El día 24 de noviembre
se presentó en la Escuela de Música del Parador
de Roquetas de Mar el primer disco que Sonia Miranda graba
en solitario. Un verdadero acontecimiento en la provincia,
teniendo en cuenta el escaso número de grabaciones
que tienen como protagonistas a almerienses o arrimados
a esta tierra. Este es el caso de Sonia, una sevillana que
ha acabado siendo considerada y querida como una almeriense
más, después de que se afincara en Aguadulce
tras su matrimonio con Rafael, un buen aficionado que le
ayuda en lo que puede.
En
esta reseñada fecha, con muchísimas horas
de tablas bajo sus pies y muchísimo gusto en su concepción
del cante, presentaba, muy bien acompañada, su primer
trabajo discográfico con el sello Pasarela.
El teatro fue todo un descubrimiento y según me
confesaba en el ágape Maria Dolores, la técnica
de la Concejalía de Cultura del Consistorio local,
un sueño hecho realidad. Pequeñito, confortable,
coqueto, y con una acústica que nada tiene que envidiar
al magno Auditorio. El plato fuerte, Sonia, y la guarnición
de lujo. El Choro, Fabiola y Lidia en los coros y palmas,
la percusión de Juan Eduardo de la Porrona, y las
guitarras del Niño de la Manola y Miguel Angel Cortés.
Sonia lo está haciendo bien, porque quiere vivir
de esto y lo tiene claro. No escatima en esfuerzos a la
hora de dar la talla, y se planta allí donde la reclamen
para dar todo lo que tiene. Y eso fue lo que hizo la otra
noche, poner su mejor hacer sobre el escenario y sorprendernos
a todos.
La melismática de Sonia es personal e interesante,
la voz es recogida y mide perfectamente sus posibilidades
cantaoras. Se conoce bien y con la guitarra de Miguel Angel
Cortés se encuentra segura, se suelta y convence.
Esta noche acompañaba todo, el teatro lleno, el sonido
soberbio y los actuantes que se salían.
A los tangos “Ropita tendía” con los
que abrieron, le siguió una bambera muy personal
e intimista, malagueñas muy reposaditas con cantes
abandolaos en el cierre, una interesante farruca que acompañó
el Niño de la Manola y para la que aplicó
una afinación distinta en el bordón, una soleá
que se fue entretejiendo flamenquísima en el espacio,
ligando los tercios y creando la tensión precisa.
La seguiriya me pareció lo más flojo del recital,
sin duda por poco trabajada, ya que la audición en
el disco tiene mucha más profundidad. Siguieron unas
extraordinarias alegrias para las que Sonia demostró
gusto y arte cantaor, y el cierre por bulerías más
o menos ajustadito. Todo bien adobado con buen gusto, incluyendo
la selección de las letras, populares en su mayoría,
pero alejadas del “sota, caballo y rey” de siempre.
Una presentación de disco saneada y sincera, fruto
de una enorme ilusión y mucho trabajo. El resultado
final es sencillo, cuatro o cinco minutos de aplausos agradecidos
para los que los propios artistas se sonrojaron, ya que
parecían no terminar nunca, y un disco a modo de
”Garabato” en una trayectoria, ahora incipiente,
que acabará siendo la de una gran cantaora.