Carmen
Linares me cita en su casa. Una noche de insomnio le obligó
a descansar. Mientras llega, el silencio del salón
me habla de sus viajes y de sus premios. Objetos de diferentes
países, fotografías de la cantaora, siempre
con una sonrisa, y esa mirada viva y serena. El rojo y el
ocre sobre un lienzo, su rostro y su cante.
De Linares a Nueva York:
The New York Times dijo que contaba con un poder expresivo
extraordinario. ¿Dónde nace su intensidad
interpretativa?
Es un sentimiento que sale de dentro.
En el flamenco, si no das tu corazón es difícil
que un artista transmita en el escenario. Supongo que habré
nacido para eso. Llegó un momento en que tenía
que decidir qué es lo que iba a hacer. Mi padre,
que tocaba la guitarra y tenía mucha sensibilidad
para el cante, lo tenía muy claro, y me dijo: tú
tienes un don y es para que lo utilices. Y eso fue muy clarificador,
me dio mucho ímpetu y dije: voy a probar.
¿Cómo fue el
recorrido de su carrera?
Una carrera con muchísimas
satisfacciones. En Ávila, mi padre conectó
con la gente del flamenco, allí había gran
afición. Gané un concurso con doce años.
A los diecisiete fui a Biarritz con mi primer contrato.
Después canté para el baile con Paco Romero,
luego, gira con Fosforito, en Francia. En Madrid, con Camarón
y con Morente en el Café de Chinitas.
¿Cuáles son
los resortes que la mantienen en este destino prodigioso?
La familia es importantísima.
Si no tuviera la armonía que tengo en casa, no sería
tan fuerte. Necesito toda mi energía y todo el apoyo
para salir al escenario y estar tranquila. Lo que hago me
gusta y me satisface. Sigo teniendo la misma ilusión
que cuando tenía veinte años. Y pienso que
en el mundo hace falta la música.
¿Es en el tablao donde germina la autenticidad
de su cante?
En los tablaos he aprendido mucho,
no sólo a cantar, también a escuchar a mis
compañeros. Había mucha más comunicación
que ahora entre los artistas. En los tablaos descubrí
un mundo maravilloso. Todas las grandes figuras estaban
allí, tanto del cante como del baile. Yo estaba en
Torrebermeja, donde cantaba Camarón y La Perla de
Cádiz. En el Chinitas, Enrique Morente y Carmen Mora.
Menese, en Zambra. La vida del flamenco estaba en los tablaos.
¿Sus referentes cuáles
son?
D.Antonio Chacón ha sido uno
de mis grandes pilares. He escuchado a La Niña de
Los Peines, a Vallejo, conocí a Pepe de la Matrona,
que era un sabio, a Juan Varea y a Rafael Romero. También
he aprendido de La Perla y de los compañeros de mi
generación.
Para ilustrar una charla de
Alberti en 1933 sobre La Poesía popular en la Lírica
Española, La Argentinita y Lorca interpretan Canciones
Populares Antiguas. Sesenta y dos años después,
usted interpreta de nuevo el folklore español. ¿Ha
recreado un flamenco nuevo de un flamenco antiguo en el
disco “Canciones Populares Antiguas”?
Quise hacer una recreación.
Estaba tocado al piano, y quería hacerle arreglos
de hoy, con músicas de hoy, y con el sentir de hoy.
Si me hubiera limitado a cantarlo como lo cantaba La Argentinita,
no habría tenido gracia. Sin embargo, ese disco fue
un auténtico hallazgo porque mucha gente se identificaba
con esas canciones y yo le cambié los ritmos y los
llevé al terreno del flamenco. Casi todo estaba hecho
al ritmo de bulería, yo metí tangos, también
en la canción de El Café de chinitas metí
bulerías en tono de guajira a petenera.
La fuerza del flamenco, ¿
se encuentra en su diversidad?
Claro, en su diversidad, en su riqueza
musical y en su verdad. El flamenco es una música
muy de las entrañas y tiene mucho de entrega. Por
otro lado, musicalmente es una belleza. En el flamenco no
te puedes reservar, si estás cantando por seguiriyas,
estás expresando un sentimiento, y por lo tanto,
no puedes pensar cómo colocas la voz.
¿Introduce su propia
revolución en el cante?
Yo le llamaría evolución.
Es una música que tienes que vivirla personalmente.
Tú no puedes sentir lo mismo que sentía un
cantaor hace sesenta años, las influencias que tienes
de fuera son distintas. Por ejemplo, Paco de Lucía
ha evolucionado mucho, su guitarra ha sido un detonante,
lo que a él le ha llegado de los músicos que
ha conocido, no tiene nada que ver con los que conoció
Sabica o Ramón Montoya. Si un cante lo haces tuyo
suena distinto sin quererlo. Cuando me dicen: eso suena
a ti, eso no lo hemos escuchado nunca, es porque lo hago
a mi manera.
¿Cuándo se innova?
Hacer las cosas a tu forma es innovar.
Aportas cosas a lo que haces sin ser consciente de ello.
Si un cante lo haces tuyo, suena distinto sin quererlo.
Cuando a mí me han dicho: eso suena a ti, eso no
lo hemos escuchado nunca, es porque lo hago a mi manera.
Para mí innovar es ser auténtico, ir con los
tiempos.
Marcel Marceau dijo que con las palabras, la mentira
es posible y con el silencio se puede viajar a la hondura.
¿Son necesarios los silencios?
Sí, sí. En el flamenco
los silencios son muy importantes. De hecho, en el flamenco,
tanto en el baile como en el cante, o en la guitarra, hay
silencios que son necesarios y que además los agradeces.
Se dice mucho: este guitarrista tiene silencio, o este cantaor
tiene silencio.
¿En qué universo
nos adentra su cante?
Las letras las cuido mucho, me tienen
que decir algo, y que sea poesía. Hay letras que
te resumen una vida en tres líneas. La poesía
es tan maravillosa. De un verso me interesa que hable de
los sentimientos del ser humano en los diferentes momentos
de la vida. Las letras del flamenco, hablan de eso.
¿Le gustaría crear su propia escuela?
Más que mi propia escuela,
mi propio sonido. Cuando te escuche la gente, que diga:
ésa es Carmen Linares. Una de las cosas más
importantes es tener personalidad y transmitir sentimientos.
No imitar a nadie, porque cuando haces el flamenco con tu
propio yo, eres auténtico.
¿Cómo entiende la vida?
Me la llenan mi marido, mis hijos
y mi madre. Tengo mucha ilusión con mi carrera y
con lo que van a hacer mis hijos. Me implico en sus proyectos.
Quiero que sean felices y que elijan algo que les guste.
Me gustaría que el mundo fuera distinto, que no hubiera
gente que sufre, que no hubiera guerras, ni terrorismo,
ni hambre.
Arabella
Siles
2 de febrero de 2006