Dos que triunfan con razón


Opinión
José Cenizo

José Cenizo


Dos que triunfan con razón: BUEN RECITAL DE ANTONIO REYES Y PEDRO EL GRANAINO
José Cenizo Jiménez



Espectáculo recital “Por derecho”. Cante: Antonio Reyes, Pedro el Granaíno. Guitarra: Diego del Morao, Antonio Patrocinio hijo. Palmas: Tate Núñez, Manuel Vinaza. Sala Cajasol, Sevilla, jueves 15 de febrero. Aforo: Lleno. Éxito de público y artístico.

Abre Cajasol su segunda tanda de recitales de su ciclo de flamenco con un recital a dos de altura, soñado por los buenos aficionados. También nosotros teníamos esta impresión e interés, y más especialmente por El Granaíno en este caso, por la razón de que lleva menos tiempo en primera fila y lo conocíamos menos.



Las expectativas fueron colmadas de sobra tanto para el público, a tenor de lo vivido y aplaudido, como por este que escribe. Siempre cabe aún más, claro, y más después de tanto escuchado y de tantos buenos artistas que nos dejaron, y más de artistas como los de esta noche, de seguro capaces de sacar todavía algo más de sus enormes facultades para el cante, precisamente, como reza el título, por derecho. Una expresión que entendemos los aficionados, y que nosotros mismos pusimos al frente de un libro sobre Miguel Vargas, “El cante por derecho”.

Por derecho, alentados y alimentados por la tradición, con letras y con músicas universales, con sentimientos compartidos, nos llevaron a unos niveles de calidad que hoy día no es tan fácil obtener. No en vano estábamos ante dos de los más importantes cantaores de nuestro tiempo presente y venidero, dada su juventud y a la vez su ya demostrada madurez artística, más aún en el caso de Antonio Reyes. Antonio tiene más tablas, más recursos, es dueño de una voz muy flamenca (nos entendemos), cálida en los bajos, segura en los altos, y el público lo adora porque además es un artista empático, sonriente, entregado. Oro puro, en definitiva, según el baremo de estos tiempos (no valen comparaciones con el pasado, tan radical e intenso). Antonio es caracolero, y se notó en su repertorio, sobre todo en la zambra inicial, pero no es Caracol, porque ya nadie puede ser Caracol ni Camarón ni Mairena ni tampoco Morente, por mucho que, como hizo también El Granaíno, partamos de su ámbito y repertorio. Para este tiempo, decimos, estamos ante dos artistas grandes, volcados en y con el cante, con conocimiento y capacidad de conectar artística y humanamente con el público, sea aficionado a fondo o simple curioso interesado. Dos artistas, dos músicos herederos de una música grande, universal, acrisolada, intensa, variadísima, culta y noble como cualquiera.

Empezó Pedro El Granaíno por soleá, con su voz grave, rajá, hiriente, con una sabiduría grande en el manejo de los tercios, de las pausas, con sentimiento e intensidad. Cantes de Alcalá, de Cádiz, la soleá apolá, recordando a los grandes -en la última al maestro Fosforito- y con letras magníficas:

Cierro los ojos y te veo,
me acuesto y sueño contigo,
no me miras ni me hablas
pa qué quiero más castigo.

El querer que te tenía
el viento se lo llevó,
qué de cosas tiene el viento
y qué poquitas tengo yo.

Desde el principio del tiempo
y antes de que tú nacieras
ya te estaba yo queriendo.

En los tientos recuerda con sentido homenaje a Enrique Morente, pero esta vez El Granaíno –Pedro- nos hace olvidar incluso al granaíno –Enrique-, de bien que lo hace, con la letra lorquiana, que nos vuelven lorcos (o locos): “Nadie puede abrir semillas / en el corazón del tiempo…”. Qué bien marcados los tiempos, las tónicas, con qué ahondamiento, y qué bien el toque de Antonio Patrocinio hijo, con unos picados expresivos y siempre atento al cante. Nos encantó este acompañamiento.

Después, una nana camaronera y de nuevo lorquiana (Nana del caballo grande…) seguida de una taranta y la cartagenera (Los pícaros tartaneros…, un clásico), en lugar de las granaínas que aparecían en el programa. Le siguen las seguiriyas, por derecho: “A los santitos del cielos / les voy a pedir …”), redondas en la voz quebrada de este hombre.

Termina con tangos, frescos, vibrantes, para el auditorio, con guiños evidentes a Remedios Amaya y a Enrique Morente. Y da paso a Antonio Reyes.

Antonio empieza, como decíamos, con una zambra caracolera ya marca de la casa. Recordamos que hace ya unos años, el 21 de febrero de 2003 -ha llovido- hice una breve semblanza de Caracol en la X Semana Cultural de la Peña Pies de Plomo de Sevilla. Un jovencísimo Antonio Reyes, que ya apuntaba de sobra, fue el encargado de dar el recital de rigor. Cómo ha crecido artísticamente desde entonces hasta convertirse en una de las primeras figuras del cante actual, del flamenco de hoy. Todo merecido.

Antonio sigue por tientos-tangos, garbosos, saboreados, lentos y melismáticos, regodeándose con ánimo en los tercios, haciendo memoria de los tangos extremeños y de Camarón: “Al revolver / el cigarrito se te apague / y no lo pueas encender”, “No me llames María, / llámame Lola, / que este nombre en tus labios / sabe a canela”… Y acaba con un fandango metido en este ritmo, una licencia que queda bien en cantaores de este tipo. Sólo sobró, creemos, tanto lolailo, repetido luego en las bulerías.

Sigue por soleá, bien encajada, sentida, marcada por derecho, en maestro. Alcalá de inicio muy presente: “Permita Dios si vienes / con intención de dejarme / a la mitad del camino / se abra la tierra y te trague”… Las alegrías siguientes tienen todo el sabor tradicional que nos seduce, las letras son las de siempre, echa mano de Cádiz (las del relicario…) pero también de las alegrías de Córdoba (“Pregúntale al platero…”) y las lleva adelante con destreza y sabor, apuntando a la esencia y a la tradición más noble.

Termina por bulerías, otro terreno dócil a sus intereses, de nuevo con su guitarrista amigo, con Diego del Morao, que hace un toque impresionista, casi minimalista, con pocos detalles pero afinados y afilados, en su punto y con su punto. Y luego la noche se agranda cuando parecía el final y no lo era. Quedaba más, la guinda y sobre la guinda otro regalo. La guinda, varios fandangos de Pedro y Antonio, Antonio y Pedro, tanto monta monta tanto, porque se les ve hermanados, a gusto entre sí y con este público de Sevilla, de modo que el regalo final es un excelente fandango cantado entre los dos, un tercio tú y otro yo, abrazados y literalmente cogidos de la mano. Qué gozo, qué noche para el recuerdo. La Giralda está cerca. Cuando salimos, pasamos por su lado y, tras lo vivido, damos gracias a la Vida por esta belleza, por esta música, por esta entrega. Gracias.