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Festival Flamenco de Almería 2010

44 FESTIVAL FLAMENCO DE ALMERIA
Del 23 al 25 de agosto de 2010

 

Festival Flamenco de Almería 2010 Festival Flamenco de Almería 2010

44º edición del Festival Flamenco de Almería 2010

El Patio del Colegio de La Salle no es, ni mucho menos, el mejor sitio de Almería para el flamenco. Todos los aficionados lo hemos dicho durante los cuatro o cinco años que ya duran las obras de la Plaza Vieja. Lo curioso es que esta deficiencia de sonido (con un rebote impertinente e inevitable), la frialdad del espacio y las carencias de infraestructura, también son denunciadas por los artistas, que nos invitan a recuperar los espacios escénicos anteriores: la Plaza Vieja y sobre todo, el Alcazaba.

Ellos perciben la frialdad desde las tablas, y les cuesta mucho arrancar un olé a tiempo. La mayoría saben muy bien lo que dicen... han estado en este festival almeriense muchas veces. Pero de la falta de imaginación en la programación hablaremos otro día, que luego se me enfadan... Para esta edición, la novedad se centra en dos artistas que se incorporan al cartel: Argentina y Marina Heredia, de Huelva y Granada respectivamente. Dos jóvenes que están empujando  hacia adelante con buen hacer y mucho arte. Dos artistas ya asentadas en la primera línea del panorama nacional. Argentina con una trayectoria corta en el tiempo, cuyo manager ha demostrado que se pueden hacer las cosas bien desde cualquier rincón de Andalucía; y Marina Heredia, que en cambio, tiene un mayor recorrido, que se ha codeado con los grandes del flamenco y que en este momento, puede mirar a los ojos a cualquiera sin sentir pudor artístico.

Ninguno de los tres días se llenó el recinto, seguramente porque la oferta de ocio programada durante la feria excede, con mucho, la posible demanda de la ciudad. Y además la crisis...

La programación de esta 44 edición ha estado más afinada que en años anteriores en cuanto al tiempo de duración de cada jornada, a excepción del segundo día. Con cuatro horas y media, hay que ser muy aficionao pá aguantar el tirón. Menos mal que el sonido ha sido excelente en las tres jornadas.

La presentación en sociedad del joven guitarrista José Fernandez (hijo de tomatito) y su nieto bailaor (pá comerselo, como decía mi abuela), sugiere el inminente relevo generacional de muchos de nuestros artistas, y no lo digo por nadie en concreto, sino más bien, por una cuestión de alternancia.

La media de la calidad del festival ha sido altísima. Hacía muchos años que no se daba tanta regularidad ni tanta entrega. Si bien, la variedad de palos interpretados ha sido limitada, con absoluto predominio de soleá, malagueña, tarantos, seguiriyas, bulerias, alegrias y fandangos; los artistas seleccionados son una garantía del mejor hacer.

Eso sí, lo sublime vino de la mano del patriarca del cante flamenco. Enrique Morente es sin duda el artista más creativo de la historia del flamenco y el único que ha sido capaz de compatibilizar esa inquietud con la ortodoxia para proyectar un futuro de compromiso con el flamenco y con la cultura. Pero es que el día 23 de agosto, además de poner todo esto en valor, tocó el cielo y nos lo regaló. Dejemme contarles:

¡Silencio, es el Arte!

            Enrique Morente y su grupo :
                        Percusión: Bandolero
                        Guitarra : David Cerreduela e hijo (Israel)
                        Palmas y Coros : Angel Gabarre, Antonio Carbonel y Kiki Morente
                        Palmas y baile : Popo Gabarre e Isaac de los Reyes

Aunque Enrique Morente no suele compartir cartel, accedió a que el cantaor local Juan Gómez abriera el Festival. La intervención de éste fue de menos a más y el campo quedaba abonado para el disfrute.

Cuando Enrique Morente hizo su ya tradicional círculo sobre el escenario para hacer su ronda de martinetes, era como enfrentarse al papel en blanco. El reto era un hecho y todo era posible. Un rato antes me confesaba que había dormido mal y necesitaba un café de urgencia.

Martinetes y tonás. Abrió el maestro de ceremonias, siguió Carbonell y su hijo, y luego Angel Gabarre. Recoge el testigo el Maestro y rematan en coro en una especie de homenaje místico a Nelson Mandela. En este punto encontramos dos sorpresas: una que Enrique está hecho un cañón, la segunda que Enrique Morente hijo está despegando como cantaor, que ya es un hecho y que en muy poco tiempo vamos a verlo titular en espacios importantes. La debla que atacó lo evidencia.

La caña fue el único cante de la noche que intentaba justificar el subtítulo de la jornada “Homenaje a Rafael Romero el Gallina”, lo que significa que estos títulos se ponen sin el compromiso de los artistas. La introducción de David Cerreduela y su hijo Israel fue un avance de buen gusto. Todo sobre una fuerte base percusiva y Morente sembrao y sobrao, con una gran predisposición a la improvisación, doblándose en los altos, jugando con los tiempos y buscando melismas nuevas por los rincones del patio de La salle.

En las alegrías no pudo estar más acertado, y para ello sólo tuvo que recurrir al repertorio de su autoría musical, donde musita versos de poetas tan emblemáticos para la cultura como Alberti, Lorca o Bergamín, que nos transportan a la sal de la bahía o al albero de los toros.

Y paró el compás a modo de ruptura. La malagueña, cante por el que Enrique tiene una especial debilidad es herramienta idónea para frenar el tiempo. Cerreduela demuestra que también en Caño Roto saben pararse y hacer buena música. Chacón y la Trini fueron los estilos elegidos para abrir el ritmo abandolao con fandango de Lucena y de Frasquito Yerbabuena. Otra vez Lorca que pide que lo dejen volver y un verdial clásico para el cierre. Los cortes después de cada letra es algo que también el Maestro puso de moda, así como puso en valor el cante abandolao entremezclando sus muy diversos estilos.

La tensión crece. A estas alturas todo el recinto sabía que algo especial estaba ocurriendo en el escenario, donde también llegó ese estado de conciencia. En compás de zambra, muy lenta, acomete los tientos. Un cante para el alma en la voz de Enrique. Si en todos los palos ha roto moldes, seguramente es en éste donde menos creativo ha sido a lo largo de su trayectoria. Y aún así, es una referencia indiscutible.

De su último disco, Pablo de Málaga, un homenaje a Picasso con poemas sin rima escritos por el pintor, extrae su soleá de los números y la presenta para Almería envuelta en papel de regalo y con un lazo azul. Sin secretos a pesar de los enigmas, evocadora y muy musical,  remata con una soleá de Cádiz que en los dos últimos tercios modificó hace años, también como ejercicio creativo, para coquetear con Triana.

Con los tangos hizo un repaso a su discografía y la magia se apoderó de todos los presentes. El grupo estaba perfectamente sincronizado y compartiendo el momento exultante de su líder. Todo había sido intensidad hasta ese momento y la emoción se podía sentir desde cualquier punto. Con Gerni-Irak, otra composición de su último disco de estudio, Morente entrega casi todo lo que tiene. Todo su conocimiento y todo su esfuerzo al servicio de las seguiriyas de cierre. ¡No se puede cantar mejor ni se puede ser más flamenco!. A partir de aquí, cualquier cosa es dudosa.

Otro vez en corro para hartarse todos de cantar por bulerías, los niños que cantan y bailan, el juego con el compás, la guasa, la risa y la profundidad del cante bien hecho. Como Dios manda, sin prisa.

Bajó del escenario sin bis. No hacía falta. Al acercarme para felicitarlo, casi de forma inmediata me confesó: ¡Marquitos, lo hemos dado todo! Y abría los brazos para hacer ver una camisa empapada en sudor que se podía escurrir. Después, sólo se podían ver cabezas cabizbajas, ojos muy abiertos y soledades, como si nos hubiéramos tirado a un abismo colectivo.

En ese espacio y en ese tiempo confluyeron música, danza, pintura, poesía, política, filosofía, toreo... y todo en una personalidad arrolladora y distinta. Digo yo, que eso sí que es arte.

Marcos Escánez Carrillo

 


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