternaria : v. mi libro,
pp. 114-5.
Sobre Juan El Pelao y Sánchez Mira, v. Fernando de
Triana, pp. 31-2 ; cien pesetas en aquellos tiempos
eraun dineral.)