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Reikiavik de Abdón Alcaraz

Reikiavik

Abdón Alcaraz
Exit Records (2010)

Autor : Pablo San Nicasio Ramos

 

Fue uno de los nombres propios del Festival de la Unión 2010, se llevó el “Filón” y su perfil musical, como suele pasar, se puso a volar. Pianista murciano surgido del conservatorio y del jazz, al igual que la mayoría de los nuevos flamencos de la tecla, es Abdón Alcaraz un intérprete de ya larga trayectoria y más temporadas de las que podría pensarse.

No obstante, para el flamenco es un músico que aún está empezando a ser oído. Su éxito veraniego y el espaldarazo subsiguiente en los premios “Flamenco Hoy” del mismo año, han supuesto que sea ahora cuando podamos contar con él para apuntarlo en la nómina de los teclistas con sello.

Y aunque ya había publicado dos trabajos antes, es “Reikiavik” su primer disco de estudio y debut de gran tirada.

Disco donde este pianista con nombre del patrón de Calasparra se rodea de una banda que ya quisieran muchos. Por un lado su grupo habitual: Miguel Ángel Orengo a la batería, Miguel Rodrigáñez con el contrabajo, Francis Ligero y Eva Durán en las voces, Gautama del Campo y Carlos Tin en los saxos.

A ellos se suman nada menos que Jorge Pardo, Manuel Cuevas, Javier Colina, José Luis Montón, Manuel Tallaré, Jorge Tejerina y José Ramón Abella como invitados. Todo un combo que interpreta, los que no improvisen, los arreglos de Domingo J. Sánchez, quien además corre con la producción de un disco que, repetimos, tiene una factura que ya quisieran muchos veteranos y es el sueño de cualquier debutante. Solo por eso enhorabuena.

Eso sí, el flamenco no tiene tanto peso en el piano de Abdón como lo tiene en el de otros colegas en la mente de todos.
Reikiavik de Abdón Alcaraz
En este caso hay un origen jazzero que permanece y que además manda, por lo menos, tanto como el flamenco.

Diez temas como decimos en los que predomina la estética combo,  bien liderado por él, y donde las melodías del latin, las armonías del jazz y los ritmos flamencos sustentan prácticamente todas las composiciones.

De esos ritmos, las bulerías son las que se llevan el gato al agua. Nada menos que  tres y otras dos “de refilón” (liviana/bulería y soleá por bulerías/bolero).

La Casona” es el corte más flamenco de este grupo, donde los vientos tienen una importancia esencial. Más lentas son “Gitana”, donde la melodía gana el peso al compás. En “Vamos por ahí” es directamente el jazz quien toma el mando. Ahí es donde surge la duda del encuadre final de este disco.

Reikiavik” arranca con el tema homónimo. Elaborada pieza de amalgama entre el canto tradicional islandés, el “Rimu”, el martinete, la liviana y la resolución por bulerías. Encaje de bolillos logrado pero donde el latin parece que es lo que más cuenta.

Otros dos ritmos predominan en “Reikiavik”. Por un lado el bolero, territorio musicalmente muy abierto que se da mitad y mitad con la soleá por bulerías en “Será mejor así”; y a tiempo completo en el extenso “No queda más”.

Y por otro lado los tangos de Cádiz. En este caso “de Sanabria” y “Bonito y Con Tiento”, pista donde su banda adquiere verdaderamente el matiz flamenco por encima de los demás.

Esta y la guajira “Al fondo brilla el sol” se pueden considerar las piezas cumbre del disco. Con grandísimos músicos en vena extendiéndose con un criterio musical a la altura de sus nombres. Todos reconocidos en el panorama nacional.

Solo por ellas el disco sube los enteros que le podrían faltar para ser tenido en cuenta por los “cabales”. De ahí la proyección de esta ópera prima flamenca.

Cierra el disco Abdón solo, con “Mi hada”. Cálida e íntima melodía (la reina de su concepción musical) con una dedicatoria que quizá imaginemos.

Pianista más de la sala “Clamores” que de “Cardamomo”, se le adivina un polifacético futuro a Abdón Alcaraz. Creador de temas largos, siempre con diferentes secciones, su estética, aún por definir quizá por su juventud, tendría que virar hacia un mayor encuentro con la tradición si se le quiere comparar con los Dorantes, Amador o compañía. Sin embargo eso será el tiempo y la vida misma quienes lo determinen, no nosotros.




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