La llave misteriosa


Libros
Lutgardo García Díaz
Renacimiento, 2017
José Cenizo Jiménez


Lutgardo García Díaz, La llave misteriosa, Sevilla, Renacimiento, 2017

UN ACENDRADO HOMENAJE POÉTICO AL FLAMENCO
José Cenizo Jiménez



Lutgardo García Díaz (Sevilla, 1979), es un joven escritor, ginecólogo de profesión, reconocido cofrade, poeta galardonado con premios de prestigio como el V Premio Iberoamericano de Poesía “Hermanos Machado” del Ayuntamiento de Sevilla y Fundación Lara (en el jurado, entre otros, Javier Salvago o Abelardo Linares) o el Accésit del Premio Adonáis 2013 (La viña perdida, publicado por Rialp en 2014). Un poeta solvente, valorado, pues.


Su última entrega es La llave misteriosa, editada por una de las más relevantes editoriales de poesía de España, Renacimiento, dirigida por Abelardo Linares. Número 161 de la colección Calle del Aire, este libro es un intenso y emocionado homenaje, de principio a fin, al flamenco y a los flamencos, quizá más aún a estos últimos, ya que son muchos los nombres de artistas que aparecen directamente en estas semblanzas a modo de panegíricos.

La obra se divide en cuatro partes. De introito el poema “La queja”, excelente reclamo lírico y poderosa evocación de buena parte de la mejor historia y esencia de la historia del flamenco, sobre todo del cante, ámbito preferido por el autor. Le sigue un grupo de trece poemas donde se centra en aspectos y artistas del flamenco desde sus orígenes (pasan por aquí el Marruro, Pastora Pavón o Isabelita de Jerez, entre otros). Continúa con una tercera parte dedicada a Antonio Mairena, compuesta de ocho poemas laudatorios y la cuarta y última, con la presencia de estilos y artistas de la segunda mitad del siglo XX (Chano Lobato, Agujetas, José Menese, el bailaor-bailarín Antonio, Sabicas…) e incluso alguno de los más jóvenes de la actualidad del XXI (como Joselito de Lebrija).

En conjunto, un panorama del flamenco y de los flamencos, como decíamos, realizado con una pasión y una afición extraordinarias por ellos, pero a la vez, como es preceptivo, con un conocimiento técnico y un lenguaje poético dignos de un poeta maduro. A menudo su perfil expresivo y su elección semántica recuerdan al mundo y al imaginario lorquiano. Huye de la rima, construyendo poemas en versos blancos, en diversa polimetría, si bien prefiere los alejandrinos, los endecasílabos o los heptasílabos. Asimismo, es un poeta certero en el uso de recursos como la enumeración, la metáfora o el símil. Este último, casi siempre muy logrado, puede testimoniarse con muchos ejemplos, como cuando describe el duende o pellizco (en “Destino”, p. 45, referido a Antonio Mairena, “Cada vez que lo escucho, vuelan pájaros de oro, / se abre una catedral de olas marinas / y un susurro de chopos y de hojas en el aire / se me enciende en el pecho”), o el cante de Juan Moneo (“Mas no perdiste el eco, tu rajado bramido, / oscuro, lento y hondo como el mar en la noche”, p. 61). Metafóricamente, dice del cante de Agujetas, recurriendo a la intertextualidad mítica, homérica (p. 73):

Despiadado, salvaje, es este grito
hecho de huesos rotos y de hierbas amargas.
Si quieres escucharlo, habrás de guarecerte,
atarte como Ulises al mástil de la nave,
y evitar que te lleve la espiral de la voz
al agujero negro que deglute las horas
y las vuelve materia olvidada e inútil.

Por todo lo dicho, Lutgardo García ocupa, desde este momento, un lugar privilegiado en la nómina de poetas que han homenajeado al flamenco y a los flamencos con su lírica de calidad: Alberti, Félix Grande, Caballero Bonald, Fernando Quiñones, Manuel Ríos Ruiz, Luis Rosales, José L. Rodríguez Ojeda…