Flam. y Universidad Vol. XLIV.


Discos
José María Molero
LC Producciones
Antonio Nieto Viso


Los cantaores Manuel Soto “Sordera”, José Menese, José Mercé, Enrique Morente, Vicente Soto, María Vargas, y Chano Lobato, entre otros, tuvieron la suerte de ser acompañados por el guitarrista José María Molero, tocaor admirable por ceñirse exclusivamente a su trabajo, acompañar al cantaor, para que este pueda desarrollar con total garantía su expresión vocal y artística; pocos guitarristas pueden presumir de ello.



Dentro de la serie Flamenco y Universidad, el volumen XLV está dedicado a José María Molero, un homenaje que se ve engrandecido a lo largo de quince cortes que contiene este interesante Cd., recogiendo parte de la gran personalidad de este hombre bueno y cabal en el arte, y en la vida.

El guitarrista, compositor, y concertista, José María Molero Zayas, nació en Jerez de la Frontera en 1952, por lo que pertenece a una generación de excelentes guitarristas que tuvieron la suerte de aprender con aquel gran profesor que fue Rafael del Águila, influyendo muy positivamente en todos ellos por sus toques dinámicos y pulcros, que se pueden apreciar en muchísimas grabaciones discográficas.

Nuestro guitarrista, para completar su formación musical, estudió solfeo y guitarra clásica en el Conservatorio de Sevilla, una sólida formación que le ha servido para dominar con seguridad el toque, tanto en solitario como acompañando a los grandes del Cante. Escuchándolo en directo en su noble tarea, el aficionado pasa directamente a ser admirador suyo por la nobleza que demuestra engrandeciendo al cantaor como fin primordial.

En este Cd. podemos disfrutar de su sonido flamenco y magistral, con el que se permite coquetear abiertamente con el jazz, un sonido universal y variado, fruto de su contacto con músicos de otras disciplinas que ha conocido a lo largo de su ya dilatada carrera con giras por la mayoría de países europeos como guitarrista del mundo.

José María es flamenco cien por cien en esta obra, que comienza acompañando al cantaor Yeye de Cádiz, que piropea a Madrid por caracoles como pocos cantaores pueden hacerlo. Nuestro amigo, con un toque antiguo, expone una personalidad peculiar de ayer de hoy, y de siempre.

Los cortes, del dos al ocho, ambos inclusive, comprenden su toque como concertista en combinación con otros músicos que participan para enriquecer la materia, lo que se nota en la calidad cuando suena la guajira, maravillosamente desarrollada conectando con lo que se ha gestado a ambas orillas del Atlántico en su proceso de ida y vuelta.

Está virtuoso como músico andaluz, y se hermana mediante sus cuerdas con el jazz más emblemático que hemos escuchado en muchos conciertos.

Molero es un maestro en permanente contacto con la actualidad, que practica a diario impartiendo su magisterio como profesor en el Taller de Música de Alcalá de Henares. Madrid le hecho justicia, y le ha situado en el lugar que le corresponde, por eso le ha autorizado para impartir sus clases en el Centro de Estudios Musicales Andana.

Flamenco, flamenco, del bueno, da gloria escucharlo acompañando por tientos tangos a su paisano Manuel Soto “Sordera”, cantaor con el que creo que se ha sentido más a gusto en su acompañamiento. Digo esto, porque tuve la suerte de escucharlos a los dos paisanos muchas veces en Madrid. Así lo demostró José María cuando lloró públicamente por Manuel, el día antes de su muerte durante un concierto que se celebró en el Colegio de Médicos de la capital de España.

Con “Sordera” en el corte diez, los dos, están de antología en bulerías por soleá, uno de los palos favoritos que él cantó genialmente. Lo mismo ocurre cuando lleva de la mano, guitarrísticamente hablando por alegrías de Cádiz a Vicente Soto con la armonía irrenunciable del compás y el salero de esta tierra.

Este Cd. contiene grandeza flamenca y también música clásica. Con duende y con bellas armonías en la seguiriya y en las bulerías, pegadizas al oído, pero muy flamencas.

El final, lo reservo para hablar del corte, que comprende la Sonata número 8 op. 13 (pathetique) de Beethoven, donde el flamenco y la música clásica van de la mano perfectamente sincronizadas con la auténtica diacronía que se precisa para esta difícil tarea, que solo los buenos músicos pueden conseguir.

Ha sido un placer para mí elaborar estas impresiones mientras escuchaba tocar a José María Molero, eso es lo que deseo para todos ustedes que tengan la ocasión de escucharlo.