1.- Los trasfondos
Una llave de por si
no es ningún símbolo de excelencia o distinción,
pero sí de acceso a algo. Ostentar una llave da a
entender que uno tiene tal acceso en su poder, con la facultad
de abrir o cerrar : una puerta, un cajón, un
tesoro, etc. A ese nivel sencillísimo, la pregunta
que plantea la primera llave del cante, otorgada a Tomás
El Nitri, es, ¿ de qué cante se trataba ?
¿ de qué cante era esa la llave ?
El testimonio de Fernando El de Triana es la fuente principal
sobre este episodio, aunque Rafael Pareja añade detalles.
Sin entrar en polémicas, Fernando expresa fuertes
reservas sobre la llave. Dice que la otorgaron a El Nitri
« unos amigos, constituidos en tribunal clasificador
[…] que a la vez fueron incondicionales partidarios
del gran Tomás ». Aún más :
« esa gloriosa llave la ganó El Nitri
sin competidores presentes ». La implicación
es clara : ¿ qué significación
puede tener una distinción otorgada en privado y
sin competición, por un seudo-tribunal autodesignado
y constituido de partidarios y amigos ? Asomará
también a la mente de algunos una leve duda :
¿ puede una fotografía hecha en privado ser
considerada como un galardón o como un acontecimiento
público ?
Por su parte, Fernando da la palma a Silverio, por dos razones.
Este último « fue a todas partes desafiando
a todo el mundo y en todas partes triunfó » :
en su caso, sí que hubo competición, y pública.
La segunda razón es que, si El Nitri « cantó
inimitablemente » esa siguiriya de « Por
aquella ventana » que « lo inmortalizó »,
su repertorio quedaba corto. Obtuvo la llave sobre la base
de aquel cante pero, dice Fernando, « Si todo
lo hubiera cantado como esto, no digo darle la llave :
¡ el llavero ! ». La palabra « todo »
dentro de lo inocuo tiene su carga. Ese « todo »,
El Nitri sea no lo cantaba sea no lo sabía sea no
lo cantaba tan bien. Al contrario, dice Fernando de Silverio :
fue el artista que más me agradó ; porque
[…] fue el único cantador que todo, absolutamente
todo, lo cantó extraordinariamente bien
– « todo » de nuevo : dos
veces. También, en otra parte de su libro, Fernando
elogia a Silverio como :
aquel fenómeno, as de ases, que […] fue, mientras
vivió, Capitán General con mando en todos
los asuntos de cante andaluz, llegando a dulcificar los
estilos hasta hacerlos entrar sin dificultad por los oídos
más profanos.
Parece claro que, para Fernando, no había comparación
entre la excelencia de El Nitri en un cante, o unos pocos
cantes, y no sólo el dominio de Silverio en « todo »
sino hasta su « mando en todos los asuntos del
cante andaluz ». Se notará que, con lo
de mandar « en todos los asuntos »,
etc., salimos de lo puramente artístico y cultural
para entrar en cosas de negocio.
El episodio de la
llave viene relacionado así con un doble contexto :
por una parte discusiones de carácter tertuliano
sobre los méritos relativos de El Nitri y de Silverio,
y por otra la existencia de dos tipos y tamaños de
público, restringido e íntimo por un lado,
extenso por otro. En tal contexto, una vez más, una
llave sirve para cerrar o abrir.
Menciona también Fernando otro trasfondo bien conocido
y de importancia : El Nitri « no cantó
en su vida delante del glorioso Franconetti, achacándose
eso a las extravagancias de Tomás ». Tal
explicación excluye caballerosamente la posibilidad
de que El Nitri haya preferido eludir los desafíos
de Silverio, pero parece insuficiente a la luz de otro contexto.
El Nitri era sobrino de Diego El Fillo. Este último
se había percatado de la afición y las facultades
del joven Silverio en una fragua de Morón donde los
gitanos le dejaban entrar y escuchar, y él le había
animado a aprender el cante, o más cantes. A pesar
de este pasado, a la generación siguiente, el sobrino
de El Fillo se negó a cantar, y nunca cantó,
delante de Silverio. Se sospecha una ruptura entre los dos
cantaores debida a divergencias infranqueables en materia
de cante, una palabra que en el presente contexto puede
abarcar a la vez los repertorios, modos de cantar, públicos
y ambientes, etc. Dado tal trasfondo, El Nitri con la llave
del cante da a entender que él sólo –
y no Silverio – tiene acceso al cante de verdad y
de tradición, y que es preciso proteger esta tradición
contra influencias y adulteraciones. Abrir y cerrar, siempre.
Puesto que El Nitri de la foto y de la llave es gitano,
completo con patillas grandes, el cante de que se trata
es por supuesto el cante gitano, entendido como distinto
de lo que cantaba Silverio.
(Fuentes : Fernando El de Triana,
Arte y Artistas flamencos, 1a edición, Madrid,
1935 : 2nda edición, Madrid, 1952, que es la
que utilizo ; sobre la llave, v. la fotografía
p. 87 ; sobre Silverio, v. pp. 26-28 y 45-6. Para Pareja,
v. Juan Rondón Rodríguez, Rafael Pareja,
de Triana, Córdoba, 2001, p. 108 y las correspondientes
notas ; dice Pareja de la fotografía que « aún
[la] conservan muchos aficionados ». El comentario
de Antonio Mairena en Confesiones, Sevilla, 1975,
pp. 24-5, se examinará a continuación :
añade detalles de gran interés, pero examina
la Llave dentro de su propia concepción del cante.
Pepe de La Matrona, Recuerdos[…], Madrid,
1975, pp. 203-4, menciona por primera vez, a propósito
de El Nitri, una « Llave de Oro »
que no existió antes de su otorgamiento a Manuel
Vallejo en 1926 ; pero nos trae una confirmación
importante : « Según le oía
yo decir a los viejos, nunca, nunca, s’encontraron
Silverio con el Nitri, ni el Nitri con Silverio. Silverio
lo buscaba pa oírlo cantar, pero el otro no cantaba
con él […] »).
*
*******
Antes de entrar en
terrenos expuestos a fuertes polémicas, el siempre
amable lector está convidado a suspender por un rato
sus preferencias personales para atenerse a lo puramente
histórico, olvidando la discusión sobre si
el cante es gitano o « payo » (tiene
dos vertientes) y evitando todas parcialidades y simplificaciones.
Se tratará de acercarse con miente abierta a lo que
pasó para comprenderlo, y mantenerse a distancia
de todos prejuicios.
Para dar un ejemplo : la contribución de Silverio
Franconetti a la historia del cante no fue y no podía
ser enteramente buena o mala. Tenía una personalidad
muy compleja, con una doble herencia italiana y andaluza
en sus genes, una fuerza de pecho y de voz tipo Pavarotti
(Rafael Pareja habla de una « voz prodigiosa »),
una capacidad de dulzura en la expresión que se encuentra
a menudo en cantantes del sur de Nápoles y en Sicilia
(y que Chacón en parte conservó), y una afición
desmedida por el cante gitano, con un enorme afán
de darlo a conocer. Con una personalidad tan rebosante,
era inevitable que influyera en grande sobre lo poco de
tradición cantaora que había en aquel tiempo,
y su suavidad de voz (como de miel según García
Lorca y Fernando de Triana) ya iba en contra de la preferencia
gitana por la expresión áspera y dura de las
emociones. Divergencias y reservas gitanas eran ineluctables,
así como un sinfín de discusiones. Sin embargo
la herencia silveriana no se puede desechar en totalidad
como desastrosa o sospechosa. Gitanos de gran categoría
como Curro Dulce, Perico Frascola, El Marrurro y Joaquín
La Serna cantaron a su lado ; otros como Manuel Molina
fueron interesados, aunque perplejos ; y otros más
como El Loco Mateo y Antonio Mairena manifestaron admiración
por él y por algunos de sus cantes. Casos como el
de Silverio no se pueden tratar sólo en blanco y
negro, y lo necesario siempre es reconstruir sin parcialidad
lo que pasó.
El testimonio de Antonio Machado y Álvarez « Demófilo »
constituye un punto de partida inevitable. Demófilo
tuvo mucho trato con Silverio mientras preparaba su « Colección
de cantes flamencos », que publicó en
1881. Esta obra otorga a Silverio una posición casi
central, hasta incluir una nota biográfica sobre
él basada en datos « recogidos de sus
propios labios ». Francisco Rodríguez
Marín, entonces en los albores de su carrera, presenció
muchos de aquellos encuentros al lado de Demófilo.
Más tarde se distanció abiertamente de lo
llamado « flamenco », pero su presencia
en el trasfondo inmediato y al lado de Demófilo equivale
a la de un segundo testigo.
Según Demófilo, « la idea dominante
de Silverio ha sido de abrir al cante gitano nuevos horizontes
[…] llevándolo de la taberna al café ».
Nada más claro, aunque Demófilo erróneamente
atribuye al cante « un origen tabernario »,
mientras se sabe hoy que nació por parte y se difundió
en familias gitanas. Pero, para Demófilo, por generosa
que era, la idea de Silverio fue menos « factible »
que « equivocada y contraproducente »
debido al que un público en mayoría ignorante
impone su gusto y su ley. Como consecuencia, para poder
sobrevivir económicamente, Silverio « ha
creado el género flamenco, mezcla de elementos gitanos
y andaluces », y parece ineluctable que el cante
gitano puro vaya a desaparecer « en no
lejano plazo » debido a la popularidad de esa
mezcolanza. Sin embargo, dice Demófilo, Silverio
persevera en su proyecto : está « quemando
su último cartucho en defensa del cante gitano »
y a punto deabrir un nuevo café en Sevilla. Nada
más claro otra vez. Los cantes gitanos siendo demasiado
duros y ásperos para muchos, Silverio tuvo que crear
o tolerar algo híbrido para conservar un público,
y ese algo fue llamado « flamenco ».
(La evolución del término más tarde
pertenece a capítulos distintos de la historia).
El repertorio de Silverio es bien conocido gracias a varios
testimonios y a lo que se ha conservado de él entre
cantaores. Incluía varias siguiriyas en las que tiene
fama de haber sido portentoso, una cabál que es creación
suya, y varias soleares también suyas que incluyeron
dos apolás. Necesariamente conocía también
algunos de los cantes dichos sin guitarra. Por otra parte,
cantaba rondeñas, jaberas, peteneras, polos, por
lo menos una caña, y la serrana. Varios polos y una
caña existían antes : parece muy probable
que hizo evolucionar estos cantes y contribuyó a
fijarlos. La serrana como la conocemos es creación
suya, y incluye una liviana como introducción, la
serrana propia, un macho, y un cambio por siguiriya, generalmente
el cante de María Borrico.
Tal repertorio presentaba características innovadoras.
Incluía una herencia de siguiriyas gitanas y probablemente
de soleares de la misma procedencia, pero se orientaba a
menudo hacia cantes hechos de la reunión de partes
distintas, como introducción, cante propiamente dicho,
a veces un estribillo o un macho o los dos, y un cante de
cierre. Esos cantes, que se pueden calificar de cantes compuestos
– la caña, el polo, la serrana dicha « completa »
– se situan en otro clima emocional y musical que
los cantes que parecen basados en modos musicales y emocionales
como las tonás, siguiriyas y soleares. Emociones
diversas vienen desarrolladas en secuencias fijas y casi
rituales de partes distintas, lo que permite al cantaor
lucir varias facultades o facetas de su talento, como en
los tercios de una lidia. A la intensidad desnuda, vehemente,
sostenida, y algo monótona de los cantes gitanos
se sustituyen valores más formales que emocionales
como la elocuencia, la solemnidad, la grandilocuencia, la
majestad, la ternura, la suavidad y la maestría.
Son cantes de ambición, más bien que de emoción.
Dentro de tal clima, la comunicación se hace, no
horizontalmente al nivel de un sufrir que compartimos todos,
sino desde arriba hacia abajo, mediante un discurso musical
premeditado, alargado y hecho de una sucesión fija
de partes. El vocativo « Señores »,
como en « Doblaron las campanas, señores »,
que era un sello de Silverio en algunas de sus letras, es
un paradigma de esa distancia. Se trata menos de « llegar »
y conmover que de convencer o impresionar. La búsqueda
de variedad, lucimiento y proeza orienta lo producido hacia
terrenos afines a los del bel canto.
Naturalmente, sobre gustos no hay nada escrito : existen
públicos para toda clase de productos y aficionados
en cierne pueden ser orientados hacia repertorios o cantes
nuevos. Precisamente, el talento excepcional de Silverio
aficionó gran parte del público a esos cantes.
No sólo empezaron en poco tiempo a eclipsar los cantes
gitanos, como Demófilo observó con gran inquietud,
sino que apareció entre profesionales como Ramón
de Triana y Rafael Pareja una jerarquía nueva de
cantes dichos « de soleá p’arriba »
o « de serrana p’arriba ». Estos
incluían la serrana, la caña y el polo –
los cantes compuestos –, lo que dejaba en una zona
« p’abajo » las siguiriyas y
por supuesto las tonás (que no se cantaban en público).
Lo cual confirma el nacimiento de un repertorio nuevo asociado
a una nueva manera de cantar donde alternaban lo elocuente
y la dulzura. Vinieron poco después acusaciones polémicas,
según las cuales los gitanos no podían con
estos cantes nuevos por no poseer la fuerza, y los no gitanos
con los cantes gitanos por no tener la voz y la emoción.
Parece inevitable y hasta legítimo, en tales contextos,
que algunos gitanos hiciesen algo para indicar que lo suyo
era distinto y se situaba aparte de lo de Silverio. La legitimidad
de esta primera reacción – la fotografía
de El Nitri con la llave – se aumentó de lo
que se observó más tarde : después
de los cantes nuevos de Silverio y de los del admirable
repertorio malagueño-levantino desarrollado por Chacón,
vinieron la « rutina » de los fandangos
y fandanguillos, más tarde los cantecitos de los
Niños de Tal y de Cual, y todavía más
tarde la milonga, etc. – y paremos de contar :
por tolerante que era, el mismo Fernando de Triana en sus
últimos años se espantaba de lo que se daba
a escuchar bajo el nombre de cante. Al mismo tiempo, por
culpa de un desconocimiento de lo histórico que deja
mucha libertad, se tomó la costumbre de utilizar
la llave para galardonar o promover figuras, sin entrar
en distinciones en materia de cante. Pero en su contexto
histórico, el mensaje de la llave que luce El Nitri
parece claro. El cante gitano se sitúa aparte de
lo que se da – o vende – a públicos :
en un espacio privado, detrás de una puerta que hay
que abrir, o que se puede abrir, o que sería mejormantener
cerrada, y que al final se podrá cerrar de nuevo.
No es ni debe ser una cosa abierta a la muchedumbre. El
gesto parece haber sido más defensivo que ofensivo
(se trataba de proteger algo), perotenía por fuerza
una dimensión polémica. El cante gitano siendo
por definición una cosa privada de ellos, los desafíos
de Silverio al foro no tenían mucho sentido.
Los comentarios de Antonio Mairena sobre la primera llave
se pueden examinar ahora : sabemos bastante sobre el
trasfondo para poder resistir a cualquier posible intento
propagandístico del maestro. Mairena deplora que
Silverio haya mercantilizado el cante : eso, en realidad,
lo había hecho Diego El Fillo, el propio tío
de El Nitri, llevando el cante a las tabernas ; y parece
probable que ese último aprovechó las extravagancias
de Silverio para recomendar una marcha atrás. Explica
Mairena que la orientación nueva tomada por Silverio
se debió a notables fracasos con Curro Dulce y otros
delante del público, con cantes gitanos que este
último no comprendía y no podía comprender :
las innovaciones silverianas eran más accesibles.
Dice que la llave fue otorgada sin premeditación,
en un momento de entusiasmo irresistible, al final de una
de esas grandes fiestas de varios días entre gitanos
acomodados, y por un pequeño tribunal autodesignado.
Este incluía a Manuel Molina y Juan Junquera, ambos
de Jerez, y Tío Maero, oriundo de Alcalá de
Guadaira ; y la hija de este último, Matilde
Franco, facilitó información sobre el particular
a Mairena durante sus años en Carmona (1939-56).
Considera éste como evidente que « la
primera llave » fue « del cante gitano-andaluz »,
y desarrolla una perspectiva enteramente análoga
a la de Demófilo sobre la dualidad entre cante gitano
y cante flamenco que resultó de las iniciativas de
Silverio. Según Mairena, lo de la primera llave nació
del deseo de « crear una responsabilidad en el
cante gitano-andaluz, velando por su conservación
y por la continuidad de su pureza ». Aunque se
sabe que esta última palabra da alergia a algunos,
la idea de una tal responsabilidad reaparece periódicamente,
cada vez que la herencia de lo tradicional en el cante viene
amenazada por nuevas olas de productos híbridos ofrecidos
a nuevos públicos.
Quedará por examinar si la atribución de la
primera llave tuvo alguna influencia sobre la evolución
del cante.
(Fuentes :
Sobre Silverio, v. Fernando de Triana, ed. cit., pp. 26-7 ;
Federico García Lorca, « Retrato de Silverio
Franconetti » in Poema del cante jondo,
1921 : « La densa miel de Italia / con el
limón nuestro » ; y Fernando de Triana,
p. 27, « con su voz afilada, ronca, pero dulce
como la miel de la Alcarría » ; Gerhard
Steingress in Dos Siglos de Flamenco, Jerez, 1988,pp.
356-9, 367-77, etc. ; y José Blas Vega, Silverio[…],
Córdoba, 1995. Según Pepe El de La Matrona,
op.cit., p. 202, Manuel Molina
decía a los gitanos de Jerez, a propósito
de Silverio, « El que no vaya a oir a ese hombre
no tiene vergüenza » ; según
Ramón Soler, en comunicación privada, la preservación
en Jerez de la cabal de Silverio en una forma algo distinta
se puede deber al que, después de trabajar en Sevilla
al lado de Silverio, El Loco Mateo llevó dicho cante
a Jerez : v. Lefranc, El Cante jondo[…],
Sevilla, 2000, pp. 105-6 ; sobre Mairena y Silverio,
v. Luis y Ramón Soler, Los Cantes de Antonio
Mairena, Sevilla, 2004, pp. 206-8, 259-60, 451, 627,
666, etc., así como Mairena, Confesiones,
mencionadas más abajo.
V. también Demófilo, ed. cit., pp. 177-81,
182-204 y 9-24 ; y Francisco Rodríguez Marín,
El Alma de Andalucía, Madrid, 1929, p. 10 :
menciona que Antonio Machado y él conversaron « casi
diariamente » con Silverio entre 1880 y 1882 ;
v. también p. 15 : « cuando Machado
y yo cambiabamos coplas con Silverio ».
Demófilo describe el cante como un « género
propio de cantaores », y como algo de origen
tabernario, sin llegar más allá de las tabernas.
En 1953-4, durante sus conversaciones con Roger Wild, el
iniciador francés de la Anthologie du Cante Flamenco
de 1954, Perico del Lunar declaró a propósito
del cante : « pasando de la familia a la
taberna ha degenerado mucho » ; desgraciadamente
esa clarificación se perdió entre la edición
francesa y la española, y desapareció por
medio siglo : v. mis artículos en Candil,
146 y 147, 2004, y p. 5338.
Sobre los cantes de Silverio, v. Demófilo, Fernando
de Triana, José Blas Vega (pp.85-138), y Luis y Ramón
Soler, ut supra. En las Confesiones de
Mairena, v. pp. 23-8 y 139-46. Se debe notar también
que para gustar a más gente, Silverio introducía
en sus letras alusiones políticas y topónimos
importados de América española. Sobre los
cantes « de soleá » o « de
serrana p’arriba », v. Rondón, pp.
33, 34, 107 y 108.
Sobre la distinción entre cante jondo y cante flamenco,
v. mi análisis en tristeyazul.com. Es de notar que
el Concurso de Córdoba de 1962 fue anunciado como
el « Concurso de la Llave de Oro del Cante »
– sin más, lo que significaba cante gitano,
como lo indicaban en gran detalle las bases del Concurso,
y equivalía a una vuelta a la tradición de
la primera Llave, bajo la impulsión evidente del
mismo Mairena ; pero en el momento del fallo le otorgaron
la « Llave del Cante Flamenco ». El
hecho de que la palabra flamenco hoy abarca todo lo producido
data de aquel momento).