Voz de Canela. Bio. del Bizco Amate


Libros
Antonio Ortega
Univ. Sevilla, 2016
José Cenizo Jiménez


Cuando Antonio Ortega, el crítico de flamenco y escritor sevillano, publicó su primer libro, al que tuve el gusto de hacer el epílogo, escribí lo siguiente sobre el mismo:

“Antonio Ortega, Voz de Canela. Bosquejo biográfico de El Bizco Amate, Ayuntamiento de Sevilla, 2003, 144 pp. Pedidos: Ayuntamiento de Sevilla. Servicio de Publicaciones.



Existe un grupo muy competente de jóvenes que están acercándose al Flamenco desde la investigación: Juan Vergillos, Antonio y David Hurtado, Fernando González Caballos, Dolores Pantoja, etc., todos ya con al menos un libro en el “mercado”. Hace falta, mucha falta este aire nuevo, visiones frescas, esfuerzos renovados, pues casi todo está por hacer en los estudios sobre Flamenco. Uno de estos jóvenes es Antonio Ortega Rubio (Sevilla, 1971), auténtica “revelación” en este “mundillo” pues de dos años para acá se ha asomado con éxito y eficacia en el escaparate de la flamencología gracias, sobre todo, a sus agudas críticas en El Olivo, a su impecable dirección de la Tertulia Flamenca “Calixto Sánchez” de Sevilla, a su labor en la Federación de Peñas Flamencas de Sevilla y, ahora, y quizá lo más destacable, la edición de su primer libro, un ensayo, un bosquejo biográfico, como reza el subtítulo, de un personaje y artista peculiarísimo donde los haya: el Bizco Amate, libro del que hemos hecho el epílogo de contraportada con mucho gusto (es algo que nos honra), en el que venimos a decir lo que pensamos sintéticamente acerca de esta obra verdaderamente atrevida, densa y curiosa dentro de la bibliografía última (esto último por dedicarse a un artista mítico pero que ni grabó ni es un punto clave en la música flamenca, aunque otros como El Niño de las Moras ya tienen también su hagiografía en forma de libro, mientras que por ejemplo con el ingente Caracol no tiene su gran libro, quizá porque nadie se ha atrevido todavía con él, a ver si el incansable José Blas Vega...).

Con un valor poco frecuente, Antonio Ortega se atreve con esta biografía de El Bizco Amate, una de las leyendas más intensas del mundo del Flamenco, tan dado a ellas, recordado sobre todo por su vida pobre y bohemia y por sus peculiares fandangos enrabietados y tan profundos tanto en su contenido metafísico y social, de denuncia, como en su ejecución artística y cantaora: “No me digas que lo quiera, / que a mi mare le pegó. / No me digas que lo quiera, / que el que a mare le pega, / a ése no lo quiero yo / porque mi mare es mu buena”; “Porque bebo y me emborracho / la gente a mí me critica, / porque bebo y me emborracho. / Si supieran los motivos, / en vez de criticarme tanto / se emborracharían conmigo”; “Que de qué me mantenía / un juez me preguntó, / que de qué me mantenía, / y yo le contesté, robando, / como se mantiene Usía / pero yo no robo tanto”; “A la Virgen de la Macarena / mis delitos le he contao, / a la Virgen de la Macarena. / Y ella de pena ha llorao, / qué Virgencita más buena, / llorá por un condenao”; “Y he visto a un hombre llorar / por no tener pa comé, / yo he visto a un hombre llorár. / Ahora le sobre el pan / y ya se le ha olvidao quién fue / y desprecia a los demás”, etc.

Es fácil ahondar en los aspectos literarios o legendarios. El autor no ha caído en esta tentación lírica. Por el contrario, nos ofrece una semblanza biográfica y artística perfectamente guiada y contextualizada en los años del hambre y de la represión del siglo pasado. Con una expresión ora objetiva, de afán documental y perfil histórico, ora más elaborada, de recreación estética, Antonio Ortega logra escribir este libro ameno, documentado, riguroso y necesario sobre un personaje curiosísimo, un letrista excepcional que cantaba lo que sentía, vivía o pensaba (vida y poesía se dan la mano), un cantaor que, de seguro, y según los que lo han conocido o seguido, encajaba el pellizco en más de una ocasión en los tercios rotundos y desesperados de sus cantes. Los aficionados agradecerán esta aproximación completa y fascinante a una parcela flamenca e histórica dolorosa pero interesante.

Aún tengo muy presentes los fandangos que cantó Juan el Camas en la Bienal del 94. Así debió de cantar el Bizco Amate: al límite, pero venciendo. Debió de ser pura verdad, una jondura protestataria y dramática, un gallo flamenco que, sin ojana, cantaba las cuarenta a los hipócritas y opresores. Debió de ser así el Bizco: amarga miel, cante que quemaba, pozo, pena. Y Antonio Ortega nos lo ha acercado en un libro prácticamente definitivo sobre la persona, el personaje y su contexto y su significación flamenca”.

Traigo esto como recuerdo por dos razones: una, para ver cómo con el paso del tiempo, poco más de una década, y por fortuna, los citados investigadores han publicado más libros y entre ellos el mismo Antonio Ortega (entre otros, una novela y un libro sobre el recordado Paco Palacios El Pali, “simpar trovador popular de Sevilla” en palabras certeras de Ortega, en 2011); dos, porque esas mismas palabras sirven para la edición “revisada y actualiza” del Bizco Amate, ya que la biografía mantiene gran parte de lo editado en 2003, con más textos, correcciones, añadidos de informaciones que le han llegado tras la impresión, fotos, etc. Por ejemplo, una milonga-vidalita que El Chocolate dio al autor asegurando que la ideó El Bizco Amate, o un análisis de los fandangos de Aznalcóllar, El Pichichi y El Chozas, derivados, con las improntas personales, de los del biografiado. Así, tenemos un libro más completo, en esta necesaria reedición, esta vez en la colección Flamenco y Universidad que dirige Rafael Infante, dado que la anterior estaba más que agotada. Gracias a Antonio Ortega El Bizco Amate tiene más hueco en la memoria del aficionado, en la historia del flamenco y, lo que no es baladí, una rotonda dedicada en Sevilla, en la zona donde vivió con mil penalidades que, quizá, apenas el flamenco lograba aliviar.