"El Ángel":
proyección de las películas
y charla coloquio
Juan Talega, el último
patriarca flamenco
El Territorio
Flamenco
Ante la avalancha de producciones musicales
que se están metiendo bajo el paraguas
del flamenco nos hemos planteado la necesidad
de redefinir el territorio flamenco, la
pequeña patria, entre Sevilla y Cádiz,
en la que han crecido todos los cantes fundamentales:
tonas, martinetes, seguiriyas, soleares
y bulerias.
En este pequeño territorio, donde
se ubican además, Alcalá,
Utrera, Lebrija, Jerez y los Puertos, nacieron
todos los grandes creadores del arte flamenco:
Los Cagancho, los Pelaos, los Pavón,
los Ortega, los Fernández, etc…
y los interpretes mas geniales desde Manuel
Torre o la Niña de los Peines hasta
Camarón.
Rodeando este pequeño territorio
flamenco e interactuando sobre sus fronteras
hay abierto un permanente proceso de ósmosis
entre el folklore andaluz y el flamenco
tradicional.
Camaron de la Isla
Artista de artistas, el
mito Camarón nace con sus primeros
cantes y sus primeras fiestas en la Venta
de Vargas. Tendría Camarón
unos doce años cuando se empezó
a hablar de un gitanito rubio que paraba
por la famosa Venta, a la entrada de San
Fernando.
Que si Caracol, que si Lola Flores, que
si La Perla....; el caso es que la “afición”,
ese ejercito inconcreto pero perfectamente
cuadrado en el ritmo alterno de doce tiempos,
empezó a hablar del mito. Y el mito
empezó a extenderse como una mancha
de aceite por toda la “marca flamenca”.
Hablamos de un pequeño territorio
situado en la margen izquierda del Guadalquivir,
entre Sevilla y Los Puertos. En esta comarca
se sitúan todas las localidades creadoras
del primitivo flamenco: Triana, Alcalá,
Utrera, Lebrija, Jerez, Los Puertos y Cádiz.
En la “marca flamenca”, para
ser alguien, tienes que moverte con soltura
por los estilos primitivos: tonás,
martinetes, deblas, carceleras, seguiriyas,
livianas, soleares y bulerías. El
resto es folklore aflamencado.
Pues bien: nuestro héroe, con dieciseis
años, ya era un cantaor consagrado,
como lo demuestra en su último y
póstumo C.D. “Antología
Inédita”.
Sabemos que el mito iba creciendo con sus
actuaciones en Sevilla, sus primeros festivales
flamencos y, sobre todo, con su marcha al
tablao “Torres Bermejas” de
Madrid, donde impuso, definitivamente, su
reinado sobre el pequeño universo
flamenco.
Lo que nunca supimos es cuando, ni de qué
manera, empieza a convertirse en el príncipe
de un pueblo perdido en la niebla: el pueblo
gitano. Y, señoras y señores,
no el lo mismo tener “fans”
que tener adoradores.
Camarón, casi de pronto, se convierte
en un símbolo para la juventud gitana
que se viste y peina a la moda Camarón.
Fue el primer gitano famoso con barba y
el primer gitano que rasgó el velo
del templo flamenco para introducir, por
derecho, la batería, el bajo o la
guitarra eléctrica.
De acuerdo en que primero fue “Smash”,
en el año 1969, con su cantaor Manuel
Molina. Pero hasta que Camarón no
grabó “La Leyenda del tiempo”
(1979) el colectivo flamenco no se lanzó
a la fusión con la legitimidad que
le otorgaba su Príncipe... Si lo
hace Camarón es bueno, es gitano...
Ser el punto de mira de todo un pueblo es
algo que a Camarón le sacaba de quicio.
Recuerdo un día que fuimos a casa
de Raimundo Amador, en las Tres Mil Viviendas.
A la salida, una hora más tarde,
la casa de Raimundo estaba rodeada por un
ejército de gitanas con los niños
en el cuadril. Se había corrido la
voz de que allí estaba Camarón,
en su barrio miserable y maldito, y las
madres gitanas le llevaban a sus hijos para
que Camarón, el más asustado
de todos los niños, los bendijese
con su sonrisa mellada y pícara.
¿Qué sentía Camarón
en esas situaciones? Puedo decir que terror
e impotencia, porque José Monge fue
el más humilde de los artistas que
he conocido. No se si fue consciente de
la mitomanía que le rodeaba pero
si puedo afirmar que mientras más
crecía el mito Camarón, más
se escondía de la gente, y , particularmente,
de sus adoradores gitanos.
El próximo dos de Julio recordaremos
diez años más sin Camarón,
pero el mito sigue creciendo y traspasando
fronteras. ¿Hasta cuando? ¿Hasta
dónde?
Con los mitos nunca se sabe. Su legado discográfico
es importante y goza de buena salud. Sus
discos, como los de Mozart o los Beatles,
siguen estando en las estanterías
de los almacenes, en las gasolineras y en
los mercadillos. Su música acompaña
las vigilias de pintores y escritores y
las faenas domésticas de miles de
mujeres que encienden la magia de su voz
para encarar un día más de
su existencia. Y es que, como dice Martirio,
“contra la depresión, Camarón”
Contratación
