Navegando


Discos
Marcelo Sousa
Cambayá, 2017
José Cenizo Jiménez


Hablar de cantaores como Marcelo Sousa (Guillena -Sevilla-, 1949) es hablar, como de otros de su generación fecunda y acendrada, de flamenco clásico, flamenco de entrega y conocimiento. Marcelo se cuajó como cantaor en decenas de concursos (prestigiosos como los de Mairena del Alcor o La Unión), con muchos primeros premios, hasta alcanzar su lugar merecido entre los cantaores recios, por derecho. En la página web “El arte de vivir el flamenco” podemos leer, glosando lo que decimos, este poema:

La catedral de Sevilla
le rinde honores,
al gran Marcelo Sousa
por su arte y sus valores,
cantaor de gran trasmisión
para todos sus seguidores,
maestro para el cante
con sabiduría y mucho arte,
para nuestra historia
grande entre los grandes.



Discográficamente, ya publicó los discos “Esto es flamenco”, “Entre viento y marea” y “De llama vida”, hermosos títulos al que ahora se suma otro también logrado, “Navegando”, es decir, creciendo, avanzando, investigando, sumando. Repite aquí algunos de los estilos de otros discos, el último de hace diez años, pues son de su escuela -la mairenista- y su gusto, como seguiriya, soleares o tonás, pero si en otros hizo alboreás o granaínas, aquí ofrece marianas, guajiras o farrucas, en un intento de abarcar una amplia gama de estilos en su discografía y en su carrera. Once integran “Navegando”: tangos, soleares de Triana, caracoles, marianas, guajiras, seguiriyas, bulerías, jaberas, farruca, bulerías de Cádiz y toná-martinete-debla. Las letras, magníficas, muy flamencas, son del mismo cantaor y del médico, investigador y letrista Antonio Rincón, toda una garantía. Miren la de los tangos, por ejemplo, por cierto muy personales, recreados a partir de los que hacía su madre -nos dice- a partir de los que decían que eran de Manolillo el Carbonero del Patrocinio, aficionado de Triana, tangos frescos, con un atractivo especial: “El querer es como un sueño / de locura y de pasión, / el olvío es un recuerdo / dormío en el corazón”, “Este querer tuyo y mío / tiene los días contaos, / y lo matará el olvío / el día menos pensao”. Y así prácticamente todas, de gran calidad, ya traten, como éstas, sobre el amor y el desamor, o sobre la pena y la muerte, como en la seguiriya, o aborden la denuncia como la mariana, que, al menos por este enfoque, creemos que se inspira más en Menese que en Miguel Vargas, cantaores admirados por nuestro cantaor, aunque evidentemente las fuentes vienen de más lejos.

Algo mermada la fuerza vertiginosa y titánica de su juventud -ley de vida-, el cantaor sabe aún entregarse con toda su capacidad, adaptando el cante con sabiduría a su potencial del presente. Intenta darle el gracejo necesario a las bulerías de Cádiz, la dulzura melódica a la farruca, el empuje a los caracoles, o la versatilidad y color a la guajira, si bien sus logros mayores están en los cantes que siempre ha hecho con maestría y seguridad y así aquí de nuevo lo demuestra en soleares, seguiriyas o tonás. Está acompañado a la guitarra por Antonio Centenera Gálvez, e intervienen también José Martín Cortecitas (bajo), y a las palmas y jaleos éste último junto a Juan Porras Santiago, Sisco Cortés (encargado de los arreglos además). La dirección musical es de Antonio Centenera y la foto de portada representa una escultura alegórica sobre el cante, obra de Jesús Gavira.

Recio, bravío, tradicional, eterno… Los dos, cante y cantaor. Y lo dicho: las letras, un lujo. ¿Concesiones a la galería? Una pizca de coros o estribillos en tangos, bulerías o jaberas, muy precisos, adornos que dan frescura, y su llama viva siempre navegando entre viento y marea con el flamenco en popa y a toda vela.