El Legado de Al Ándalus


Libros
Virginia Luque Gallegos
Ed. Almuzara, 2017
Antonio Nieto Viso


El Legado de Al Ándalus
La Herencia Andalusí y Morisca en el Magreb
Autor: Virginia Luque Gallegos
Editorial Almuzara, 2017

Crítico : Antonio Nieto Viso



Comienzo felicitando a doña Virginia Luque Gallegos, por este interesante libro muy bien trabajado, y que nos descubre la historia en común de ambas orillas del Mediterráneo, del que solo nos separan catorce kilómetros por el estrecho de Gibraltar.


Doña Virginia Luque, master en arquitectura y patrimonio histórico, historiadora e investigadora sobre al-Ándalus y sus conexiones, ha sabido sacarnos de las procelosas noticias no muy bien aclaradas sobre este tema; ahora estamos mejor informados sobre un periodo interesante poco estudiado.

Por otro lado, agradecer a Editorial Almuzara por preocuparse en publicar obras de gran calado histórico, especialmente sobre temas andaluces y el Flamenco.

Como el Arte Flamenco es una sedimentación de todas las culturas que han pasado por Andalucía a lo largo de todos los tiempos, creo que resulta necesario ahondar en este periodo tan interesante que ocupa un lugar preeminente por las secuelas que nos dejaron el Califato de Córdoba y los posteriores reinos de taifas.

Para quedar bien ilustrados sobre la materia musical andalusí, nos hemos detenido especialmente en el capítulo VI donde, con el título Las Músicas Encontradas están expuestas todas las aportaciones que a nosotros los flamencos nos interesan; pero vamos a retroceder a otros aspectos en los que conviene detenerse.

Ya desde la página trece, comienza nuestra curiosidad cuando la autora nos avanza sobre conocimiento del legado andalusí y morisco en el Magreb; una incursión hacia el trasvase, transferencias, y aportaciones culturales narrados en los doce capítulos que nos trasladarán a las evidencias, testimonios, materiales, huellas inmateriales y legados de este tiempo.

Se nos advierte, que conviene aclarar para la historiografía peninsular, que al-Ándalus corresponde a una realidad geográfica, política, y cronológica precisa en 1492, en que los moriscos se incluyen en el ámbito de la historia hasta su expulsión definitiva de España en el año 1609, y que se asentaron en las regiones del norte de África con una herencia viva con símbolos de imaginación y evocación en el mundo arabo islámico.

Encontramos los datos, que ya nos apuntaba Blas Infante en su libro Orígenes de lo Flamenco y Secretos del Cante Jondo, sobre el lugar donde descansan dos monarcas andalusíes, prisioneros y desterrados de su tierra, y que están enterrados en Agmat (Marrakech) ellos son: Al-Mutamid, rey de la taifa de Sevilla, que fue el adalid de la poesía andalusí escrita en el siglo XI. El otro rey, menos conocido, pero que reinó en Granada, Abd Alláh, que nos describió la mejor crónica sobre el desenlace de los reinos de taifas y la posterior conquista por parte de los almorávides.

Particularmente, me llena de satisfacción el poder compartir con ustedes esta lectura que nos traslada a la herencia musical andalusí como un fenómeno transcultural en su evolución que dio lugar a escuelas, composiciones, cancioneros, estilos y géneros en el Magreb y Oriente Medio, transmitido por poetas, místicos, músicos andalusíes; sobre todo por las madres, que cantaban a sus hijas un repertorio secular celosamente guardado de generación en generación.

Doña Virginia Luque, como cordobesa que es, ha sabido captar en la documentación que ha manejado toda la riqueza del Califato instaurado por los Omeyas, que trajeron a Córdoba todo el esplendor jamás conocido por esta gran ciudad, que ha dormido desde entonces en un profundo sueño del que despertó a comienzos del siglo XX. Hoy Córdoba, puede presumir de un rico patrimonio orgullo del mundo entero, y mirando con ilusión al presente y al futuro.

A finales de los ochenta del pasado siglo, comenzaron a proliferar grupos en concierto de música andalusí fusionándolo con el Flamenco, caso de El Lebrijano con la Orquesta Andalusí de Tánger. Otros experimentos no me merecen la más mínima atención.

Fundamental resulta saber que, Córdoba en el siglo IX, durante el periodo de Abdal Raman II (822-852) procedente de Bagdad llegó el músico y polifacético personaje Ziryab.

Ziryab, virtuoso artista conocido como “Pajaro Negro” se le atribuye la invención de la nuba (turno) una pieza musical dividida en horas por día.
Nos trajo el laúd oriental, al que añadió una quinta cuerda para ser tocado con un plectro de plumas de águila, y fundó en Córdoba la primera escuela musical de Occidente.

Con Ziryab, llegaron costumbres de Oriente a al-Ándalus con la novedad de la mesa, platos, modas y peinados, el dentífrico y los perfumes, tan necesarios para embellecer y enriquecer el aseo personal.

Es sabido que, en las almunias y palacios de la época califal la música formó parte de las diversiones acompañadas con bellos cantos y danzas.
En palabras de la profesora Manuela Cortés, el papel desarrollado por las esclavas-cantoras fue clave en la configuración de la música andalusí.

En la página noventa se describen los instrumentos empleados, caso del laúd con dos modalidades, el oriental o árabe, y el rabab un instrumento de caja alargada de madera de nogal, la membrana de pergamino o piel de cabra o de cordero, el mástil de cobre amarillo, que es el que se utiliza en Túnez y Argelia, o bien el de madera, que es que se utiliza en Marruecos, con dos cuerdas de tripa que se frotan con un arco muy curvo.

Por lo que respecta a la percusión, hubo una gama de membranófonos como la pandereta, el duff o pandero cuadrado, así como la darbuka, que consiste en un gran timbal de cerámica de metal, madera con membrana de piel, y que marca el ritmo con una técnica muy cualificada.

La darbuka, la hemos visto y escuchado en conciertos de guitarra flamenca, y también marcando el ritmo al cantaor. Volviendo a la nuba, en Marruecos, cada una está dividida en cinco partes llamadas mizan, a cada pasaje le corresponden un ritmo. Suele durar entre seis y siete horas, aunque en la actualidad no se toca al completo.

El libro nos informa de que en Marruecos hay diversidad musical andalusí. Argelia cuenta también con varios focos de lo que allí se llama música garnatí (granadina) procedente de Granada como capital nazarí, hoy arraigada en la ciudad de Tremecén. Mientras que en Argel y Constantina es donde se asentó la escuela de música sana´a, originaria de Córdoba.

Compartimos totalmente con la profesora Luque Gallegos, de que en el Magreb y parte del norte de África se convirtieron en herederos y receptores de la cultura musical andalusí, pero ellos la han enriquecido con sus creaciones propias.

Solo por el capítulo VI, que acabamos de leer, es necesario tener este libro en nuestra biblioteca, ya que contamos con todo lujo de detalles necesarios para los amantes del Flamenco que busquen conexiones y estudios de los que todavía quedan muchas cosas por conocer.

El libro se cierra muy bien con un epilogo inigualable, por la gran cantidad de horas que la autora le ha dedicado al tema, investigación seria y rigurosa que hace que sea una delicia leer las 231 páginas que envuelven todas las característica para conocer las costumbres y tradiciones en las que los andalusíes y moriscos fueron como consecuencia de su tiempos personales y de los territorios de donde procedían.

Considero ineludible el transcribir el párrafo segundo de la página 227, dice así: “El pasado como decía Italo Calvino queda escrito en las ciudades como las líneas de una mano, haciendo de pueblos, urbes, campos, barrios, mezquitas, fuentes, plazas, o casas puente, algo inconcluso. El tiempo modela, transforma, altera, modifica, pero las huellas, el impacto tiende a permanecer. Andalusíes y moriscos fueron consecuencia de sus tiempos personales y de los periodos y lugares de donde provenían”.

Conclusión: os animo a que lean este libro con el mismo interés y la intensidad que lo he leído yo.