El largo viaje de
la guitarra flamenca:
El guitarrista pasó de ser el
soldado desconocido del flamenco a ocupar
un lugar protagonista en su escena. La
evolución del instrumento y de
sus intérpretes le confieren la
condición de locomotoras de este
arte: aprendieron una técnica,
le pusieron alma y tiraron del cante y
del baile hacia nuevas fronteras, desde
la aparición de la cejilla al concertismo
y los coqueteos con otras músicas,
desde el rock and roll al jazz.
Desde Ramón Montoya a Paco de
Lucía, la historia de la guitarra
durante el siglo XX permite augurar una
nueva frontera para su evolución
futura, siempre y cuando sus jóvenes
creadores logren respetar la tradición
pero desobedecerla al mismo tiempo, utilizando
palabras de Felix Grande.
El flamenco es fusión
Lejos del criterio que concibe al flamenco
como una isla musical sin contacto con
el exterior, este arte, desde sus orígenes,
dialogó con otros ritmos y los
asumió para sí, desde los
llamados cantes de ida y vuelta al crisol
de las bulerías, que han servido
como puertas de entrada a las melodías
carnavalescas, a las coplas andaluzas
o a los tangos argentinos, por poner ejemplos.
La incorporación del flamenco
al fenómeno de la World Music completa
por otra parte su internacionalización,
iniciada con el jazz que asumió
el "spanish tingle" desde los
años 20 del siglo XX y que encontró
en Paco de Lucía, Gerardo Núñez,
Vicente Amigo, Maite Martín, Enrique
Morente o Diego El Cigala, por ejemplo,
interlocutores con los que establecer
un puente de plata respecto a Chick Corea,
Pat Mehetny, John McLaughlin, Al Dimeola,
Larry Coryell, Jorge Pardo, Chano Domínguez,
Bebo Valdés, Carles Benavent, Tete
Montoliú o Pedro Iturralde.