Junto con las dicotómicas discusiones, que si cante
gitano o payo, que si flamenco jondo o flamenquito, que
si Sevilla o Madrid… se encuentra la Llave de Oro
del Cante.
Polémicas centenarias cuyo desarrollo no encuentra
una luz definitoria y definitiva. Y ahora vuelve a ser revitalizada
porque la Junta de Andalucía le ha concedido la Quinta
Llave a Fosforito. Paradójico es que las 4 anteriores
estuvieran mucho más rodeadas de polémica
que ésta, en la que la gran mayoría de aficionados
compartían ese sentimiento de reconocimiento hacia
la figura de Fósforo.
No perdamos de vista que con los años llega el reconocimiento
social, y con él el estatus, y con él, el
poder. Si a la circunstancia generacional le añadimos
que muchos de estos que no volverán a cumplir los
60 entraron de lleno en el círculo de la afición
de la mano del Maestro cordobés, no debe extrañarnos
que finalmente haya tenido lugar lo que tantas veces se
ha discutido y reclamado.
Todo hubiera quedado ahí si la Junta no hubiese
anunciado el cambio de denominación para el próximo
año, en que se sustituirá el título
“Llave de oro del Cante” por el “Llave
de oro del Flamenco”. La idea, creo, es abrirlo al
resto de disciplinas de este arte : baile y guitarra.
Mi planteamiento puede ser obtuso o sectareo, pero entiendo
que lo que la Junta pretende es crear una especie de Premios
Grammy con denominación de origen. Y esto es un paso
adelante… un premio instituido como oficial, entregado
por el mismísimo presidente de la Junta de Andalucía.
Bueno… Si el Príncipe de Asturias tiene su
momento de Mecenas, ¿por qué iba Chaves a
ser menos…?
Bromas aparte, creo que vuelven a equivocarse. Ya lo hicieron
al recoger la batuta de un premio que nació con vocación
decadente y que continuó con malas mañas y
bastante mangoneo.
La pifia ahora es considerable. Si ya es difícil
poder determinar quién es merecedor de un premio
con periodicidad incierta y carácter de “absoluto”,
entro otras cosas porque los criterios para su concesión
no se han determinado aún, imagínense los
próximos, en los que el cante, el baile y la guitarra
entrarán en el mismo saco. Lo dicho, el mejor caldo
de cultivo para el error, el mangoneo y la polémica
gratuita.
Aquellos que más poder atesoren nos podrán
enseñar quién merece tan alta y digna distinción.
Y todos aprenderemos, espero, a comparar el baile con el
cante. Aunque ya intuimos que la próxima llave será
la del estuche de Paco de Lucía.
La anécdota será la decisión; o mejor
dicho, el argumento que en cada caso se inventen para otorgarlo.
Y es que hay muchos artistas que lo merecen. Si Camarón
fue un fenómeno social y Fósforo es el cantaor
más largo en su discografía, Morente es el
innovador inquieto, Chano Lobato el más longevo introductor
de cualquier cosa por bulerías, Rancapino es la voz
más fea con gusto exquisito, José de la Mercé
es el artista en el que más estéticas del
cante se han instalado, Carmen Linares es la enciclopedia
en fémina, Miguel Poveda el primer catalán
que les mete las cabras en el corral a los andaluces, y
así, tantos y tantos cantaores para los que existe
un argumento que los distingue y los hace merecedores del
máximo galardón, y todo esto sin hablar de
los ya fallecidos. Porque después de la llave de
Camarón, que abre la brecha de las llaves a título
póstumo, aún no han explicado cómo
la Niña de los Peines, que es la única voz
de interés cultural del flamenco, no tiene una Llave
de Oro del Cante.
Y el siguiente paso, ¿cuál es?, ¿intentar
conjugar todo esto con la guitarra y con el baile?. ¡¡¡Menudo
Jaleo!!!
Con lo fácil que es redactar unas bases, instituir
tantas modalidades de premios como se consideren que pueden
ser necesarios sin tener que mezclar churras con merinas,
y ponerlo todo en manos de una Fundación que lo gestione.
Si total, la Llave de oro resulta que es de plata con un
baño de oro, o sea, que no es tan cara, y la ceremonia
de entrega sería la misma para una Llave que para
diez.
Como contrapunto, ahora se encontrarán con problemas
para encontrar asesores honestos que les echen un cable.
¿Quién en su sano juicio se encuentra en disposición
de dar un nombre indiscutible de este saco donde anda el
cante, el baile y la guitarra?
Por cierto… ¿el piano, la percusión
o el violín, entran…?. ¿Y los grupos?.
Y la gente que dedica su vida a investigar y a trabajar
para el flamenco?
Lo dicho… ¡¡¡Menudo Jaleo!!!