ANTONIO TORRES, aficionado de oro


Opinión
José Cenizo Jiménez

José Cenizo Jiménez


El flamenco está lleno de grandes aficionados, verdaderos sabios humildes que, sabiendo mucho, y sin dar conferencias o hacer libros, saben de esto mucho por sus vivencias, su archivo, sus conversaciones, sus recuerdos… Hemos perdido a uno de los más señeros y justo es agradecerle su entrega y guardarle, como flamencos, un espacio en nuestra mejor memoria.

El pasado 25 de marzo ha fallecido Antonio Torres, de Paradas (Sevilla). El amigo, el paisano. El grandísimo aficionado al flamenco, el divulgador. El buena persona. Grande.

No lo decimos ahora. Lo conocemos hace tiempo. El flamenco nos unió. Nos ha ayudado en muchas ocasiones: para el libro sobre Miguel Vargas (junto a Máximo López, otro grandísimo aficionado y letrista paisano y amigo), para el de Antonio Mairena, me acompañó en la entrevista a Manuel Mairena, me ofreció su archivo, etc. Y nos apreciamos mutuamente. Vivió el flamenco como pocos, era un conversador espléndido, y, ojo, muy abierto. Otro valor añadido. Esta es la entrevista que le hice en 2002 para la revista El Olivo, dirigida por el impagable José María Polo. Antonio Torres, grande, cordial, generoso, descanse en paz.







GALERÍA DE COLECCIONISTAS



Hay muchos hombres que provocan nuestra admiración en el Flamenco. Un grupo de ellos es el de los coleccionistas: constantes, altruistas, locos románticos de lo jondo, poseedores de un amor inmenso al arte flamenco y de un tesoro real que deberían dar a conocer. Uno de ellos es nuestro paisano el paradeño Antonio Bascón Torres, un aficionado como la copa de un pino, versado en los estilos, abierto en sus gustos -compatible con ser miembro de la Fundación Antonio Mairena-, testigo directo de las mejores fiestas privadas del Morón de los sesenta y setenta. Con él hablamos siempre con el interés que despiertan sus palabras de las que tanto aprendemos:



Foto: Pilar Marchena, Domi de Morón y Antonio Torres, y sentado Manolo Bohórquez. Archivo M. Bohórquez.


José Cenizo: - ¿Por qué eres coleccionista?

Antonio Bascón: - Al Flamenco me aficioné muy joven, con catorce o quince años. Hice la mili en Morón, conocí allí a Diego y su entorno, entré en las fiestas con Manolito María, Perrate, Gaspar, Fernanda y Bernarda, Joselero... Tengo horas y horas de grabaciones con esos artistas y otros como Antonio y Curro Mairena.

J. C.: - ¿En qué consiste tu colección y cómo la has conseguido?

A.B. T.: - A base de grabaciones personales e intercambios con otros aficionaos y
coleccionistas. Tengo tres fiestas con Antonio Mairena en Morón, fiestas con los artistas que he dicho antes, los primeros festivales de Morón, Lebrija, La Puebla de Cazalla que retransmitían por la radio. Lo que más me interesó fueron las fiestas, las reuniones que se hacían en Morón. De todo esto, lo más valioso, sin menospreciar a los demás, es una grabación de Juan Talega en la que él habla y canta más de cuatro horas, una reunión privada una noche de verano, poco antes de morir, con pocas personas. Viví muchos momentos de duende: noches increíbles con Fernanda de Utrera, amanecidas tras la fiestas en la intimidad con Pepe Moreno, Enrique Méndez, Diego del Gastor, pero recuerdo una mañana de Perrate con Fernanda, cómo cantaron por soleá... Fue un momento mágico.

J. C.: Coméntanos, Antonio, hasta qué punto estas fiestas eran privadas, si mediaba el dinero, si el hecho de estar grabando influía en los artistas...

A. B. T.: Los tiempos estaban así, aún no se había mercantilizado el Flamenco. Los artistas estaban a gusto, pero cobraban, poco, pero cobraban, eso sí, estábamos un grupo reducido, nos conocíamos todos, estábamos entre amigos, en confianza, a gusto, estaban horas y horas, cantaban cuando les apetecía. Otras veces el artista se enteraba de que había una fiesta y se apuntaba, o incluso no quería cobrar, como una vez Antonio Mairena. No era espectáculo, no había nada premeditado. El Flamenco espontáneo sólo se produce en las tabernas. El cante hay que provocarlo, a veces mediante una cantidad de dinero. Nosotros no decíamos vamos a contratarte, sino vamos a echar un rato, al artista se le mimaba (y el que más Pohren, que tenía veneración por los viejos), y si cantaba lo hacía cuando lo viera conveniente. Era íntimo, pero el dinero siempre está por medio, Pepe. En cuanto a que los grabara, al artista le importaba poco que lo hiciera, porque el Flamenco no estaba tan mercantilizado como ahora. Había excepciones, a lo mejor se quitaba el magnetofón mientras se hablaba para no herir a nadie por comentarios más íntimos. Sin embargo, algunos, como el Negro del Puerto, se enfadaban mucho cuando veían que lo estaban grabando.

J. C.: - ¿Qué vas a hacer con este archivo?

A. B. T. : - Tengo el proyecto de pasar a CD lo que tengo, organizándolo, y dejárselo a alguna institución de mi pueblo o de otro sitio, que sepa valorarlo, no comercializarlo exactamente, sino difundirlo. Soy partidario de difundir lo que tenga calidad.



Le pedimos a Antonio sus preferencias. En el cante nos cita a todos los que conoció, a Antonio Mairena, “el más grande”, y a Chacón, Pastora, Mojama, Manuel Vallejo, Marchena; de cantaoras, se queda con dos fundamentales: “Pastora, la más grande, y la que más me ha dolido: Fernanda de Utrera, junto con Periñaca, Luisa Requejo, Isabelita de Jerez... En el toque, “no el mejor, pero sí el que más me ha emocionado: Diego”, aunque cita también a Montoya, Melchor, Sabicas, Ricardo, Perico... En el baile, “de los que conocido personalmente, Antonio. Intimista, puro: Paco Laberinto, Farruco, Rafael el Negro, Matilde Coral, Mario Maya”...

No tiene mal gusto este notable aficionado, buen coleccionista, activo crítico de Flamenco en Radio, promotor del Foro para la Defensa del Flamenco. Un hombre nacido en Paradas (Sevilla) cuya cultura flamenca -damos fe- es admirable. Y no le importa compartirla. ¡Gracias!