El sello Nuevos Medios, si por algo pasó a la historia, fue sobre todo por descubrir y potenciar la carrera de una buena nómina de artistas flamencos. Gentes de variado siempre y a priori dudoso-desconocido pelaje que, con más ilusión que recursos materiales, propusieron en el trampolín propiedad del desaparecido Mario Pacheco algunas de las veredas que hoy son autopistas estéticas en este arte.
Y es que Nuevos Medios, discográfica que no siempre acertó pero lo intentó como debe hacerlo un valiente, hizo del riesgo su bandera. Y del afán divulgador una seña de identidad que aún hoy debe ser tomada como ejemplo.
Al hilo de esta política nada al uso surgió el disco “Al Zarqa”, del joven guitarrista egipcio Ali Khattab. Instrumentista de treinta y cinco años en el momento de esta reseña y que personifica una de las últimas apuestas del recientemente desaparecido productor. Es por tanto una novedad que, por descontado, hay que tener en cuenta y como tal ha sido difundida con fuerza por los medios, tanto flamencos como no especializados.
Disco basado en la creación de puentes entre los timbres orientales y los compases y armonías flamencas, es “Al Zarqa” un álbum con dos momentos: uno de compás y otro sin él. Dos filosofías de tocar que, para el que escucha esto, quedan claramente diferenciadas en este trabajo.
Y es que a pesar de los ocho temas que aparecen aquí, simplificarlo de esta manera ayuda sobremanera a la hora de analizar el estilo del egipcio. Porque las seis pistas que se desenvuelven con el metrónomo como rector responden, todas, a unas características bien claras.
Por un lado hay tangos, fantasía por soleá, tangos rumba, rumba, tangos lentos y rumba en el primero, segundo, cuarto, quinto, sexto y octavo temas respectivamente. En ellos se pueden extraer valiosísimas muestras de similitudes entre los timbres de los instrumentos y ritmos egipcios, con lo que por aquí “viene siendo” eso que llaman flamenco. Bien es verdad que las armonías propuestas son conocidas por los conspicuos analistas del sector, es decir, que la elaboración de acordes no descubre tanto como en otras guitarras de su generación.
Sin embargo, destacamos en Alí una facilidad para encontrar petróleo con brevísimos temas melódicos, una apuesta por la duración de las pistas (basada en la improvisación) y un buen picado como armas más valiosas.
Son los temas de este guitarrista verdaderos muestrarios de recursos improvisatorios, a veces excesivamente largos en el tiempo. Esquemas que, para el que no conoce a este tocaor mitad jerezano-mitad de El Cairo, bien podrían situarlo dentro del grupo de los compositores de música para baile. En la línea de los grandes creadores que son Viejín, Jesús de Rosario, Cano (sin tanta vanguardia como el catalán). Composiciones para ser coreografiadas mientras el cuadro se recrea y da vueltas y más vueltas…
Vemos también un tratamiento del sonido a caballo entre el último Manolo Sanlúcar, por lo cuidadoso y elaborado, y algún Habichuela, por el uso flamenquísimo del pulgar.
Es decir, estamos hablando de un guitarrista de una técnica solvente y muy depurada. Hay trémolo, no demasiada alzapúa y como decimos, un uso recurrente y virtuosístico de todas las variantes del picado. Intuimos en Alí Khattab gran conocimiento del arte flamenco. Algo que no siempre se da en artistas de por aquí.
Como pieza resumen de esa sección a compás podríamos situar a “Notas Mediterráneas”, interesante melodía al servicio de la improvisación sobre la técnica de picado. No varía en filosofía a las anteriores pistas de corte festero y comercial del disco, pero aquí se muestra un resultado mucho más logrado, hasta exportable. Música de fácil acomodo en lugares más allá del tocadiscos del “cabal”.
La aportación de compás libre de Ali Khattab llega en forma de taranta y de fantasía con la solemnidad. Todo con alguna que otra influencia “vicentera” en el tratamiento de la melodía “a cuerda pelá”. Temas divididos en secciones, estéticamente opuestas a veces.
Vital resulta el papel de las percusiones en todos los temas, así como el del violín, el acordeón y el oud, o lo que es lo mismo, el antecedente de lo que por aquí se conoce como laúd.
En los tratados analíticos sobre la guitarra flamenca de esta época sin duda deberá añadirse un capítulo dedicado a la aportación de los instrumentistas no españoles en el refuerzo, difusión, pedagogía y, por qué no decirlo, mejora de las calidades y cualidades de la música flamenca. Con aficionados prácticos y concertistas ya en todos los rincones del planeta, sería incoherente negar el paso adelante que supone para la guitarra flamenca su inestimable y en muchos casos, muy desinteresada ayuda.